Vox Dei – Estamos en la Pecera (1975)

Puntaje del Disco: 7

  1. Estamos en la Pecera: 8,5
  2. Mientras Susy…: 7,5
  3. Choque de Corazas: 6
  4. Apurado y Confundido: 8
  5. Inventare mi Vida: 7
  6. Debes Conocer las Cosas que Andan Mal: 6,5

A mediados de los años setenta, Willy Quiroga y Rubén Basoalto contratan a Carlos Michelini y Beto Fortunato como reemplazos de Ricardo Soulé y Carlos Rodríguez. Sin embargo, Fortunato solo grabaría la canción “Nada es tan difícil como estar vivo». Con su retiro, Vox Dei quedaría conformado como un nuevo trío: Michelini, Basoalto y Quiroga; quienes en 1975 lanzarían Estamos en la Pecera.

Estamos en la Pecera es un disco que tiene retazos de buen rock instrumental, improvisando principalmente desde el Hard Rock con algún destello experimental. Pero simultáneamente te sumerge en otros problemas de Vox Dei que escuchamos antes en ellos. Y con esto nos referimos a ser genéricos y reiterativos.

El álbum comienza con su tema homónimo, metiéndote de lleno en las improvisaciones instrumentales de la banda sin ningún tipo de preámbulos. Como si te dijeran que no quieren que pierdas el tiempo con introducciones. Para destacar de este tema la sección de percusión.

“Mientras Susy…” tiene un estilo más tenue, en el que destaca su guitarra, pero es la primera canción en la que aparece una de las grandes falencias de Vox Dei en este disco, la falta de melodías que entusiasmen. Luego está “Choque de Corazas”, que resalta nuevamente por lo que hacen instrumentalmente, pero que compositivamente es aburrido. “Apurado y Confundido” es un poco más entretenido en ese sentido. Mientras que “Inventare mi Vida” sobresale porque tiene un estilo que se acerca más al Funk y al Soul, aunque la estropean al final con su melodía. Y para cerrar tenemos a “Debes Conocer las Cosas que Andan Mal”, que a diferencia de “Estamos en la Pecera” es un instrumental bastante lineal, que no llega a ser lo suficientemente llamativo.

En resumen, Estamos en la Pecera es un disco estándar, sin grandes luces para destacar, pero que tampoco se lo puede juzgar como un producto malo de esta nueva formación de Vox Dei.

Persy

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[Total: 2 Average: 4]

Top albums

Un disco es una sola obra, es una unidad indisoluble, infraccionable en sus partes. Todo album es una pieza completa, dedicarse a una sola canción sería como leer un solo capítulo de un libro. Escuchar un álbum es una experiencia que debe vivirse de principio a fin, sin interrupciones y sin divisiones. Por ello, he aquí mis más altas recomendaciones a mi personal top de discos perfectos.

A) El Amor Supremo de Transmetal. Una revisión conceptual del mito cosmogónico de Eva y Adán. Musicalmente, el disco forja un hilo perfecto entre track y track para sustentar el discurso lírico magistralmente escrito por Lorenzo Partida. Éste álbum es mi favorito personal por lo que lo he posicionado en la cúspide de mi lista.

B) Blackwater Park de Opeth. Llevo aproximadamente quince años (desde que escuché por primera vez este disco) tratando de encontrar las palabras exactas para describir la sensación que esta obra provoca al escucharla. Sinceramente, aún no me atrevo a hacerlo. ¿Qué palabras estarían a la altura de tan magnánima obra maestra? Lo único que diré es que al subir el volumen, cerrar los ojos y no pensar sino sentir la música, el alma se transporta a otro mundo, a uno mejor, lleno de belleza, tranquilidad y plenitud.

C) Gymnopaidia Del Leteo de Eidyllion. Un sube y baja; ésa sería mi mejor descripción. Pasa por lo melódico y lo apacible, por lo agresivo y lo aterrorizante, por lo complejo, lo instrumental, lo sinfónico incluso, lo medieval, lo oscuro, lo natural, lo etéreo, lo espiritual, lo visceral, lo corrosivo, lo sensible y lo violento. Este álbum es un recorrido por el corazón humano, por su espíritu y su mente.

