Archivo de la categoría: Digresiones Musicales

acosados nuestros indios murieron al luchar

Peleando por su cultura,
derramando sangre en las tierras,
castigados sólo por ser indios.
A. N. I. M. A. L.

Para hacer algo verdaderamente sublime no hay que ser sublime uno mismo ni querer serlo siquiera, basta con hacerlo. Una de las frases que más han impulsado a generaciones jóvenes actuales (dosmiles) es la sentenciada por Vladimir Putin: «Existen dos clases de personas: las que harán grandes cosas, y las que las están haciendo». Palabras dirigidas a jóvenes casi niños de su nación, quienes lo miran con respeto y acaso algunos con admiración; quizá por la labor mediática o por la organización cívica escolar, pero el hecho es que el impulso que se busca en los consejos de un alto mandatario sí lo hubieron encontrado aquellos aprendices atentos y críticos, audiencia del amado Vlad.

¿Y nosotros qué tenemos? ¡«Me canso, ganso.»! Lo que nos queda es una cabizbaja Latinoamérica que ya dejó de ser libre ha muchos periodos gubernamentales. A nosotros nos resta una raza sin fe, sin esperanza; más valdría soltar a Pandora, sacarla del zoológico y dejar que hiciera su revolución. No importa qué fuimos, ahora sólo somos una estirpe de gente masacrada, violada, decepcionada, sin fe, sin esperanza. Hemos nacido en una tierra de promesas huecas, de pasados sin futuro. Naciones divididas por billetes, pueblos unidos por injusticias, pobreza, hambre, tristeza y la guillotina del imperio norteño sobre nuestras almas nos han dejado impotentes, temerosos, indefensos, sin fe, sin esperanza. ¿Qué nos queda? ¿El arte? ¿La familia? El autoconsuelo, las migajas de un amor cinematográfico. Somos lo que queda de la humanidad cuando la especie da un salto evolutivo. Somos indios sin fe. Somos indios sin esperanza.

Kobda Rocha

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(h)om(i)nipresencia

La lectura pasiva de un texto es una pérdida de tiempo;
se requiere una lectura participativa, hay que re-crear el texto.
Raúl Alcalá Campos

Mi abuela era una religiosa, creyente, crédula; —no sé cómo llamarla— el punto es que trató por muchos medios y de muchas formas meterme a su dios en el alma. Por fortuna, las condiciones contextuales impidieron que mi contacto con la teología me hiciera cocowash. Por desgracia, la constante dubitación quedó impregnada en mi fe desde pequeño. No es que me importe la tendencia deífica o la humillación espiritual, lo importante es que ahora casi todo me parece estar relacionado con el diosito de mi abue. Por supuesto, la música no es la excepción; pondré tres ejemplos de cómo percibo esa omnipresencia divina hasta en las letras de las canciones más desinteresadas del quehacer teológico.

1. Perdido en la apatía de Lorenzo Partida. Al escuchar la canción, claramente se nota que el mensaje es romántico, pero… Además, ante la abierta declaración de Partida por clamar la presencia de un ser supremo, ¿cómo no escuchar una plegaria a dios en lugar de una declaración amorosa?

Estoy perdido sin ti.
Cuando en tu furia tú me apartas,
te necesito para ser más que una caricia.
Al menos hoy pon tu luz en mí.

¡Abrázame! Es tan grande el dolor
y mis esperanzas piden una prueba de ti.
Te necesito; estoy perdido en la apatía.
Al menos hoy pon tu luz en mí.

2. Necesito decírtelo de Los Cardenales de Nuevo León. Ésta es otra declaración de amor de un hombre hacia dios. Bueno, en realidad es hacia una mujer, pero cada vez que yo la escucho no puedo evitar dedicársela a ese diosito santo a quien le rezaba mi nana.

Necesito decírtelo, que tú sepas que te amo.
Es preciso que entiendas que te estoy necesitando,
que ya nada me importa —sólo estar a tu lado—,
que mi vida ya es tuya y tú ni cuenta te habías dado.
Dime con tus ojos (…pues es más que suficiente)
que para ti ya no te soy indiferente.

2.5 Si yo fuera él también de Los Cardenales de Nuevo León. Aquí dejaré ver en plena transparencia mi tendencia [¿psicosis?] a insertar ‘El Libro’ de mi abuela en todas partes. Lo que escucho en la letra de esta canción es al diablo hablándole al ser humano, convenciéndolo de que el dios padre no merece su fe.

Si yo fuera él, no te dejaría un momento
—ni siquiera un instante— de adorar.
Si yo fuera él, estarías conmigo en la gloria
y se tendría que hacer nueva historia
de lo que es el amor.

