Archivo de la categoría: King Crimson

King Crimson – Discipline (1981)

king-crimson-discipline-1981

Puntaje del Disco: 9,5

  1. Elephant Talk: 9,5
  2. Frame by Frame: 9,5
  3. Matte Kudasai: 8
  4. Indiscipline: 10
  5. Thela Hun Ginjeet: 9
  6. The Sheltering Sky: 9
  7. Discipline: 9

Después de Red (1974) y con Robert Fripp abocado a su carrera solista, todo hacía indicar que King Crimson había dejado de existir, pero solo sería el final de una étapa en la vida del grupo.

Para comienzos de 1981 Fripp y el baterista Bll Bruford comenzaron a formar un nuevo grupo, Discipline, el bajista elegido sería el virtuoso y excentrico Tony Levin, quien era conocido en el ambiente y no paso desapercibido en colaboraciones con John Lennon y Peter Gabriel. El siguiente convocado sería el guitarrista y vocalista Adrian Belew, quien estaba de gira con Talking Heads pero ante el llamado de Robert inmediatamente después de la gira se uniría a esta nueva “super banda”.

Cuando comenzó la grabación del disco cristalizando el nuevo proyecto, Fripp notó que el sonido de King Crimson se encontraba allí mismo y cambiaría de opinión y reviviría a King Crimson y el álbum se denominaría, Discipline.

El resultado sería una mezcla de rock progresivo, experimental y de new wave de alta calidad, una obra de tal magnitud que forma parte de los puntos más encumbrados en la historia de la mítica banda. Era de esperarse que cuatro enormes músicos podían producir algo especial. Las guitarras de Belew y Fripp se complementarían en forma mágica, a su vez el mago del bajo Tony Levin y el eximio baterista Bll Bruford estuvieron sólidos y precisos como de costumbre, creando una verdadera reinvención en el sonido de la banda dejando varios temas memorables como “Indiscipline”, “Frame by Frame”, “Elephant Talk”, “Thela Hun Ginjeet” y “The Sheltering Sky”.

Discipline presenta un estilo innovador y perfectamente ejecutado. Su experimento con el new wave no pudo ser más acertado. Claramente de comercial tenía poco, fue una mezcla de sonidos y experimentación que incorporaron este estilo y lo hicieron único. Simplemente, era King Crimson.

F.V.

King Crimson – Red (1974)

King Crimson - Red (1974)

Puntaje del Disco: 10

  1. Red: 8
  2. Fallen Angel: 9,5
  3. One More Red Nightmare: 10
  4. Providence: 8,5
  5. Starless: 10

El álbum. Punto y aparte.

Hablar de Red es hablar sobre todo de un hombre, de uno de los mayores genios de la historia del rock, Robert Fripp, quien fue haciendo y deshaciendo su proyecto, King Crimson, buscando en cada álbum una evolución musical que calmase, al menos durante un tiempo, su insaciable apetito creativo.

Se podría decir sin miedo que en cada uno de los discos de la banda anteriores a Red, Fripp buscaba conseguir algo para acabar llegando al sonido que logró en este álbum, un paso más hasta la que sería su cumbre artística. Cumbre que alcanzaría acompañado de la mejor manera posible, junto con los dos músicos que más caña daban con los que había trabajado nunca: el innovador, enérgico, salvaje, indomable e inigualable Bill Bruford (una de las tres excepciones a mi heterosexualidad, junto con Mick Jagger por su carisma y Fernando Torres por marcar ese maravilloso gol en la final de la Eurocopa del 2008 frente a Alem… bueno, da igual, ya escribiré sobre mis gustos futbolísticos cuando Axl Rose saque un disco solista) y el siempre fantástico Wetton como cantante y bajista (a un nivel sorprendentemente brillante, teniendo en cuenta que no tenía demasiada experiencia con el instrumento), además de esos maestros de los vientos con los que siempre contó (Mel Collins y Cia).

Musicalmente poco se puede escribir que haga justicia a esta joya. Como comentábamos antes Red recoge lo mejor de todo lo anterior al disco (si algún día me hago con el control del universo una de mis reformas, además de ilegalizar ser Phil Collins, será cambiar la forma de contar los años por “Antes de Red” y “Después de Red”, por ejemplo, ahora estaríamos en el año 40 d.R) y abre las puertas para una cantidad ingente de nuevas ideas y formas de entender la música. Se percibe, de manera multiplicada, ese gusto por lo decibélico, lo crudo y oscuro, cercano al Metal, del debut In the Court of the King Crimson, la nunca ausente influencia del jazz de In the Wake of Poseidon, el afán experimental de Larks’ Tongues in Aspik y Starless and Bible Black, el culto por instrumentos y armonías poco comunes de Islands o Lizard… y mucho más.