D) Issues de Korn. Este disco es una película de terror. La construcción instrumental de esta obra se forja principalmente de sonidos experimentales entre mezclas de guitarras, efectos digitales, sintetizadores y un tratamiento de producción bastante quisquilloso. La voz de Davis está exhaustivamente trabajada para conseguir el impacto y la conmoción exactas. Además, las letras de las canciones hacen un recorrido de emociones extravagantes como sólo Jon sabe hacerlo. Simplemente, un discazo oscuro y poderoso.

E) Sing Along Songs For The Damned And Delirious de Diablo Swing Orchestra. El estilo de esta banda por sí solo ya es lo suficientemente innovador y bien construido para posicionarse al instante en cualquier top de sonidos perfectos. Y, por si fuera poco, se dan el lujo (o debería decir “nos brindan el honor”) de componer un disco sin topes, sin tropiezos, sin titubeos y sin sobrantes. Nada le falta y nada le sobra, así es DSO.

F) Κατά τον δαίμονα εαυτού de Rotting Christ. Un himno máximo a la oscuridad, el homenaje más alto al abismo, una majestuosa alabanza al gran demontre. Un trabajo casi enciclopédico en todos los sentidos: musicalmente, tiene cruces alternos de compases y un ensamble minucioso de instrumentos orquestales y paganos; líricamente, tiene un uso interlingüístico de griego, latín, inglés, español, francés, hebreo y otras lenguas ingentes que escapan a mi conocimiento; conceptualmente, tiene la exactitud de ser directo, redondo y claro. Una declaración, demostración y purificación de la evolución artística humana.

G) Burning: A Wish de Lacrimas Profundere. Doom, gothic, melodic rock o cualquiera que sea el género que se supone toca esta banda, éste es uno de los mejores discos de todos esos géneros. Emotivo, casi romántico, pero también triste y melancólico. Tiene sus guturales y sus sopranos aunque ninguno de los dos domina la totalidad de los sonidos vocales. Schmid hace un excelente trabajo con las líricas y el balance vocal; canta lo justo y justo cuando tiene que hacerlo. Musicalmente, tiene un hilo conductor armónico, todas las melodías circundan una misma serie de tonos que a ratos parece un disco de una sola canción, inseparable en sus partes. Simplemente, perfecto.

H) The Satanist de Behemoth. Si el gran emperador Lucifer ha esperado tantos milenios para recibir el halago perfecto, es sin duda este disco merecedor de tan alto título. Escucharlo, incluso sólo mirar la portada del álbum, es una condena blasfémica. He aquí la mayor tragedia del cielo y la mejor victoria del averno. Y todo eso sólo hablando del sentido conceptual y lírico del disco. Musicalmente, es un derroche de maestría, creatividad y verdadero espíritu artístico.

Kobda Rocha

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Avances: The Stand

Trailer de la remake de The Stand, basada en el libro de Stephen King.

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The Man in the High Castle: Primera temporada

Puntaje de la Temporada:

  • Año: 2015
  • Género: Ciencia Ficción, Drama, Bélica
  • Creador: Frank Spotnitz
  • Reparto: Alexa Davalos, Rufus Sewell, Rupert Evans, Luke Kleintank, DJ Qualls, Cary-Hiroyuki Tagawa, Brennan Brown, Joel de la Fuente
  • IMDb Rating: (Votes: )