3. Tu falta de querer de Mon Laferte. Lo que todo mundo escucha en esta canción es un reproche despechado de una mujer hacia un hombre protervo (como acaso somos todos). Sin embargo, yo escucho un reproche despechado de una mujer hacia dios (quien también resulta protervo… acaso por ser hombre).

Te quiero ver…
Aún te amo y creo que hasta más que ayer.
La hiedra venenosa no te deja ver.
Me siento mutilada y tan pequeña.
Ahora dormiré muy profundamente para olvidar.
Quisiera hasta la muerte para no pensar.

Ven y cuéntame la verdad.
¡Ten piedad y dime por qué!
¿Cómo fue que me dejaste de amar?
Yo no podría soportar tu tanta falta de querer.

Kobda Rocha

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De las letras a los sonidos

Hoy quiero hacer una recomendación. Ya sé que las digresiones no son las acostumbradas reseñas de discos, así que trataré de no convertir este texto en un repaso del álbum. Sin embargo, la recomendación no la hago meramente por lo musical, sino por lo literario. ¿Literatura? Sí, algunas veces yo me pongo muy escéptico cuando se habla de difusión cultural (específicamente en lo literario), pues las fuerzas omnipotentes que controlan nuestra política, economía, medios, y demás, regularmente evitan que la cultura [entiéndase recreativamente] logre llegar al vulgo, porque (¡claro!) a ellos les conviene tenernos entretenidos con programas televisivos de contenido estúpido, libros bestsellers, películas jolibudences, y canciones que no canten más que puro amor y desamor.

La recomendación de hoy es el disco Tierras de leyenda (2000) de la banda Tierra Santa. Musicalmente, no me siento preparado para criticarlo ni siquiera juzgarlo —aunque personalmente lo disfruto mucho. Empero, líricamente hablando, es una preciosura de divulgación literaria maravillosa. Todos los temas revisan diversos pasajes:

  • Bíblicos. Sodoma y Gomorra resume ese capítulo, lo mismo que La Torre de Babel.
  • Griegos. La caja de Pandora y Caballo de Troya hasta sirven para usarlas como material pedagógico.
  • Históricos. El secreto del faraón muestra un panorama de los motivos egipcios para la momificación, y Una juventud perdida retrata el estilo de vida de aquellos periodos de guerra patriótica.
  • Literarios. La canción del pirata (que fue por la que llegué a este CD) es una musicalización al poema de José de Espronceda, el cual está fiel, íntegro e intacto.

Tras escuchar este disco, uno se pregunta por qué los compositores no utilizan este recurso más seguido. Es cierto que lo han hecho, y lo hacen, a veces en canciones o a veces sí en discos completos como éste; pero la verdad es que comparando los porcentajes con las canciones de amor y demás banalidades, el recurso literario no es muy concurrido (al menos en la mayoría de los géneros musicales. Así que esperemos que se siga produciendo esta mancuerna de sonido y letra para deleitar nuestras almas con arte sublime.

Kobda Rocha

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Con visión de poeta

Fotografías de Ana Cureño

Del 5 al 7 de mayo (2019) en la ciudad de Pachuca de Soto, Hidalgo (México), se llevó a cabo el 5º Encuentro Nacional de Performance (ENAPE V). Este encuentro, a pesar de su nombre, congregó a performers no sólo de Méjico sino también de Argentina, Brasil, Alemania y EEUU. Yo (Kobda Rocha) tuve el honor de presentar el recital poético «El Demoño & La Maldá», presentación inaugural del encuentro, por cierto. Debo confesar que llegué a sentirme ínfimo e intimidado por las personalidades que estuvieron presentes —aunque en realidad todos, grandes artistas, poseen una excelsa calidad humana y me hicieron sentir cobijado, ¡hermanado!, con ellos; habrá que imaginarse a un poeta y su miseria entre tan talentosos performers—: Erika Bulle, Eliana Gómez, G. Hurley Santos, Juan Pohls, Jesica Bastidas, Lorena Barrera, Dante Tapia, Fredy García, Laura Lubozac, por mencionar algunos. Por supuesto, maravillas hubo a borbotones… ni con toda mi teoría literaria, figuras retóricas ni poética estética podría describirlo con la precisa belleza, grandeza y plenitud con que lo viví. Lo que sí puedo decir es que este encuentro me dejó marcado, ¿para bien o para mal?, no lo sé —para mi oficio de escritor, quiero decir—, pero la marca ya está hecha.

En fin, para la digresión de esta semana, hablaré de tres performances que utilizaron el recurso musical (auditivo en general) de manera altamente loable.