Red abre con la pieza homónima, una jam proto-metalera que aunque consigue hacer reventar la habitación en la que suene personalmente me parece el tema menos sugerente del álbum.

A esta le sigue uno de los bombazos, “Fallen Angel”, que lo tiene todo. Uno de los temas insignia del Rey Carmesí que usa la fórmula que nunca les falla, presentándose como una melancólica y bella balada en el verso, para convertirse en una explosión de sonido en el estribillo, a partir de unos cambios melódicos y armónicos de una pureza y de un acabado tan perfecto que hacen que la única reacción posible del oyente sea abrir la boca, mirar al cielo, y preguntarse si realmente hay algo en este mundo que valga tanto la pena como la música.

Y llegamos al, desde mi punto de vista, primer 10 del disco: “One More Red Nightmare”. Pesadilla en primera persona de un hombre en un autobús, que narra como el pobre hombre se encuentra en un avión que está apunto de estrellarse, aunque gracias a Dios el sueño acaba segundos antes.  Una locura de tema que de la misma manera que “Fallen Angel” presenta un cambio casi sonado entre una parte A y una parte B, aunque en este caso en vez de tratarse de balada y griterío, la parte A sería un frenético instrumental donde brilla Bruford a la batería y la parte B algo inclasificable a la par que brillante, un verso-estribillo en el que parece que colabore Paul McCartney, con una rítmica y memorable melodía, con alguna banda de funk-metal (no estoy seguro de que exista el género, pero creo que si algún día nace sonará parecido, aunque peor, casi seguro). Magistral. Enorme.

(Como curiosidad me gustaría mencionar el extraño sonido de la base rítmica,  todo el mundo que escuche con atención cae en la cuenta de algo, “Hay una batería, pero también un ruido raro, mola, pero ¿Qué narices estoy escuchando?”, este ruido no es nada más ni nada menos que un platillo barato, doblado y roto, que encontraron en un cubo de basura en el local de ensayo. El resultado es franca y sorprendentemente fantástico.)

¿Recordáis ese tema que en cada disco de King Crimson existe y que siempre se salta? Es probable que no, la banda acostumbró siempre a poner una canción experimental que, aunque siempre tenía algún destello remarcable, solía quedarse en “tostonazo pretencioso y pedante”. En Red volvieron a intentarlo y… ¡éxito! Al fin lo consiguieron, el cuarto tema del álbum, “Providence”, es la jam rara de quince minutos que no podía faltar en el disco, pero, a diferencia de las anteriores, “Providence” es una maravilla. Nacida directamente de una improvisación en la ciudad estadounidense de mismo nombre, supone un instrumental que crece y crece hasta invadir el kilómetro y medio a la redonda del lugar donde se escuche con un aura demente y lúgubre, en gran parte gracias al espectacular trabajo de David Cross al violín. David, de verdad, si existe el cielo te lo ganaste por lo que haces en este tema.

Y llegamos a “Starless”, ¡qué decir de este tema!, objetivamente puedo escribir que es seguramente lo mejor que ha sacado King Crimson, uno de los mejores temas de los 70s y un estandarte del rock progresivo. Subjetivamente puedo decir que es lo mejor que me ha pasado en la vida. Cuando alguna vez he tenido una mala experiencia con alguien o algo, cojo tal cosa, la pongo al lado de esta canción, y me doy cuenta de que no tengo por qué preocuparme, pues ese algo o ese alguien no valen nada al lado de esta obra maestra (en serio, no sé si es bueno o malo, pero hago esto).

“Starless” se divide en tres partes. La primera empieza de manera sinfónica con un Fripp más inspirado que nunca dibujando frases con su guitarra sobre su amado melotrón, introduciendo a la que será la mejor melodía en forma de balada de la banda, en la que la cálida voz de Wetton y una sección de vientos, esta vez formada por un saxofón y un oboé, como segundas voces, se entrelazan para hacer flotar al oyente. La balada da paso a la segunda parte, un tenso pasaje que empieza con una conversación entre una guitarra y un bajo a los que se les une poco después Bill Bruford, de nuevo fantástico con unos breaks y unos ritmos de locos, convirtiéndose en algo así como un “¿?¿solo de caja china a fuera de tempo?¿? “ que aunque conceptualmente parezca una chorrada infumable, es una frenética maravilla.