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Paradise Lost: un homenaje

John Milton escribe sobre la espalda avenida de Eva, sobre sus espesos muslos, sobre sus ramas lisonjeras que a cada gota de Adán van regando semillas de placer. El autor escribe como si la hubiese conocido, la describe como queriendo conocerla. Uno se pregunta si, como Beatrice Portinari para Dante Alighieri, Laura de Noves para Francesco Petrarca o Maria d’Aquino para Giovanni Boccaccio, Eva encumbró toda idealización femenina ―acaso divina o incluso deífica― que para Milton representaba no ya la mujer en sí, sino el sentido orgánico del universo, el motivo inclemente de Natura o, por más simple, la absurda teodicea de dios. En este sentido, la intermitente ignominia de Mary Powell, Katherine Woodcock y Elizabeth Minshull no inspira (ni refleja) en absoluto la imagen generadora del escritor. De pronto, pareciera que la rectilínea realidad, por más que lo intentase, no puede alcanzar las secuencias zigzagueantes de la imaginación, como si el deseo fuera un simple artilugio creativo y no una necesidad percibida. Milton también escribe sobre el cuerpo humeante de Satán, sobre su amorfismo antropomorfizado, sobre sus pálidos lampadarios de tristeza y encono cuyos pedestales retiemblan con sendos augurios del Poeta Supremo. El autor escribe como si hubiera mutua identidad, lo describe como describiéndose a sí mismo. No obstante su genialidad, esta empatía no sólo hacia el ángel caído, sino también hacia el mal en general ―entendiendo aquí mal como ese reino de azoro y perpetuidad que plantea Milton― es una constante desde la dubitación teológica tras la invención de dios―ese dios omnicomprensivo en quien creía Milton, no el Dios menesteroso en quien nosotros no creemos. Por momentos, parece que esa afición por el infierno y su maldad no germina de la inconformidad literaria, sino de un inconformismo humano por más ecuménico y, a decir de nuestra humana verdad histórica, bastante connatural e innato, casi llegando al adjetivo ‘instintivo’.

Asimismo, Milton, en su texto Paradise Lost, cae en constante recurrencia al uso ―por no decir al abuso― de dicotomías preestablecidas, por ejemplo Eva-Adán, Infierno-Cielo, Satán-Cristo. Algunas otras, en forma mucho más innovadora, las carga de un sentido profundo y recóndito, acaso arcano, el cual aparenta suma lejanía con respecto del significante definido (es decir ‘lo significado’ o ‘lo que se significa’), aunque no por ello las presenta menos motivadas. Ejemplos de esto último son: Creación-Autarquía, Poder-Deber, Deseo-Lenguaje. Tales dicotomías están presentes a lo largo del texto de Milton, pero jamás se vislumbra cuál es el opuesto del Edén. Al parecer, Miguel conduce a nuestra estirpe hacia un páramo desolado cargado de incalculable miseria e infortunio transfinito, un llano cansado y mustio tan lleno de nada, un abyecto matusalén desvencijado tan fatigado y disperso como los dedos decrépitos del capitalismo; sin embargo, a pesar de los análisis literarios tan rigurosos ―y exagerados en el sentido de remarcar en insistente demasía tal relación de opuestos; en esencia, la exageración incide en la cantidad de ensayos dedicados a dicho asunto y en la pedantería, o fatuidad, de sus argumentos (en absoluto distantes de los míos, por cierto)―, esta campiña indómita destinada al exilio y la amargura no es el opuesto del Edén, sino sólo una excedente plétora de arrestos contra la humanidad y su futuro hado fatal nacido como resultado de la mundana batalla mas no como contraparte del campo de pelea. El Edén, en cambio, es más un concepto que un lugar, es más un qué que un dónde, es, en fin y en suma, más idea que estado. Más allá de una consuetudinaria oposición binaria, se esculpe en tinta polícroma una triangularidad sonora entre la imagen celeste, la infernal y la rugosa atópica del Edén. Otro concepto que tampoco tiene opuesto en el texto de Milton es el Creador. Por ningún motivo uno debe dejarse engañar si algún incivil y descarado intenta convencernos de que el tan mentado y célebre Satanás es la antípoda antonimia de dios. De hecho, si algún antitético adversario tuviera Lucifer, éste sería el reticente Cristo… tal vez también podría ser el apócrifo Adán… o el deshonroso Miguel… o el incorruptible Gabriel… o, incluso, hasta el réprobo pasional de Abdiel… o cualquier otro, o muchos (para mejor decir), pero no el Gerente de la gloria. Esto último, por supuesto, a nadie le interesa; sin embargo, es inevitable notar esa ausencia de contrarios en ambos casos: Edén y dios.