1.- Performance, Xitlalli Treviño.

La petición inicial fue ir al fondo del escenario y mirar desde allí el teatro, pues todo se llevaría a cabo en sentido inverso al común: el público sobre el escenario y el desarrollo performático del lado de las butacas. La perfo planteaba la situación de una mujer violada; lo impactante fue escuchar la voz del grillito cantor narrando:

«Escondida por los rincones,

Temerosa que alguien la vea,

Platicaba con los ratones

La pobre muñeca fea.»

En el infinito abismo oscuro del teatro, la mujer depositaba su dolor en cada fila de asientos, de pronto se perdía entre las butacas vacías y uno no lograba visualizarla a través de la oscuridad de sus rincones.

«Un bracito ya se le rompió,

Su carita está llena de ollín

Y, al sentirse olvidada, lloró

Lagrimitas de aserrín.»

Nosotros, linaje humano, a salvo en la multitud del escenario completamente iluminado, tratábamos de generar algo de empatía (al menos, yo lo hacía). Daban ganas de bajarse de ese mundo escenográfico y en un abrazo largo decirle: «Muñequita, ya no llores». Pero al final, como pasa en la vida real, resulta muy difícil generar genuina comprensión, y uno se da cuenta que nosotros somos los mismos ratones que terminan por sentenciar: «Tontita, ¡no tienes razón!». En ese momento, uno quisiera dejar de ser humano y convertirse en escoba, recogedor, plumero, sacudidor, araña o viejo veliz. Y, entre tanto, la única certeza que atina a versar Gabilondo Soler es: «Tus amigos no son los del mundo porque te olvidaron en este rincón».

2.- Quisiera ser cabeza de medusa para transformar a todos en piedra, Huasmole Corp.

Objetos arbitrarios, luces esquizofrénicas, máscaras locas, movimientos extrañísimos, discursos apretujados y, sobre todo, un fondo musical repetitivo como base rítmica en loop. La secuencia termina con la irónica revelación de que esto es arte y se ofrecen reverencias. Entonces, todo comienza otra vez: los objetos arbitrarios, las luces esquizofrénicas, las máscaras locas, los movimientos extrañísimos, los discursos apretujados y, sobre todo, el fondo musical repetitivo como base rítmica en loop. Al final, otra vez la irónica revelación de arte y las reverencias. Después de nuevo los objetos arbitrarios, las luces esquizofrénicas, las máscaras locas, los movimientos extrañísimos, los discursos apretujados y, sobre todo, el fondo musical repetitivo como base rítmica en loop. Para acabar, viene la revelación del arte y las reverencias. Y nuevamente los objetos arbitrarios, las luces esquizofrénicas, las máscaras locas, los movimientos extrañísimos, los discursos apretujados y, sobre todo, el fondo musical repetitivo como base rítmica en loop. El arte, su revelación y las reverencias. Después de un rato, uno se da cuenta que lleva hecho piedra presenciando el mismo absurdo sisifesco por horas, tal vez días, años, siglos, generaciones enteras de humanidad repitiendo el mismo hado estúpido de la especie.

Una pregunta surge al lograr despegarse del asiento: ¿dónde está dios? En ese momento, no pude responder (porque estaba petrificado), pero ahora daré una aproximación: en el cielo veraniego sobre las praderas reduidas, en el trino matinal de los pichones, en el salto discreto de las liebres, en el arrullo de una madre despojada, en la risa chimuela de los ancianos, en la simple pregunta, ahí está dios.

3.- ¡No!, Santísimo.

Los ojos vendados, un hilo amarrado a la muñeca, la música hipnotizadora de Franz Velvet y un discurso complejísimo de filosofía científica. El mensaje es simple: todo lo que hacemos afecta al prójimo. No importa si somos conscientes, si sabemos cómo o por qué, no importa que no nos demos cuenta o que no nos interese, de cualquier forma todos estamos conectados de alguna manera: los muertos con los vivos, las mujeres con los hombres, los ancianos con los niños, los artistas con los religiosos, los filósofos con los criminales. ¡Todos estamos conectados y todo lo que hacemos afecta al prójimo!