Bueno, pasan minutos, la canción va creciendo de intensidad, estás en trance con esa locura de pasaje, la caja china es tu nuevo instrumento favorito en detrimento del piano o guitarra… pero King Crimson decide hacer un tercer cambio, y hacia los dos tercios del tema los dos saxofones deciden hacer acto de presencia y entramos en una salvajada jazzera que no acabas de saber si es caos o algo cuidado de manera milimétrica que acaba con una melodía de vientos que desemboca en un riff de guitarra que…te hace subir al cielo. Si Dios fuese un final de disco, seguramente sería este final.

King Crimson desaparecería durante unos años para después volver a aparecer en los 80s con álbumes notables muy lejanos a nivel musical de los hechos hasta Red, valdrían la pena pero serían otra cosa, con este disco acabaría un proyecto y una manera de concebir el rock. Así que solo queda dar las gracias a Fripp y compañía por esta experiencia sónica. Nunca se haría nada parecido.

¡God Bless the Crimson King!

Mauricio G.

King Crimson – Starless And Bible Black (1974)

King Crimson – Starless And Bible Black (1974)

Puntaje del Disco: 8

  1. The Great Deceiver: 8,5
  2. Lament: 7
  3. We’ll Let You Know: 9
  4. The Night Watch: 9,5
  5. Trio: 7
  6. The Mincer: 6
  7. Starless and Bible Black: 5,5
  8. Fracture: 6

Si un año antes King Crimson había sorprendido en Larks’ Tongues in Aspik  con un nuevo e innovador estilo entre el avant-garde mas exagerado y la ocurrente idea de la metal-jam, en Starless And Bible Black decidirían atreverse con la misma idea pero elevada a su enésima potencia, dejando un disco irregular, con varias muestras de que se trata de un grupo de genios pero también con muchas estructuras algo exageradas, poco sugerentes y una muestra de que, tal vez, el experimentalismo se les había ido de las manos.

El disco abre con The Great Deceiver, una pieza genial, una auténtica locura con muchos pasajes diferentes de tintes bien dispares, melodías beatlelescas, trallazos guitarreros que parecen sacados de algún disco de trash-metal y momentos instrumentales más crimsonianos; divertidísima. A esta le sigue Lament, una disfrutable canción que empieza como una poco atractiva balada pero que después con un par de cambios de ritmo va cogiendo fuerza y acaba convirtiéndose en un loco tema proto-metalero bastante original. Y con esto vienen las, probablemente, mejores dos canciones del disco, We’ll Let You Know y The Night Watch, que poco o nada tienen en común, la primera de ellas es una jam con el bajo de Wetton como protagonista presentadose realmente arrollador y la segunda una bella balada inspirada en el cuadro “La Ronda Nocturna”, de Rembrandt, sin duda la mejor canción del álbum y una de las mejores de la banda, gracias a un acompañamiento de violín y de guitarra muy bien logrado y una melodía muy interesante. Trio, por su parte, es una bonita canción instrumental con el violín de Cross como voz principal, bastante inspirada.

Desgraciadamente a partir de aquí el disco decae totalmente, y es que es en estos últimos tres temas donde se percibe más lo anteriormente explicado acerca de la poca estructuración de algunas canciones y la falta de una melodía clara, o directamente falta de melodía alguna, tres temas que pecan de largos y que son salvados tan solo por algún momento de cohesión entre los miembros de la banda en el que regalan algún buen riff o conversación entre algunos instrumentos, pero lejos de conseguir hacer de estos temas canciones recomendables dentro de la mastodóntica discografía de Rey Carmesí.

Curiosidad: En “Trio” tan solo intervinieron Fripp, Wetton y Cross, pero curiosamente en los créditos de esta atractiva pieza clásica aparece igualmente Bill Bruford, sobre esto, Fripp explicó, textualmente, que “Solo intervinieron tres músicos, pero el cuarto contribuyó con su silencio”. Frase que si hubiese salido de la boca de cualquier otro músico habría sonado a chorrada monumental, pero como lo dijo Fripp yo, al menos, me callo y me lo creo y hasta consigo disfrutar de ese silencio.

Mauricio G.

King Crimson – Larks’ Tongues in Aspic (1973)

Puntaje del Disco: 9

  1. Larks’ Tongues in Aspic, Pt. One: 9
  2. Book of Saturday: 9
  3. Exiles: 8,5
  4. Easy Money: 9,5
  5. The Talking Drum: 9,5
  6. Larks’ Tongues in Aspic, Pt. Two: 8,5

Estrenado en el 1973, Larks’ Tongues in Aspic supuso una revolución en el mundo de la música y especialmente en su creador, King Crimson, ya que fue en este álbum en el que se sentaron las bases del que sería su estilo más característico y el que los distinguiría como el inimitable grupo que fue.