Por una parte, el sumo mandatario de las fulgurantes llamas es una proyección intelectual, sentimental, emocional, espiritual y metafísica del propio ser humano que lo conceptualiza. No atiende convencionalismos rigurosos ni entiende cualquier tipo de acuerdos sociales; en tanto sea un ímprobo acoplamiento de valores, de creencias, de juicios y prejuicios, de ideas preconcebidas, de supuestos teológicos, de opiniones infundadas, y de moralejas agrupadas en un gran mito antepuesto al orden correcto de la creación, el concepto ‘rey de las tinieblas’ seguirá siendo una honda construcción individual. Este término, por cierto, tiene una carga sarcástica ―si no es que hasta irrespetuosa y vilipendiosa―, puesto que no puede ser amo y señor de la oscuridad y de las sombras si en origen él es el eminente operador de la luz, el todo hecho de brillo y beldad, el gran endiosado por el alto resplandor del cielo, la verdad y la belleza. Si algo domina mejor que la luz, es la inteligencia, sino es que éstas son la misma cosa.

En realidad, el decano del averno se acerca más a la concepción de Santo Ángel que comprende Lorenzo Partida que a la de Padre Adoptivo de Charles Baudelaire. Por un lado, el Santo Ángel de Partida es un ángel caído ―descripción directa que retoma de Milton―, ahogado en tristeza eterna, extrañando con memoria melancólica el alto cielo al cual pertenece de origen, como anciano vagabundo añorando su niñez sólo por su casa con cama limpia, comida fresca y calefacción automática y no precisamente por el desdén de su padre. El Luzbel de Partida no es émulo enemigo del Creador, ni lo odia ni lo pretende destronar; en efecto, él desea con vehemencia posarse junto a dios y reinar a su lado, andar en universo y dimensión juntos de la mano con perfectas decisiones en armoniosa pareja, ser el cuarto ente para emparejar a la trinidad. El gran obstáculo entre ambos es el conflicto de intereses propiciado, en gran medida, por la obstinación del uno y la contumacia del otro. Por otro lado, el Père Adoptif de Baudelaire se apega al camino del crimen desenfrenado y la perpetua villanía, es el Hereje Rebelde que propone De la Borbolla, el sado-maquiavélico primogénito del Señor quien, como Caín, no entiende ni acepta que su padre exprese preferencia por el hermano bastardo hijo de la esencia y no del saber, hijo de la carne y no del amor, hijo de mujer y no de luz. El amo subterráneo, el científico del subsuelo, en términos Baudelaireanos, es el sabio supremo… y dios es sólo la errata inédita. Para Milton (como para el director mejicano Ismael Rodríguez …comparemos aquí, en este paréntesis, a los ángeles subordinados en Paradise Lost de Milton con los demonios infernales en Autopsia de un fantasma de Ismael Rodríguez: el dignatario de los cielos, más allá de ser creador, es regente y rector de todo ser sobre (o bajo) el universo; todo ente vivo o inanimado existente, ora en los mundos ora en los cielos ora en los infiernos, le debe sumisión, respeto y sobre todo obediencia―En Rodríguez, dios ordena a los diablos hacer el mal; en Milton, dios es el éter alquímico, la fragante esencia, alma intravenosa de todo ser, ánima inherente de todo cuanto habita en su vasta gloria, creación o alcance…), Satán es un cadete más en las líneas divinas, es un simple soldado raso desfilando entre las tropas celestiales, un obrero más. La característica que lo diferencia de sus compatriotas empedernidos es la insubordinación (además, agradecemos que haya sido Rodríguez y no Milton quien concibió la brillante idea de erigir un sindicato de ángeles y demonios).

Otro interesante dato compartido (esta vez con Dante… no como acaso estará pensando de La divina commedia, sino del tan manoseado tratado de lenguas vulgares) es el lenguaje. Si, como plantea Plutón, el idioma de Satán es aquel del Pape Aleppe, no hay razón valiosa para creer que la lengua del infierno sea distinta a la del cielo, ya que todos los ángeles caídos cayeron ―valiendo poco la redundancia― del mismo cielo donde habita dios porque antes fueron ellos mismos ángeles ―ahora sí importando lo redundante― y, si al caso habrá cambiado, lo que se habla es una variante dialectal un poco menos aspirada y quizá más aglutinante.