Una eternidad después de quietud y estímulo sonoro, la indicación es moverse cuando el hilo se mueva, sin forzarlo, sólo seguirlo a donde te lleve. Caminar detrás del hilo, dejarte llevar por él. La siguiente indicación es descubrirse los ojos y, ¡BAM!, el hilo amarrado a tu muñeca está amarrada a una argolla en la espalda de Santísimo. Algunos necios que se resistieron y forzaron el hilo, o los que lo jalaron bruscamente, o los que lo rompieron, o los que trataron de hacer lo debido pero por descuido o accidente igual opusieron fuerza sobre el hilo, y aun quienes creímos no errar, todos habíamos lastimado al humano sostenido por nosotros. Debimos soportar su existencia mas, en cambio, la sangre corría y las heridas latían ya en su cuerpo. Metáfora performática de cómo nuestras acciones, nuestras ideas, nuestras palabras, nuestra sola existencia afecta a todo el mundo… aunque no lo sepamos, aunque no lo creamos, aunque no lo querramos.

Pueden escuchar un fragmento del audio en el siguiente link: https://www.facebook.com/ElSantisimoOzzie/videos/680241399091623/

Kobda Rocha

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El ataque de las madres solteras

Cuando yo era adolescente, todas (bueno, muchas, para ser más exacto) las compañeras del colegio quedaban preñadas por algún patán que sólo buscaba satisfacer sus púberes placeres sin la menor idea de lo que significa la responsabilidad sexual. Lo peor de todo es que esos machitos, al momento de llegar la cría, renegaban de su paternidad. Y las pequeñas Bovarys, en su inmadurez y ensoñación, decidieron parir a sus descendientes y criarlos ellas solas… aunque todos sabemos que fueron los abuelos quienes fungieron como reales padres.

Yo, romántico anticuado (haciendo honor a mi porte de poeta), jamás incurrí en tales lances. Me dediqué a la academia, a mis estudios, a formarme como un profesional de las letras, traté de superarme interna y externamente a mí mismo con el fin de poder ofrecerle una relación de calidad a alguien algún día. Ese día ha llegado; hoy salgo a buscar por fin una pareja con quien compartir este yo que he trabajado tanto al punto de eliminar los más defectos posibles (la verdad, quién sabe si lo haya logrado, lo importante es haber tenido la intención y la constancia). El problema es que tengo veintinueve años, a punto de entrar en la crisis de los 30s, y todas las mujeres de mi generación tienen hijas adolescentes. No es que tenga algo en contra de eso, simplemente me parece una situación muy extraña; a veces, en las citas, ahora soy yo quien parece inmaduro y ensoñado. ¡Y cómo iba a ser de otra forma si ellas han tenido que crecer mental y humanamente casi a la fuerza!

En fin, no discutiré más al respecto. No quiero que empiecen a brotar mis herencias culturales de machismo y tradición. Esto no es una crítica al fenómeno social de maternidad y soltería. Por el contrario, dedicaré esta digresión a la figura materna (no sólo a la soltera, sino a toda mujer que sea madre). Así que haré un breve repaso de las canciones escritas en su honor.

Debemos comenzar, forzosamente, con “Señora Señora” de Denise de Kalafe. Canción que nos hacían cantar y danzar en el jardín de infantes, lo cual era un error fatal porque a esa edad nadie valora a su madre (al menos no por las razones expuestas en la letra de la canción). Las maestras sí que sentían la canción de pecho profundo; quizá hubiese sido más apropiado que ellas la cantaran en lugar de los pobres niños que ni entendían la mitad de las palabras de la lírica.

Una canción que sí genera consciencia en los niños —pues cuando menos entienden la letra— es “Si yo tuviera una mamá” de La Chilindrina, compuesta por Chespirito. Ésa sí que fue pensada para ampliar las nociones de un infante y no para hacer llorar a los adultos, acaso por arrepentimiento. Me parece que la madre no tiene por qué caer en la santificación… aunque, viviendo en un mundo repleto de edipos, es fácil entender por qué sucede.

Tratándose de elogiar a la madre, a modo de agradecimiento y no de disculpa, una de las mejores es “Amor de cada día” de Luis Álvarez, El Haragán. Además, para cualquier guitarrista principiante es una buena opción para sustituir las tan manoseadas “Mañanitas”. Y, en segundo lugar, algo un poco más complejo (trova de la sabrosa), posicionaremos “Cariño mudo” de Juan José Lavaniegos; ésta es una canción bastante más sensible y realista en ciertos contextos.

Una canción también realista y fiel al contexto que retrata o que desarrolla la letra es “Dolor de madre” de la Banda Bostik. Hablando de sentimientos realistas, acaso crudos y oscuros, podemos mencionar la hosca y hórrida “Kill you” de Korn. O también “Down with the sickness” de Disturbed, la cual, aunque parezca un intento fanático de plagiar el discurso de Jonathan Davis, el intermedio es irremediablemente sublime: You stupid sadistic abusive fucking whore!

