Archivo de la categoría: Korn

Korn – Issues (1999)

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Puntaje del Disco: 9

  1. Dead: 7
  2. Falling Away from Me: 10
  3. Trash: 8
  4. 4 U: 8
  5. Beg for Me: 8
  6. Make Me Bad: 9
  7. It’s Gonna Go Away: 7
  8. Wake Up: 6
  9. Am I Going Crazy: 7
  10. Hey Daddy: 9
  11. Somebody Someone: 10
  12. No Way: 9
  13. Let’s Get This Party Started: 9
  14. Wish You Could Be Me: 7
  15. Counting: 9
  16. Dirty: 9

Dos hechos redefinen el sonido de Korn en Issues: el primero es la ausencia total del elemento hip-hop, que en Follow The Leader tuvo un rol marcado (los tres invitados del disco eran raperos). El segundo es el abandono de los abruptos cambios de ritmo que dotaron a sus canciones pasadas de una desprolija y original imprevisibilidad. Por idea del productor, Brendan O’Brien, se utilizó una claqueta para marcar un tempo único a las composiciones, cosa que no dejó nada contento al baterista, David Silveria, por lo que en varios temas es el propio frontman del grupo, Jonathan Davis, quien se hace cargo de la percusión.

Puede argumentarse que estas modificaciones eliminaron buena parte de la originalidad del sonido del grupo, y algo de verdad habría en esas palabras. Pero no debe entenderse como algo absolutamente negativo, especialmente si tenemos en cuenta que para ese momento la banda ya había engendrado un cardumen de imitadores (Limp Bizkit, Linkin Park, Crazy Town, P.O.D. ) que redujeron su estilo a una simplista ecuación de rapeos + guitarras distorsionadas. Cuando todos empiezan a copiarte, la única salida es cambiar uno mismo. Así lo entendió Korn y produjo un álbum que, con debates, puede considerarse su mejor trabajo y su última gran gloria.

Issues abre con un simple bucle de batería y el épico sonido de las gaitas que desde el principio dotaron a la banda de un elemento exótico. Jonathan Davis susurra una y otra vez que lo único que quiere es ser feliz y arremete con un coro de voces que parece un villancico. El tema dura un minuto y monedas, no contiene ni una sola nota de guitarras distorsionadas ni gritos descocidos. Un modo definitivamente inusual de comenzar un disco de metal, pero Korn no llegó a donde llegó haciendo lo que hacían los demás. De todas formas, pegadito a esta rara obertura, un riff en tinieblas nos advierte que se viene “Falling Away From Me”, y con él, el álbum más oscuro y pesado del grupo.

La dinámica del disco puede formularse en estrofas compuestas por riffs minimalistas que pretenden sonar a cualquier cosa menos a una guitarra, contrapuestos con los usuales violentos machaques de guitarras de 7 cuerdas afinadas en Re, para compactar aún más esa pared de sonido. Todo suena más comprimido, más homogéneo, pero no por ello aburrido o monótono. Hay lugar para varios interludios experimentales (como la fabulosa “4U”, casi un poema musicalizado) y Davis se anima a tratar su particular voz con diversos efectos, hasta dejarla irreconocible.

En lo que respecta a letras, Jonathan Davis sintetiza en Issues un descarnado retrato del lado oscuro de la fama y el dinero cuando llegan repentinamente a gente nada preparada para lidiar con ese tipo de exposición. A lo largo del álbum, el cantante revisita sus traumas de la niñez ( “Falling away from me” ) pero añade como la vida de gira y la popularidad arruinaron su matrimonio (“Trash”, “Make me bad”), su relación con sus fans (“4U”, “Beg for me”, “Counting” ), con sus compañeros de banda (“Wake up”, “Somebody someone” “Let’s get this party started”) y su salud mental (“Dead” “It’s gonna go away” “Am I Going crazy” “Hey Daddy” “Dirty” ). Sus lúgubres susurros introspectivos resultan más inquietantes que sus alaridos, ya no tan rabiosos, sino desesperados o hasta derrotados. Su famoso scatt, proveniente de sus días de anfetaminas y alcohol, está aquí completamente ausente, dando lugar a un tratamiento más melódico y a la búsqueda por primera vez de estribillos gancheros, a la usanza de Nine Inch Niles.

Quizás no el más original, ni el más sorpresivo, ni siquiera el más furioso, pero definitivamente, el disco mejor compuesto, arreglado y meditado de todos. Issues fue el primer álbum de un grupo consciente de su identidad y su peso, ya repuesto de los traumas del pasado y listo para ocuparse del presente. Korn había llegado a la madurez.