Ya más por costumbre que por otra cosa Robert Fripp, indiscutible líder de la banda, hizo varios cambios respecto al tranquilo Islands, en primer lugar incorporó al vocalista John Wetton, a quien Robert Fripp enseño a tocar el bajo y curiosamente supo compaginar sus dos labores perfectamente, y , además de interpretar cálidamente cada canción, se convirtió en el bajista que mas destacó en el grupo, en segundo lugar consiguió que el percusionista Bill Bruford, quien ya había demostrado su enorme valor en Yes se uniera al grupo, donde se consolidó como uno de los mejores en su puesto, además, Fripp añadió a un segundo percusionista, al escocés Jamie Muir, quien se dedicaba a desplegar su amplísimo abanico de habilidades salpicando las canciones con sonidos de maracas, campanas, o otros elementos mucho más extraños como cencerros, bocinas, silbatos e incluso una ingente cantidad de pistachos (en serio), consiguiendo enloquecer ciertos pasajes y colaborando para lograr el sonido vanguardista del disco; para acabar la formación, Robert Fripp hizo una última y importantísima incorporación, invitar al violinista David Cross, que consiguió otorgar a la corte carmesí de aquel año una cuota adecuada de dramatismo y oscuridad; si tenias en la mente al violín como un instrumento dulce y ameno bastaría con que escuchases tres notas de Cross para darte cuenta de las otras facetas de éste.

El álbum abre con Larks’ Tongues in Aspic Part.One, una pieza instrumental que nace agradablemente con una melodía hecha con una kalima, instrumento de sonido similar al xilófono, a la que enseguida se le suma el oscuro violín de Cross que presentará tensamente a Robert Fripp, quien se dedicará prácticamente toda la canción a tocar unos pesadísimos riffs de guitarra distorsionados a más no poder, que dejarían a Black Sabbath como un grupo de niñas adolescentes cantando sobre el chico guapo del instituto, la pieza acaba con una solitaria y preciosa melodía de violín que va creciendo hasta cerrar magistralmente la primera canción del disco. Le siguen las dos piezas más accesibles del disco, Book of Saturday y Exiles, dos bonitas baladas, la primera de ellas especialmente recomendable por su magnífico acompañamiento a base de violín y guitarra. Con esto llegamos a la canción más recordada del disco, Easy Money, que empieza de una manera sucia pero realmente atrayente con un memorable riff de guitarra y un John Wetton cantando de una forma prácticamente vacilante soltando sílabas sueltas sin formar ninguna frase o palabra concreta, simpática técnica conocida como “scat singing”, entrando poco después en la melodía que acabará desembocando en una loca pero genial jam en la que destaca especialmente Fripp y la percusión (es sin duda el tema donde más se puede apreciar el logradísimo trabajo por parte de James Muir). Y llega The Talking Drum, a mi gusto una de las canciones más infravaloradas del grupo, que supone un continuo y electrizante crescendo instrumental en el que violín y guitarra van conversando grácilmente hasta el final del tema. Y para cerrar el disco tenemos a Larks’ Tongues in Aspic Part.Two, una potente jam que vuelve a repetir el esquema de la primera parte, pero esta vez centrándose en la parte más guitarrera.

Mauricio G.

King Crimson – Islands (1971)

Puntaje del Disco: 8,5

  1. Formentera Lady: 9
  2. Sailor’s Tale: 7,5
  3. The Letters: 8,5
  4. Ladies of the Road: 8
  5. Prelude: Song Of the Gulls: 8,5
  6. Islands: 10

Después del duro azote por parte de crítica y público hacia el infravalorado Lizard, King Crimson se desmoronó y bajista, batería y cantante se fueron del grupo; pero Robert Fripp, indiscutible líder de la banda, lejos estuvo de deshacerla, así que tras incorporar a dos nuevos miembros, Ian Wallace a la batería (propuesto por el teclista de EL&P y amigo de Fripp, Keith Emerson) y Boz Burrell como vocalista y bajista (quien después del disco se uniría a la superbanda Bad Company) el coloso creador del rock sinfónico se volvería a poner manos a la obra para traernos, esta vez, su álbum más tranquilo y relajante, dejando atrás tanto la potencia y energía de los dos primeros álbumes como el vanguardismo y la complejidad del tercero.