Por otra parte, la mujer del Edén es una fantasía, un simple sueño, una carga inexistente de utopía traída a fuerza de esperanza y voluntad a la consciencia masculina ―porque ninguna relación tendrá con la mujer, y si la tiene, ésta será en demasía distinta a la (o las) que pueda formular ahora― cuya intención es un básico deseo animal lejano a toda racionalización de la realidad. Eva es, como expresara Jodorowsky, una idealización pura del mismo Arquitecto Supremo ―porque no de Adán― y por cuya razón se encuentra más allá de la propia divinidad del éter celestial. Adán es una copia vil del Gran Señor en todos aspectos: fisiológico, intelectual, espiritual, sentimental y metafísico. Por contrariedad, Eva es una proyección idealizada del mismo Creador: ella es todo lo que él no tiene ni es pero desearía poder alcanzar, ella es todas las cualidades que él imaginó contenidas en un sólo ser, ella es el cuerpo complejo y la mente ideal, es el ánima simple y el corazón de ensueño, es todo eso que él no pudo ser, es todas sus ambiciones vitales y todas sus expectativas existenciales, todas sus más profundas esperanzas y confusas voluntades reunidas, todas sus fantasías íntimas entremezcladas, todo lo bueno, todo lo mejor, es el mismo dios pero sin tantos errores naturales.

Tomemos dos puntos de comparación: 1) La Mujer de Antonio Plaza, y 2) El Hereje Rebelde de Óscar de la Borbolla. Ambos textos, como el de Milton, relatan el pasaje de los primos humanos dotados de vida, cuerpo y consciencia ―como descubre Lorenzo Partida en cierto pasaje teológico, no hay necesidad alguna para creer que Adán y Eva fueron los primeros seres humanos creados por el Jefe universal, pero sí ―muy probablemente― fueron los primeros dotados de consciencia y pensamiento. El primero, de Plaza, establece la maravilla de Eva como algo supradivino, como algo fuera de las omniscientes manos del Alto Mandatario, alguien independiente, libre. Esta espontánea libertad de acción y pensamiento puede o no estar aprobada por el Jefe ―en realidad, eso es irrelevante―, lo importante es el hecho de ser Eva una tentación sexual y amorosa para dios… tanto como para Adán. En esta línea, el gran pecado de la dama original no fue la sublime tentación carnal de su compañero masculino, sino la mundana tentación pasional de aquel Inmemorial Inventor que reina en los cielos. El codicioso deseo de dios por poseer a la mujer de su propio hijo, el hombre, es tan extenso y efervescente que unos minutos después decide arremeter tremenda violación corpórea sobre María, la mujer de José. La incandescente ansia pasional hacia la joven María se torna insuficiente, puesto que el vehemente anhelo verdadero fluye con dirección a la anciana Eva. En El amor supremo de Partida sucede algo similar, con la pequeña diferencia de ser Lucifer quien hace justicia en Partida mientras que es Adán en Plaza, Rafael y Miguel en Milton, y ninguno en Jodorowsky. En el último, dios toma a la mujer de José, después a la mujer de Adán y, al final ―como si fuera un delicioso postre chocolatoso―, a la mujer de Zacarías. La idea es que el Regente Eterno no es (o, al menos, no parece) un ser todo bueno y todopoderoso, sino sólo un presto gerente con la autoritaria capacidad de dar órdenes y asignar tareas a sus subordinados, mas no una gran fuerza inmortal o deidad imparable e incomparable con la cualidad omnipotente de hacerlo todo él mismo.