Ya metidos en el género musical, otra espléndida alabanza es “Judith” de A Perfect Circle. La lírica es un poco más cifrada, no tan directa pero, cuando uno se entera que la madre de Maynard James Keenan se llamaba justo como la canción, entonces todo tiene sentido. Ah, y también está “Mutter” de Rammstein, la versión underground del mensaje de la Chilindrina.

La lista puede ser larguísima, pues canciones hay muchísimas. Por ejemplo: la obvia “Madre” de Pimpinela (un edipo), “Amor de madre” de Víctor Manuelle (otro edipo), “Mamá, mamá” de Jean Jacques (el edipito más pequeño), “Madrecita querida” de Vicente Fernández (un machito), “Mother” de John Lennon (que no termino de entender por qué se titula sólo así), y también un rap bizarrísimo con “Déjame llorar” de Ricardo Montaner (su madre debe estar decepcionada).

Ojalá alguien se atreviera a cambiar las palabras de Manuel Acuña (el edipo mayor) por las blasfemias de Antonio Plaza:

Sólo tengo una madre. ¡Me ama tanto!

Sus pechos mi niñez alimentaron,

y mi sed apagó su tierno llanto,

y sus vigilias hombre me formaron.

A ese ángel para mí tan santo,

última fe de creencias que pasaron;

a ese ángel de bondad, ¡quién lo creyera!,

yo olvido por tu amor, loca ramera.

En fin, para no sacudir las aguas de los enamorados de sus madres al decirles que cambiaría a mi madre por una ramera, terminaré esta digresión con dos canciones indispensables en la lista musical de la referencia materna.

  1. “A la madre” de Gloria Trevi. Lo mejor de lo mejor. Además el recurso literario aplicado al ciento por ciento. Simplemente, obra maestra.
  2. “Amor eterno” de Juan Gabriel. Una oración de amor a todas las mamitas que esta noche han venido a leerme… sobre todo para aquellas que están un poquito más lejos de mí.

Kobda Rocha

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Altruismo sonoro

La prostitución es un oficio que alberga muchos secretos en el imaginario social. Tema tabú de opiniones excluyentes, valores cliché y respeto por sobre todas las cosas. ¿El oficio más viejo? Las cuestiones intactas sobre necesidad, pobreza, trastorno moral, tergiversación humanista. Bueno o malo, he ahí el dilema. Un dilema mudo, sin lugar en la sobremesa; susurros anónimos, clientes sin rostro, realidad ignorada por comunidades ciegas. Un algo más en el mundo… hasta que es nuestra hija, nuestra novia, nuestra madre; entonces, la prostitución adquiere otro matiz (aunque el silencio no se rompe jamás).

Mi visión poética de las hembras humanas me dota de una fascinación por la imagen de la ramera, la puta, la carnicera, la mujer pública. Sin embargo, lo difícil siempre es comprender su cosmovisión, su postura ante el mundo, su interior detrás de la piel —y no sólo con las prostitutas, sino con prácticamente cualquier otro ajeno a nuestro egoísta yo mismo. Meterse en su piel o cubrirlas con la nuestra son nuestras únicas aproximaciones restantes. Lo demás queda establecido con mejores palabras que las mías en el excelso poema «A una ramera» de Antonio Plaza.

Yo logré conjugar mi alma a la zaga de una prostituta en un mercadillo de paso en un barrio de baja reputación. Cedí ante mi exigente hambre y decidí comer allí. Esperaba ser atendido cuando una prostituta reprodujo el karaoke de «El pastor» de Miguel Aceves Mejía y comenzó a cantar al punto de las lágrimas. Sin quererlo ni notarlo, yo también llovizné a su par. Cuando terminó la canción, le ofrecí comiera conmigo. Conmovido por su voz y emocionado por su voluntad de compartir alimentos conmigo, (estúpido) pregunté. Ella sonrió y sólo dijo: «esta comida la gané cantando… ésa es la diferencia». Comimos en silencio y tomados del corazón.

Kobda Rocha

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Si te ríes, pierdes

Uno busca al diablo como se buscan vídeos de risa en YouTube. Por lo general, quien se entretiene haciéndolo es un nini chavorruco frustrado, aún mantenido por su mamá. Turn Down For What (TDFW) es la fehaciente prueba de que el diablo vive en cada uno de nosotros —con nosotros me refiero a los millenials. Sobre todo, lo que caracteriza a estos encuentros paralelos con el diablo y con el Tubo es la brevedad; oh, sí, el diablo es breve, ¡debe serlo!, de otra forma pierde su chiste.

Un vídeo te lleva a otro y a otro y a otro más. Y así… Igualmente, un diablo te lleva a otro y a otro y a otro y así hasta que se te acaban los datos, o la pila.

