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Ozzy Osbourne – Diary of a Madman (1981)

Puntaje del Disco: 8,5

  1. Over the Mountain: 8
  2. Flying High Again: 8
  3. You Can’t Kill Rock and Roll: 7,5
  4. Believer: 9
  5. Little Dolls: 7,5
  6. Tonight: 7,5
  7. S.A.T.O.: 8,5
  8. Diary of a Madman: 9,5

La sociedad musical Osbourne/Rhoads se extendió por pocos años, aunque no por ello resultó poco importante. El carismático cantante y el eximio violero produjeron juntos el maravilloso Blizzard of Ozz (1980) y un año después el no mucho menor Diary of a Madman.

A diferencia de su antecesor, muchos temas en Diary of a Madman parecen alargados innecesariamente y no del todo bien resueltos. Así y todo contiene momentos elevados, dignos de ser incluidos entre lo más destacado de la carrera de Ozzy, entre estos la épica y maravillosa canción que le de el título al álbum con un trabajo notable de Rhoads en guitarra, como así también otros temas cañoneros como “Believer”, “Over the Mountain”, “Flying High Again” y “S.A.T.O.”.

Es dificil augurar lo que hubiera sido del metal si esta sociedad se hubiera extendido por años, pero fatalmente llegó a su fin el 19 de Marzo de 1982. La noche anterior Randy Rhoads tocó en su último concierto 18 de marzo de 1982 en el Knoxville Civic Coliseum sin saber que sería el último. Al día siguiente el conductor del autobús de la banda, Andrew Aycock, invitó a Randy y a una asistente de la banda, Rachel Youngblood, a dar un paseo en la aeronave. Al parecer Andrew era piloto de aviones y todo venía bien, hasta que una de sus alas golpeó al autobús y generó un desastre que termino en el incendio de la aeronave , la cual se incendió e hizo perder la vida a sus tres ocupantes, entre ellos Randy.

Esta bizarra forma de terminar la vida de uno de los mejores guitarristas del siglo pasado terminó con esta aceitada sociedad y la carrera solista del bueno de Ozzy cayó en un largo abismo creativo. Sobre la muerte de su compañero Osbourne reconocería años mas tarde en forma emotiva: “Fue uno de los momentos más terribles de mi vida, no pasa un solo día sin que yo piense en él, yo aún hablo con Randy en mi cabeza, juntos hicimos la historia eterna y la vida inmortal.”

F.V.

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Ozzy Osbourne – Blizzard of Ozz (1980)

Puntaje del Disco: 9

  1. I Don’t Know: 9
  2. Crazy Train: 9,5
  3. Goodbye to Romance: 8,5
  4. Dee: –
  5. Suicide Solution: 9
  6. Mr. Crowley: 10
  7. No Bone Movies: 7,5
  8. Revelation (Mother Eart): 8
  9. Steal Away (The Night): 7,5

A finales de los setentas, la carrera de Black Sabbath, agrupación inglesa primigenia del rock duro posteriormente conocido como heavy metal, sucumbía ante un bajón tanto musical como a nivel comercial. Después de entregarnos trabajos como “Master of Reality”, el magistral “Sabbath Bloody Sabbath” o “Sabotage” y después de la salida de este último pareciera que la creatividad del grupo se había acabado (casi) por completo. La banda arrastraba los excesos y el hartazgo físico, en especial Ozzy Osbourne quien en esos momentos se perdía en un cocktail de drogas y alcohol. Tanto la disquera como Tony Iommi decidieron ponerle un hasta aquí y despidiendo al vocalista se daba punto final a una etapa para la agrupación. Sin embargo para Ozzy fue lo mejor que le pudo haber pasado (sin saberlo él en esos momentos claro está).

Apoyado por su esposa Sharon, quien no solo lo saco del hoyo en el que el cantante se encontraba sino también lo motivo a formar una nueva banda; así el vocalista recluto a músicos de primer nivel entre ellos esa leyenda surgida de Quiet Riot llamado Randy Roads. Originalmente el grupo iba a llamarse Blizzard of Ozz (en honor al famoso libro) pero finalmente solo sería el título de este primer álbum.

Con un estilo neoclásico sobre todo gracias a la guitarra, el álbum se convirtió en todo un suceso que catapulto a Ozzy inmediatamente a las ligas mayores, y no es para menos pues a pesar de tener esa clara influencia black sabbathiana el virtuosismo de Randy en las seis cuerdas irremediablemente nos hace olvidar a Iommi y cia. La contúndete “I Don’t Know” (gran riff), la demoledora “Crazy Train”, ese corte tan soberbio (con esos solos y el intro de sintetizadores) llamado “Mr. Crowley” o el homenaje a Bon Scott (y fuente de problemas para Ozzy en el futuro) “Suicide Solution” se perfilan como lo más “heavy” del álbum. Sin embargo la baladesca “Goodbye to Romance” o la semiprogresiva “Revelation (Mother Earth)”, más ese interludio llamado “Dee” no desentonan para nada en este clásico absoluto del rock duro, básico en la carrera del “príncipe de las tinieblas”.

Mich

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