Camilo Alves

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Korn – Follow The Leader (1998)

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Puntaje del Disco: 8

  1. It’s On!: 8
  2. Freak on a Leash: 10
  3. Got the Life: 8
  4. Dead Bodies Everywhere: 8
  5. Children of the Korn (con Ice Cube): 7,5
  6. B.B.K.: 8
  7. Pretty: 7,5
  8. All in the Family (con Fred Durst): 3
  9. Reclaim My Place: 9
  10. Justin: 8
  11. Seed: 9
  12. Cameltosis (con Tre Hardson): 9
  13. My Gift to You: 9

“Renovarse es vivir” dice la sabiduría popular, y si una banda puso en práctica esa filosofía en la música pesada, fue definitivamente Korn. Luego de un primer disco revolucionario, el autotitulado ‘Korn‘ de 1994, el grupo de California repitió tándem creativo para su continuación, el flojo Life is Peachy. A sabiendas de que el productor Ross Robinson había dado todo lo que tenía para ofrecer, el quinteto decidió probar nuevos oídos para buscarle una nueva vuelta a su ya de por sí particular sonido.

Así, bajo la tutela de los productores Steve Thompson y Toby Wright, Korn dio forma al álbum que los catapultó al mainstream y marcó el modo de hacer metal en el siglo XXI. El título del disco, “sigan al líder“, no resulta antojadizo.

Ya desde el principio, el track “It’s On” muestra los principales cambios en el sonido del grupo. El dinero ingresado no sólo les permitió casas, autos y excesos, sino también equipos. Munky y Head, los guitarristas, gastaron miles de dólares en pedales de efectos y así, a los machaques de distorsión compacta que ya eran su marca registrada, agregaron texturas espaciales, acuáticas o estáticas. Nadie los tildaría de virtuosos del instrumento, de hecho, ellos son los primeros en dar por tierra dicha noción, pero a la usanza de The Edge, de U2, aprendieron que dos notas condimentadas con chorus y delay, pueden decir más que mil tocadas a la velocidad de la luz.

A pesar de estos cambios, que refinaron el sonido crudo de sus dos primeras placas, la voz de Jonathan Davis continúa dominando el panorama, sin perder agresividad, pero haciendo gala de un matiz más melódico.

Estas aproximaciones engendraron las mejores canciones de Korn oídas hasta el momento: el segundo tema es nada menos que “Freak On A Leash”, clásico instantáneo del grupo, obligatorio en cada concierto, por cambio de ritmos, un ida y vuelta entre la agresividad y el misterio y el pulsante scatt de Davis en el interludio, todo esto difundido por un videoclip espectacular. Los aciertos se suceden: “Got the life” (con una sorpresiva base disco), “Dead bodies everywhere”, que comienza como una tétrica canción de cuna, y el elemento hip-hop que regresa con un peso pesado del género, Ice Cube, quien comparte el micrófono con Davis en “Children of the Korn”. Lo mismo hace el por entonces todavía ignoto Fred Durst, de Limp Bizkit, en “All in the family”, una batalla de rap bobalicona que constituye el único punto flojo del álbum.

“Reclaim my place” y “Justin” susurran algunos visos funk en el ritmo de sus guitarras, mientras que “Seed”, de 6 minutos de duración, exhibe una oscura estructura progresiva. Ya cerrando el disco, “Cameltosis” y “My Gift to you” constituyen lo más parecido a las baladas de amor que el quinteto era capaz de cranear. La primera en forma de un rencoroso y mustio rapeo, con Tre Hardson, del grupo Pharcyde, a cargo de la mayoría de las voces. La segunda, como una épica y furiosa tonada que describe las retorcidas fantasías sexuales del cantante. Del bonus track oculto, “Earache my eye”, no hay mucho que decir, ya que se trata más de una broma que de otra cosa.

Luego de dos discos enmarcados en el innovador sonido que supieron crear, Korn no se durmió en los laureles, se animó a salir de su zona de confort y entregó uno de los mejores álbumes de rock para el nuevo milenio.

Camilo Alves

Korn – Life Is Peachy (1996)

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Puntaje del Disco: 5

  1. Twist: 7
  2. Chi: 7
  3. Lost: 5
  4. Swallow: 5
  5. Porno Creep (instrumental): 7
  6. Good God: 9
  7. Mr. Rogers: 1
  8. K@#Ø%!: 3
  9. No Place to Hide: 8  
  10. Wicked: 5
  11. A.D.I.D.A.S.: 7  
  12. Lowrider: 5
  13. Ass Itch; 4
  14. Kill You: 7,5

Un proverbio que suele escucharse en el mundillo de la música es el siguiente: “tenés toda una vida para componer tu primer disco, pero sólo dos semanas para componer el segundo”. Por ese motivo, los segundos álbumes de muchas bandas suelen pecar de mediocres, especialmente si el primero fue bien recibido.