•   •   •

Cuando por fin encontré el cargador, traté de continuar con mi tanda de risa y despreocupación. Sin embargo, por más vídeos que reproduje, mi mente ya no podía compaginar con la idea de un perpetuo You Only Live Once (YOLO). Era como si mi antigua actitud impersonal ahora se centrara en una consciente primera persona. Gradualmente fui perdiendo interés en los vídeos hasta el punto en que ver a Don Ramón aventar a Doña Florinda hacia una piscina dejó de serme gracioso. Siquiera pensar en la existencia del diablo me parecía ahora una tremenda bobería.

Parece que el diablo sí es como un vídeo de YouTube: estúpido y simple, creado por alguien también estúpido y simple para mantener ciegos y ocupados a otros tan igualmente estúpidos y simples.

• • •

Cuando dejó de usar celulares y cerró todas sus cuentas en redes sociales (Facebook, Twitter, Instagram, YouTube, incluso el correo electrónico), notó que la vida es igual de absurda, vacía e inútil que con el celular y las redes. Rebuscando una diferencia, sin celular se vuelve un alien socialmente apático; como si, en lugar de ser sí mismo, fuera un tercero ajeno a su propia personalidad. Por ello, desde entonces, él adora a Satanás.

#HeilSatan                #YOLO         #ImBackBitches         #YoFilósofo

Kobda Rocha

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Todo el mundo tiene una vida menos yo

Vivo porque sobrevivo,
porque aunque no quiera tengo que cargar conmigo.
Ricardo Arjona

Todas las personas que conozco —o conocí— ahora tienen empleos, familias, matrimonios, hijos, problemas, deudas, metas, planes, amigos, celebraciones, preocupaciones, y un montón de cosas más. Todo el mundo despierta con una responsabilidad: escuela, trabajo, familia, impuestos, algo. Todos tienen cosas qué hacer; todo el mundo es en el mundo… menos yo.

¿Yo? Despierto porque no no-despierto; es decir, daría lo mismo si no despertara. No tengo nada por qué levantarme, no tengo nada por qué vivir. No le sirvo a nadie para nada, no le sirvo a nada para nadie. Algunas veces barro, sacudo, trapeo, limpio, lavo, cocino, hago de ama de casa; luego escribo un poco para recibir unas monedas y seguir despertando a diario. Otras veces salgo a gestionar eventos, a hacer presentaciones editoriales, a recitar poemas en foros invisibles, a conocer gente importante, a ganarme el título de escritor.

El mundo se compra carros, joyería, zapatos, ropa, televisores, teléfonos; yo leo novelas que daría lo mismo si jamás se hubieran escrito. El mundo sale a pasear, va al cine, se divierte, se emborracha (aun los otros escritores); yo me recuesto en el sillón a pensar miles de cosas que no sirven para nada en la vida. El mundo crece, madura, se vuelve mundo; yo estoy escribiendo este texto. Mi existencia no es una vida —a refutar de los biólogos—, sólo soy el conocido del conocido. Soy escritor, y no hay más qué decir al respecto.

Ir a la universidad, aprender cosas extravagantes, tomar talleres y seminarios de actividades con nombres que nadie entiende, impartir talleres y seminarios de cosas igualmente ininteligibles, leer librotes de gente muerta hace siglos, conocer nueve idiomas, coleccionar constancias de seminarios importantísimos aunque totalmente desconocidos, escribir y cobrar por ello; eso no es una vida, a lo más será un artificio literario. En cambio, la gente allá afuera sí tiene una vida de verdad, tiene nombre y tiene sueños, ilusiones, objetivos.

Todo el mundo tiene una vida menos yo. Y lo peor de todo es que todo el mundo cree que esto que yo hago (ser escritor y demás) es tener una vida interesante. Lo dicen como si yo fuese el único en todo el mundo que realmente tuviese una vida. Y entonces me doy cuenta que estoy siendo presuntuoso, pretencioso, pedante, arrogante, soberbio; en otras palabras, mi vida se aleja del mundo real. Estoy tan distanciado del mundo que mi existencia carece de vida, de una vida tal como la comprende ese mundo regente y regidor del mundo al cual dejé de pertenecer hace tiempo (cuando me volví escritor).