El segundo, de De la Borbolla, desdibuja la belleza inalcanzable de Eva y la retrata como un ser rapaz y terrestre paralelo al macho de su especie. Eva ni es indomable ni se libra del castigo y la mirada del Gerente. La comparable diferencia característica en este texto es la rebeldía. En sentido estricto, no es precisamente rebeldía lo que experimenta nuestra madre hembra, sino autonomía; ella es independiente, posee criterio personal, inteligencia crítica, pensamiento libre, decisión y carácter. Esto no se aleja de la Eva de Milton, pero en uno piensa y desea por sí misma ¡y lo sabe… y lo acepta! mientras en el otro piensa y desea por sí misma, pero no lo sabe sino hasta ser obsequiada con el don de la sabiduría ―nótese que, para De la Borbolla, sabiduría no es lo mismo que inteligencia y, de hecho, entendimiento y pensamiento también son distintas entre sí; en síntesis, no existen los sinónimos absolutos en el lenguaje; por tanto, el sustentante de esta publicación (o sea, yo mero) está por completo de acuerdo con dicho criterio lingüístico del autor. Para Milton, tampoco hay mayor diferencia entre el hombre y la mujer, pero para el lector de Milton ―sobre todo para el lector astuto y cuidadoso― Adán es un autómata mecanizado designado para creer que cree con libertad y, en contraparte, Eva es un ser indefinido que, en efecto, cree con total libertad.

Kobda Rocha

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Falleció Eddie Van Halen

El icónico guitarrista estadounidense Eddie Van Halen falleció ayer a la edad de 65 años, después de una larga lucha contra el cáncer (¿cuántos más se va a llevar esta enfermedad?), perdiendo así otra figura muy importante del mundo del Rock.

Eddie junto a su hermano Alex, fundaron la banda que lleva su apellido, dando a luz reconocidos clásicos como «Eruption» y «Jump», y muy buenos discos entre fines de los setenta y en la década de los ochenta, algunos de los cuales pudimos repasar en el sitio.

Es la lamentable pérdida de otro ídolo del Rock, que no solo será recordado por haber quedado en el segundo puesto dentro del Ranking de la Rolling Stone de los mejores solos de la historia (con «Eruption»), sino que también para muchos fue uno de los mejores guitarristas de la historia.

Persy

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Avances: Cobra Kai – Temporada 3

Primer teaser trailer de la tercera temporada de Cobra Kai que estará llegando en enero del 2021 en Netflix.

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Top song endings

Una canción, mejor dicho, una buena canción, es un éxtasis auditivo. Es claro que la posición de una canción dentro de un álbum es muy importante, esto puede aumentar o disminuir la intensidad emotiva de la canción; sin embargo, las buenas canciones también deben poder funcionar por sí solas, independientemente de su disco y su concepto integral dentro de una obra mayor de un cantante o banda. Lo que es más, hay canciones que solitas te llevan por un mar de orgasmos auditivos en diferentes momentos (el intro, el solo, el intermedio, etcétera). En la digresión de hoy, haré mención de algunas canciones con los mejores finales que han pasado por mi rocola personal.

A) Invocation of the Continual One de Morbid Angel. Comienzo con esta banda porque el final de esta gran pieza es prácticamente una canción completa. Su duración es de casi diez minutos, y los últimos cuatro minutos son (repito) un salto melódico completo. Al minuto 5:20 hay un corte total, se detiene la música hasta el punto del silencio. Cuando entra de nuevo la instrumentación, lo hace con un cambio de compas, de tempo, de tono, de todo. La velocidad es distinta, el motivo es otro y hasta el tono ha variado indiscutiblemente. Y sin embargo, sigue siendo la misma canción y complementa la obra con un cierre exquisito. Además, todo esto sucede con una invocación en lengua hebrea y un solo de los mil diablos. ¡Una chulada de rola!

B) Deliverance de Opeth. Ésta es una canción que tiene una cantidad insospechada de cambios rítmicos y melódicos. De pronto es muy acústico, luego muy agresivo, muy rápido y después lento, guturales, voces limpias, solos y adornos por aquí y por allá. En fin, algo en lo que esta banda se ha especializado magistralmente. Esta canción, que es un buen resumen del trabajo conjunto de Opeth, tiene además un final impresionante. Un ritmo único contrapuesto entre sí: mientras la línea rítmica es pausada, grave y lenta, la línea melódica es veloz, aguda y continua; luego viene el sentido inverso y los roles van y vienen continuamente. Un final con un mismo ritmo de tres minutos que no cansa, no aburre, y al término uno quiere más y más.

