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Warpaint – Exquisite Corpse (2008)

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Puntaje del Disco: 9

Cuando Persy me hizo la invitación a colaborar en el Festival de Críticos para celebrar el 8º Aniversario de Persi Music, no dudé en aceptar. El reto consistió en encontrar un disco qué reseñar, habiendo ya un universo entero de bandas y discos. Tras algunos descartes, recordé este magnífico debut, que descubrí hace poco, y que me dejo perplejo y sediento de escuchar más de este grupo.

Emily Kokal (vocalista principal) y Theresa Wayman (guitarra principal y coros), fundaron Warpaint en L.A. en 2004. Tocando en la escena underground durante años, maduraron su sonido para lanzar este EP debut en 2008. La mezcla estuvo a cargo nada menos que de John Frusciante, pero las chicas brillan por mérito propio y no por padrinazgos o noviazgos. Warpaint es en sí una amalgama de muchísimas influencias, en cuyo sonido podemos encontrar matices del OK Computer, de Massive Attack, de Portishead, de The Cure… y en cuanto a géneros, hay resquicios de Post-Rock, Psicodelia, Shoegaze.

El Exquisite Corpse sería su carta de presentación, y quizá su mejor trabajo. Aquí suenan más puras y espontáneas. Las chicas se enfocan mayormente en crear atmósferas, en armar minuciosamente telones sónicos envolventes. Instrumentalmente la banda pareciera ser una especie de jam minimalista, pero es capaz de pasar de arpegios sublimes a explosiones devastadoras en instantes. Y al decir que parece un jam no lo hago en sentido despectivo, al contrario; parecieran estar armando el tema frente a nuestras narices, pero se nota un trabajo muy delicado, sin prisas, y cada una aporta en función a la creación de atmósferas y texturas. Individualmente son brillantes, las guitarras se entretejen con riffs repetitivos pero fascinantes, con un bajeo profundo, y una batería a cargo de los cambios de ritmo y destiempos. El sonido en conjunto es difícil de explicar, pero sabe a noche, a viento helado, a espejos rotos.

Los 2 temas con que arranca me parecen no sólo los mejores del debut, sino de su discografía. “Stars” y “Elephants” son temas hipnóticos, el primero lento, con  las voces en agridulce armonía. El tema va en lento crescendo, que nunca alcanza a estallar. “Elephants” es más violenta, con un bajeo elástico que le hace honor al título. La guitarra arma un riff cristalino en complejos subeybajas, mientras la batería lleva un ritmo desaforado en destiempos. La atmósfera es más angustiante, paranoica, y cada instrumento va acrecentando esa sensación segundo a segundo. “Billie Holiday” es una bellísima balada que recuerda vagamente las devastadoras melodías de Mazzy Star. “Beetles” es el tema más desordenado del disco, donde los cambios de tiempo no funcionan tan bien, pero donde destaca la capacidad para crear diferentes texturas, siempre angustiantes. “Burgundy” es llevado por un cálido tamboreo en la primera parte, hasta que las guitarras y voces crean una telaraña, y sin saber cómo, estamos en plena catarsis. “Krimson” cierra con ese inicio arpegiado que revienta al medio minuto con un loop de bajo, sobre el que las guitarras crujen y arman sus laberintos.

Al final no sabemos qué diablos ha pasado. Hay cierto erotismo en la voz de Emily Kokal, sobre todo cuando Theresa hace armonía y parecen sirenas cantando. Hay algo seductor detrás de todo. Pero a la vez algo tristísimo. Y de repente explotan y parecen que se nos estuviera viniendo un terremoto encima. Las voces, por demás, funcionan igual que los instrumentos, repitiendo las melodías y la minimalista letra para cumplir con su función hipnótica y sumergirnos en trance. Al final, el disco hace honor a su nombre, no sólo en el aspecto lírico, sino porque es bizarro, inquietante, pero exquisitamente adictivo…

Corvan

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