Kobda Rocha

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Aguante El Kanka

A veces no tenemos las cosas muy claras.
Uno, es fluctuante, cambia.
Vivimos mutando.
De repente,
uno se cruza todos los días con cositas a “arreglar”.
y con gente que te las muestra…
Que te hace enojar, reír, llorar, vibrar, gozar…
Y es ahí que uno reconoce que tiene un corazón…
Que se equivoca, que tropieza y se levanta…
y como dice el Kanka
“uno se enamora de su tierna levedad.
y solo tiene un corazón, solamente un corazón…
vulnerable ante tanta inmensidad,
y si no lo riego yo con anhelos y sueños
se me morirá de pena en un rincón…”
Disfrutemos, recorramos, sintamos….
Amemos y aprendamos…
Siempre de todo se saca aprendizaje,
y se conoce un poco más a uno mismo,
como decía Sócrates.
Es así…
Se los puedo asegurar…
(créanme una!!!,
yo creo a lo tonto tantas!!!)

y apuesto a esto, que me gusta tanto, que es la filosofía…
Amor al conocimiento, me dijeron…
Pero nadie me dijo que esto era fácil….
pero…
como dijo el Kanka (y yo le creí)
“Si que puedes,
que nadie te diga que no”…
(Escuchen el Kanka por favor)

Coca y Bonjour
Natalia Balul (profesora de Filosofía y escritora)

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Me enamoré de una lesbiana

Aquello que distingue al ser humano del resto de las especies es su capacidad de razonamiento —no diremos pensar porque habrá biólogos, psicólogos y otros logos que argüirían que mientras haya cerebro puede haber pensamiento; sin embargo, la razón es el rasgo único y exclusivo con que la evolución nos ha obsequiado. La razón, el libre albedrío y la consciencia de la consciencia [metaconsciencia, por proponer algún término] nos han llevado, entre otras cosas, a lograr sobreponernos a los instintos. Si un animal cualquiera siente frío, hambre o miedo (por ejemplificar lo planteado) satisfará esas necesidades sin cuestionar por o para qué; lo hará en seguida y de la manera más directa —cada especie tiene sus modos, claro está. Contrariamente, un humano puede darse el lujo de traicionar tales instintos y oponerse a satisfacerlos: sentir frío y no cubrirse ora para mostrar el escote ora por mera necedad; sentir hambre y aguantársela ya para respetar la dieta y adelgazar ya para no gastar más dinero del que de por sí no tenemos; sentir miedo y enfrentarlo con la intención aun de superarlo, en lugar de correr o esconderse. Ahora (lo importante, pues) el instinto sexual… Podemos debatir —aunque no lo haremos— sobre las especies que se aparean por reproducirse o las que lo hacen también por placer o las que no lo hacen en absoluto; sin embargo, lo cierto es que no deja de ser un instinto, una necesidad animal, un impulso bestial. En cambio, los humanos podemos traicionar al instinto y oponernos a satisfacerlo: tal vez porque el contexto social hace que algunos decidan llegar “vírgenes hasta el altar”, tal vez porque las malas experiencias hacen que algunos decidan no hacerlo más, tal vez por mera casualidad o tal vez por mil explicaciones más, pero lo cierto es que, aunque lo necesitemos y/o lo deseemos, los humanos podemos no satisfacer el instinto sexual por meses, años o décadas incluso.

La misma capacidad de razonamiento que nos autoriza a decidir el rumbo de nuestros instintos es justo el aspecto especiático que nos distingue en la fauna. Es decir [reductio]: cuanto más pensamos, más humanos somos. Por lo tanto, el más apegado a la noción de ser humano (id est, el más lejano a sus instintos primitivos) tendrá mayor capacidad de raciocinio.

Así, lo más adecuado sería evitar el contacto sexual por completo. (Aquí es donde, por lo general, pierdo al %99 de mi audiencia… No importa, alguno alguna vez algo comprenderá). El amor —como extensión del sexo, acaso evolución de éste— es un asunto un poco más complejo, pues se vuelve una ‘necesidad’ emocional; ya sea que comulguemos con la idea de que lo emocional es cosa del corazón o con la idea de que es cosa del cerebro, en ambos casos se está de acuerdo con que ya no es un instinto animal corporal, a decirse fisiológico. No obstante la diferencia, más de diez siglos de humanidad no nos han servido para separar una cosa de la otra; en palabras más vulgares, todas las parejas que se aman también se cojen. Y cojer (copular, fornicar, o como se le quiera llamar) es un algo que me parece repulsivo por involucionado —¿Habrá alguien más que también repudie el sexo o seré el único loco sobre la tierra?. La pregunta que surge entonces es: ¿cómo amar a alguien sin tener que sucumbir a las futilidades del sexo por ninguna de ambas partes? Por supuesto, previamente definido el amar distinto a un simple querer, estimar, apreciar, y demás conceptos que las mismas personas que sucumben a los influjos del sexo piensan como sinónimos del amor. En este caso, amar como algo único, como algo definido, como algo urreal.