C) Frozen Memory de Dark Lunacy. Otro final que bien podría ser una canción completa. Justo a la mitad del track comienza lo que uno, ingenuo en su primera escucha, interpreta como el intermedio de la canción. Pero la sorpresa es que ya es el final. Un vuelco de lo agresivo, rápido y oscuro a lo pasivo, armónico y complejo. Comienza un ensamble coral de voces femeninas al cual se le suma eventualmente la presencia de la voz masculina, en susurros, gritos, guturales y todo cuanto ha sido ingeniado para reforzar esta gran pieza. Es un contrapunto bellísimo aunado a una progresión sonora tan bien compuesta, ensamblada y ejecutada que uno simplemente agradece estar vivo para poder escuchar tal magnificencia.

D) Apology for Pathology de Haemorrhage. El último track del disco homónimo a esta canción. El género de esta banda es de esos demasiado acelerados, llenos de brutalidad; pero esta última canción baja sus niveles de velocidad aunque no por ello deja de ser feroz. Y al final de la canción, cuando parece que ya todo terminó, comienza una revisión del soundtrack de NekRomantik. No sólo la adaptación musical es pertinente y acertada, sino también la intención. Esa imagen que automáticamente viene a la mente del necrófilo masturbándose mientras se apuñala a sí mismo; el semen y la sangre brotan incontrolablemente a la par, confundiéndose el uno con la otra; luego, la eyaculación y el suicidio llegan a su respectivo final; la muerte y el orgasmo han llegado juntos. Así es este gran final de esta gran canción de este gran disco de esta gran banda.

E) The Satanist de Behemoth. Una obra maestra de principio a fin. El final tan catártico sólo es comparable con el intro tan impactante. Los tonos generales de la canción son la representación perfecta de los sonidos luciferinos más altivos. La filosofía lírica, la fuerza vocal, la firmeza instrumental, todo está puesto en el lugar exacto para formar una pieza digna de honores y alabanzas. Y aún hay más, porque el final es tremendamente desgarrador e inclemente. Primero, el grito develador “I am the great rebellion!”. Después, el solo… uno que no tiene descripción, debe ser escuchado y punto final.

F) Alegoría de Ultratumba. Esta banda es una de esas pocas que no han cometido un solo error en toda su carrera, tiene acierto tras acierto en cada álbum nuevo que componen. Liderado por Lorenzo Partida, este súper grupo ha sido sede de grandes músicos, tales como Víctor Baldovinos, Alejandro González, Iván Ramírez, Antonio Tenorio, Arturo Huizar, Ricardo III, Sergio Burgos, Juan Partida, Javier Partida, Julio Márquez y Gerardo Lugo. En esta canción se demuestra a toda magnitud la calidad de estos grandes talentos mejicanos. El recorrido es maravilloso desde los primeros segundos del track, la letra profunda y poética como siempre a manos de Lorenzo Partida y la música explotando el talento de todos los involucrados. Al llegar al final uno ya está satisfecho con el gran trabajo musical que tuvieron a bien desarrollar estas grandes personalidades; y, sin embargo, no ha terminado aún, ellos ponen en decreto que tienen mucho más que ofrecer y lanzan un solo sobre una alteración del tempo y el compás seguido de una reordenación del coro, además de una aparición totalmente inesperada del barítono Roberto Ramírez, lo cual agrega el ingrediente final para esta gran obra maestra.

G) Hasta que te conocí de Juan Gabriel. Éste es el pilón. Nomás pa que vean que se debe ser ecléctico. Y es que ¿quién no se emociona con el final tan estruendoso, tan lleno de emoción y sentimiento? Después de una intensidad lírica y vocal por parte del divo, llegan las trompetas casi como caídas del cielo anunciando el apocalipsis. Baile, llanto, emoción y mariachi. ¡Quién me va a decir que no es un final digno de esta lista!