El disco abre con “Formentera Lady”, una pausada balada muy bien acompañada por flautas y violines. Tras ella viene la jam que el grupo incluía en casi cada disco, en este caso “Sailor’s Tale”, que pese a resultar algo indigerible, tiene algunos momentos donde la guitarra y el bajo realmente consiguen dar caña; a ésta le sigue “The Letters”, un tema que comienza con una suave melodía que transmite la tensión de que pronto estallará, y estalla, y luego vuelve a tranquilizarse, pero solo para poder volver a estallar…y así durante toda la canción con un jugueteo jazzístico con los decibelios bien logrado.

La segunda mitad del disco comienza con “Ladies on the Road” tema en el que Fripp parece haberse acompañado de John Lennon y Paul McCartney por el beatlelesco estribillo; “Prelude: Song of the Gulls, es una muy amena composición de música clásica hecha con instrumentos de cuerdas y un oboe, que servirá para introducir a la gran joya del disco “Islands” una balada muy suave y melódica con unos soberbios solos por parte de Mel Collins de saxofón y trompeta.

Mauricio G.

King Crimson – Lizard (1970)

Puntaje del Disco: 8,5

  1. Cirkus: 8,5
  2. Indoor Games: 7,5
  3. Happy Family: 7,5
  4. Lady of the Dancing Water: 8
  5. Lizard: 9,5

En 1970 King Crimson lanzaría su tercer y más polémico disco, Lizard, parte de la crítica especializada lo llego a tachar de totalmente incomprensible e inaccesible, pero lo cierto es que se trata de una muy buena muestra de rock sinfónico; como era usual en la banda de Robert Fripp, hubieron diversos cambios en la formación desde el segundo álbum, el más significativo fue sin duda la ida de Grek Lake, quien fue substituido en el papel de bajista y vocalista por el antiguo batería de King Crimson, Gordon Haskell, cuya voz fue bastante criticada.

Lizard  supone un giro de 180 grados en el grupo respecto a las dos primeras obras, muestra el eclecticismo y los excesos en su enésima potencia, creando una música más influenciada por el jazz y el avantgarde.

El disco abre con “Cirkus”, una compleja obra que destaca por crear unos ambientes interesantes con instrumentos de viento y por el potentísimo riff de mellotrón, sin embargo el punto más alto del disco es sin duda la pieza homónima, “Lizard”, una épica suite de 23 minutos dividida en múltiples partes, el vocalista de la primera de las cuales es Jon Anderson, de Yes, a quien más tarde se le unen  una sección de vientos en quizá los mejores minutos del disco.

El resto del álbum se queda algo atrás, pero pese a ello, sigue valiendo igualmente la pena escucharlo detenidamente, “Lady on The Dancing Water” es una más que recomendable balada acompañada de una flauta dulce y “Indoor Games” y “Happy Famil”y, dos temas muy parecidos, muestran el lado más experimental con voces distorsionadas e interesantes aportes de viento.

Mauricio G.

King Crimson – In the Wake of Poseidon (1970)

Puntaje del Disco: 8,5

  1. Peace – A Beginning:
  2. Pictures of a City: 10
  3. Cadence and Cascade: 8,5
  4. In the Wake of Poseidon: 7,5
  5. Peace – A Theme:
  6. Cat Food: 9
  7. The Devil’s Triangle: 8

En plena etapa de efervescencia y florecimiento del rock progresivo King Crimson nos volvería a deleitar con su segundo trabajo. In the Wake of Poseidon (1970) significo la primera variante en la formación de la banda, cuando el disco salio ya Michael Giles y Ian McDonald no formaron parte de la misma, especialmente se sintio la baja de McDonald que en los principios del grupo era el principal compositor y un verdadero talento y multiinstrumentista (destacándose particularmente en el mellotron, estas partidas le dejaron el absoluto liderazgo creativo Robert Fripp aunque la falta de composiciones fuertes de McDonald se notaron de sobremanera.

In the Wake of Poseidon es generalmente uno de los trabajos de Crimson menos valorados comparándola constantemente con su excelente disco debut y criticando querer copiar la formula del éxito del mismo. Mas haya de esto se notan ciertas diferencias, una orientación mas jazzera y con menos excesos, cuenta con momentos mas que valiosos como “Cat Food”, “Cadence and Cascade” y la mas interesante de todas “Pictures of a City” no tienen desperdicio alguno.

Las idas y venidas de integrantes, una de las características principales del grupo, continuarían acentuándose luego de su segundo material se alejaría Greg Lake para formar parte de Emerson, Lake & Palmer. Por suerte Fripp el principal integrante y verdadero núcleo del sonido de la banda siempre mantuvo su liderazgo y se las rebusco para convertir a King Crimson en un grupo emblemático en la historia del rock capaz de seguir editando materiales de primer nivel por mas de treinta años y con constantes cambios en su formación.

F.V.