Este era el panorama al que se enfrentaba KoRn, el quinteto californiano que, casi sin darse cuenta, el cambió la cara al metal a mediados de los 90 y se convirtió en el sonido insigne del resto de la década y parte de la siguiente, cuando el grunge empezaba a seguir el camino de su gurú, Kurt Cobain (irónicamente, fallecido en 1994, año del debut discográfico de KoRn).

Los chicos de Bakersfield, que no habían escrito una sola canción en dos años por haber estado de gira, se juntaron en abril de 1996, otra vez con el productor Ross Robinson, y desplegaron toda la creatividad contenida, aunque el resultado denota que dicha creatividad, al parecer, no era tanta.

Ya de entrada, el disco abre con una por demás extraña “canción” de 49 segundos llamada “Twist”, consistente en una vulgar demostración de poder, con Jonathan Davis usando su incomparable scatt a grito pelado, mientras Munky y Head, los guitarristas, machacan sus siete cuerdas y le sacan los ruiditos más irritantes. El viaje continúa por el mismo sendero con “Chi”, pero a partir del tercer tema, el ambiente se torna anodino, sin cambios de ritmo, con guitarras de una distorsión amortizada y un Davis que susurra con desgano y grita sólo porque tiene que hacerlo, no porque lo sienta o lo necesite. El panorama no mejorará hasta la excelente “Good God”, que recupera la virulencia demostrada en su primer disco, sólo para volver a naufragar inmediatamente después con la soporífera “Mr. Rogers”, un bodrio de 5 minutos que no por casualidad jamás se molestaron en tocar en vivo.

A partir de allí, habrá altibajos con algunas buenas canciones (“No place to hide” “A.D.I.D.A.S.”), algunas malas (“K@#0%!” “Ass Itch”) y dos covers de relleno (“Wicked” y “Lowrider”), cuya grabación se debe más a la ingesta de alcohol durante las sesiones que a una verdadera intención artística. El tema final, “Kill You”, remonta un poco el clima y pretende emular el escalofriante dolor de “Daddy”, la épica composición que cerraba el primer disco, aunque sin lograrlo.

Un disco de transición, grabado a las apuradas, casi para cumplir. “No sé qué decir ¿y qué? Me importa una mierda”, “Odio escribir boludeces, es tan estúpido, ¿qué me pasa hoy?”. Dos líneas que Davis canta a lo largo del disco y demuestran lo poco inspirados que estaban a la hora de hacer Life Is Peachy. Afortunadamente, lo mejor estaba por venir.

Camilo Alves

Korn – Korn (1994)

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Puntaje del Disco: 7

  1. Blind: 7.5
  2. Ball Tongue: 7
  3. Need To: 7
  4. Clown: 7
  5. Divine: 7
  6. Faget: 7.5
  7. Shoots and Ladders: 8
  8. Predictable: 7
  9. Fake: 7
  10. Lies: 7.5
  11. Helmet in the Bush: 7
  12. Daddy: 7

Durante la época del movimiento grungue con Nirvana y Pearl Jam a la cabeza, hubo también una nueva oleada de metal que se hizo presente a mediados de los noventa. Una de las primeras bandas en llevar adelante estos nuevos sonidos fue Korn.

Esta agrupación sugió como una confluencia entre el cantante Jonathan Davis, que a comienzos de los noventa lideraba el grupo Sexart y el resto de los músicos  que eran parte de LAPD, entre quienes estaban James “Munky” Shaffer, David Silveria, Reginald “Fieldy” Arvizu y Brian “Head” Welch. Tras oir cantar a Davis, queLAPD quedó asombrado con su voz y pronto se formó la unión de lo que luego sería Korn.

En 1994 se lanzó el álbum debut del grupo sin la promoción de las radios o de la MTV, como sí tenían por entonces numerosos grupos devenidos del rock. A pesar de la poca promoción que recibió el disco, obtuvo buenos resultados de venta así como también la aprobación de los críticos que dieron una respuesta favorable al material.

La cruda voz de Davis y sus problemas personales son la principal característica del disco, mientras que las guitarras distorsionadas dan un aspecto más lúgubre y terrorífico a las composiciones. Temas como “Faget”, “Shoots and Ladders” se destacan por el grado de dramatismo que Davis le pone a las estrofas.

Con el álbum debuto Korn no sólo expresó su malestar con la sociedad sino que además abrió la puerta para numerosas bandas de lo que se conocería como el Nu Metal.

Piro