Kobda Rocha

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The Boys: Primera Temporada

Puntaje de la Temporada:

  • Año: 2019
  • Género: Acción, Super Héroes, Comedia
  • Creador: Eric Kripke
  • Reparto: Karl Urban, Jack Quaid, Antony Starr, Erin Moriarty, Dominique McElligott, Jessie T. Usher, Laz Alonso, Chace Crawford, Tomer Capon, Karen Fukuhara, Nathan Mitchell, Elisabeth Shue
  • IMDb Rating: (Votes: )

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Prince – Sign o’ the Times (1987)

Puntaje del Disco: 9

Disco 1:

  1. Sign o’ the Times: 9,5
  2. Play in the Sunshine: 8
  3. Housequake: 8,5
  4. Ballad of Dorothy Parker: 9
  5. It: 9
  6. Starfish and Coffee: 8
  7. Slow Love: 7,5
  8. Hot Thing: 9,5
  9. Forever in My Life: 7

Disco 2:

  1. U Got the Look: 8
  2. If I Was Your Girlfriend: 8
  3. Strange Relationship: 7
  4. I Could Never Take the Place of Your Man: 9
  5. The Cross: 9,5
  6. It’s Gonna Be a Beautiful Night: 6,5
  7. Adore: 8,5

El disco doble Sign o’The Times (1987), fue una de las obras más emblemáticas de Prince hasta el punto de ser considerado por muchos como su obra maestra, por la amplia cantidad de géneros (rock, pop, funk, soul, electrónica e incluso jazz) representados en el mismo.

Sign o’The Times es el resultado de un año tumultuoso y vertiginoso para el artista, en el cual rompería con su renombrada banda de apoyo The Revolution y en el que su prometida Susannah Melvoin cancelaría su compromiso. Dentro de los dieciséis temas el chico de Minneapolis demostraría lo que es realmente capaz de hacer desde sus temas claves y más reconocibles como “Sign o’ the Times”, “Ballad of Dorothy Parker”, “If I Was Your Girlfriend” y “I Could Never Take the Place of Your Man” hasta el funk de “Housequake” y “Hot Thing”, baladas como “Adore” y la espiritual “The Cross” o temas más pop accesibles como “It” y “Starfish and Coffee”.

Rara vez se lo volvería a ver tan personal y revelador en su composición. Aunque en la generalidad y popularmente a Prince se lo recuerda por “Purple Rain” o “1999”, su verdadera cima creativa como un todo se encentra en Sign o’The Times.

F.V.

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Un arte bella

La música, en general, ya no es considerada un arte bella. Cuando, como un ejercicio de memoria nostálgica, pensamos en la música como una de las Bellas Artes, viene a nuestra mente la música clásica, la música de cámara, de orquesta o, si al caso, una ópera como a la que jamás hemos asistido. La música (¡la bella y artística!) la imaginamos fuera de nuestro alcance, fuera incluso de nuestra comprensión. El arte de la música, creemos, está en lo antiguo, en esa música que ya no se hace porque, así lo creemos, ya no existe. Pensamos que lo único que nos puede acercar a ello es una reproducción con una orquesta sinfónica a la que jamás hemos escuchado o un disco compacto con las Cuatro Estaciones de Vivaldi o baby Mozart. Sin haber escuchado jamás una pieza completa, decretamos que la música clásica no nos gusta, nos aburre, nos duerme, nos desespera. La música artística es para gente inteligente, eso solemos creer. Sólo a la gente lista le entra la música clásica, la música que es bella y artística. Ésta es la verdad con la que vivimos: hace falta ser inteligente para escuchar música clásica.

Todo cuanto he dicho hasta ahora ha sido mentira. Pero eso no lo sabemos porque ni somos inteligentes ni escuchamos música clásica. ¿Qué son las Bellas Artes y por qué la música es una de ellas? No desmentiré ni responderé ninguna pregunta por ahora. Me limitaré a poner una pequeña idea en cada lector que se tope con esta digresión:

Las personas inteligentes no escuchan música clásica porque sean inteligentes. En realidad, la inteligencia les vino mucho tiempo después de que comenzaron a escuchar música clásica. Ésa es la belleza del arte.

Kobda Rocha

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The Promised Neverland: Primera Temporada

Puntaje de la Temporada:

  • Año: 2019
  • Género: Anime, Ciencia Ficción, Suspenso, Drama
  • Director: Mamoru Kanbe
  • IMDb Rating: 8.7/10 (Votes: 13,676)

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"Tu dosis diaria de discos, películas, series y más"

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