No sé cuántas soluciones haya, pero yo me enamoré de una lesbiana. No es mi amiga porque no es amistad, es amor. No es mi novia porque, bueno… yo heterosexual y ella lesbiana. Pero ahora cada vez que la tentación de la carne se me presenta sólo digo “lo siento, tengo novia” y en realidad estoy pensando en ella. Escribo poemas para ella. Dedico en su existencia toda mi concentración emocional —corazón o cerebro, ya da igual— y mi talento creativo termina siempre con su nombre. Llena cualquier vacío que pudiera dejar la imperfección evolutiva de la especie en este momento histórico que nos ha cobijado tan precoz y promiscuamente. No hay motivos ocultos en mi sentir, no hay capas de interés, no hay intenciones sexuales detrás del garfio sentimental; al no poder introducir mi pene en su vagina, estoy convencido de una sola y total verdad: esto es el amor puro.

Kobda Rocha

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Sólo salva el amor entre los labios

La solitude est très belle…
quand on a près de soi quelqu’un à qui le dire.
Gustavo Adolfo Bécquer

Mirar de frente la melancolía
sin temer un sorbo de oscuridad
es el anhelo de los hombres sabios
que han adoptado errantes la apatía
y han encumbrado su alma en soledad.

Es del hombre culto la voluntad
tener por una vez la valentía
de entrar al sueño de los mil agravios
y salir vivo de tal tempestad.

Lograr extinguir todos sus resabios
el hombre inteligente desearía
pero lo detiene su vanidad.

Pensante el homosapiens su agonía
no vence con su mar de infinidad.

Sólo salva el amor entre los labios.

La belleza que porta infinidad
extingue cualquier suerte de agonía.

El menor vestigio de vanidad
excluir de su mente desearía
el hombre lleno de absurdos resabios.

Con altos honores de tempestad
sosiega una sonrisa los agravios,
asume su papel con valentía
y al hombre devuelve su voluntad.

No hay más cura para la soledad
ni más remedio para la apatía
que el encuentro de los amantes sabios
y un largo beso en plena oscuridad
sin razones de melancolía.

Kobda Rocha

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Dama Despedazadora

Tu nombre es una exclamación.
Tu padre es despedazador.
Eras una huérfana de Japón
Hasta que él te encontró,
Y te cuidó, y te enseñó.
Lo obedecés, ¿por amor o retribución?

Tus amigos son los héroes
Y tu padre es el villano.
Vos estás entre ambos bandos.
Honor o familia es tu lucha de cada día.
Pero, por mucho que lo intentes,
Nunca te decidís completamente.

Viniste a américa desde tu tierra natal
Para imponer control en la ciudad.
Pactaste con quienes odian a tu padre
Para salvar a todos de un desastre.
Todo fue un engaño para cumplir la voluntad familiar,
Pero es algo de lo que nadie jamás se iba a enterar.

Cuando tu padre apareció de vuelta,
Te enfrentaste a tu conciencia.
Viste el daño que era capaz de provocar.
Aunque te aterraba, lo seguiste igual.
Quería cobrarles a sus enemigos lo que le hicieron,
Y vos eras el instrumento para cumplir sus deseos.
Sus enemigos son tus amigos e hiciste un pacto de honor,
Así que vivieron para volver a ver la luz del sol.
Pero cuando tu padre se estuvo ahogando
Vos estuviste ahí para ayudarlo.

Durante la invasión dinosáurica,
Vos y tu padre observaban.
“¿Qué debemos hacer, amo?” Preguntaste.
“Esperar” Contestó.
“Que la oportunidad deseada se presente por sí sola”
Aunque anhelabas hacer algo,
Igual te quedaste esperando.

Después de la guerra, tu padre se hizo con el botín.
Toda esa tecnología mortal para cumplir un solo fin.
Con una máscara es bueno, con la otra siembra el terror
Mientras vos peleás por el bien, por el mal, por ninguno de los dos.
Metida en disputas internas, salvando ciudades o secuestrada,
Tenés muy claro que no estás segura de nada.
Aunque tu padre colonizara a todo el universo
Vos seguirías temiendo ponerte de acuerdo.

Ahora que tu padre se va lejos
Parece que se cumplió tu deseo,
Hasta que es emboscado
Y luego condenado en un juicio marciano.
De repente sos diferente.
Todo el mal que hizo te parece falso,
Como si un mal guión te hubiera desfigurado.
“Esto no es lo que yo quería” gritás.
Ya está. Elegiste y no hay vuelta atrás.
Ahora sos la dama despedazadora.

Motorik

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