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Tropicosito

Ha llegado el turno de poner atención a lo tropical y sabrosito. Musicalmente, hay ritmos latinos de todas calidades y de todas complejidades, desde lo monótono y primitivo hasta lo multitonal y elaborado. No obstante, hoy quiero hacer hincapié, más que en lo musical, en lo lírico, lo cual llega a rozar con lo literario y, mejor aún, lo poético. Aunque no es un rasgo específicamente de lo tropical, tiene un tinte cachondo y sensualón, una especie de enamoramiento juguetón que se sustenta en la premisa de que somos un pueblo de sangre caliente.

Comencemos por mencionar Señorita, A Mí Me Gusta Su Style de Los Rabanes. La cual, entre los albures y los piropos, suelta una sentencia lapidaria: “Cómo camina, cómo baila; por usted yo vendo mi alma.” Esa entrega total para el amor es la predominante en la música, aunque nunca viene una promesa sin esperar reciprocidad; a veces, incluso se vuelve pedinchito al grito de niño de mami, como es el caso de Yo Quiero Una Mujer de Los Amigos Invicibles cuando cantan: “Yo quiero una mujer que me quiera de verdad, que me pueda comprender y que me quiera mimar.” Siempre es más astuto y hasta divertido cuando la petición va aderezada con juegos lingüísticos propios de la plasticidad del idioma. Así lo hacen, por ejemplo, los Hermanos Narvaez en Pancha Baila En Turcos cuando cantan:

“Yo quiero una muchacha que sea muy vivaracha;

para empezar, que sea muy trucha;

que trabajando sea muy hacha;

que parezca una garrocha,

que la pata tenga mocha

y que se robe la mercocha.”

También existen las canciones que describen a la mujer cual si fuera una diosa. Esa mirada masculina para entender la belleza, para endiosarla, para describirla con vivaz tenacidad está presente en Hechicera de Maná. Primero, hablando de ella: “Hay una mujer hermosa, la más primorosa, de ojitos negros y piel gitana. Es una hechicera que domina al hombre con sus danzares, con las caderas. No se sabe de dónde ha salido ni a dónde ha ido; ella es un misterio. Se mueve con cadencia, con la inocencia de una princesa que nadie toca.” Y todo esto sólo para tomar valor y finalmente decirle: “¡Ven! Déjame estrecharte, deja desnudarte bajo la luna poquito a poco.” Lo mismo que hace Emmanuel en Corazón De Melao, primero una descripción deífica, después una invocación amorosa y termina en un diálogo sensualón:

“Mira a la morena que me tiene alborotado;

brinca, salta y baila como un trompo de medio lado.

No hay más que mirarla y ya te sientes atrapado.

¡Ay, que ella me vuelve loco!

 

Suelta la cintura si me quieres enamorado,

deja que la sangre se te mezcle con el cha cha,

bríndame un te quiero con limón y sin mezclar.

¡Mira, que me vuelve loco!

 

Bailo como un loco en tu cintura dislocado,

sorbo de tu boca el veneno regalado.

Una telaraña de tu cuerpo me has echado.

¡Mira, yo me juego todo!

 

En la noche oscura, te escabulles a mi lado.

Subo por tu pecho, sin aliento y todo sudado.

Quiero tu cintura pero todo se ha borrado.

¡Ahora yo me vuelvo loco!”

De pronto, va a parecer que es el hombre quien, casanova, conquista mujeres con música, baile y verbo; pero también la mujer se ha desenvuelto plenamente en este arte de la seducción musical. Y para prueba Amor A La Mexicana de Thalía: “Compasión no quiero. Lástima no quiero. Quiero un amor duro que me pueda hacer vibrar. Tu sabor yo quiero. Tu sudor yo quiero. Quiero tu locura que me haga delirar. Suavecito quiero. Bien rudo lo quiero. Quiero que me llegue hasta el fondo del corazón. Lento yo lo quiero. Siempre más lo quiero. Quiero que me espante hasta perder la razón.” ¡Vaya! Si algún caballero se puede resistir a estos niveles del candor, será un extranjero de sangre fría; porque no hay piel morena que resista los embates de una dama llamando al amor de tal manera. Y por si fuera poco, Thalía no se conforma y lo vuelve a hacer con Piel Morena:

“Es la magia de tu cuerpo o el perfume de tu aliento, es el fuego de tu hoguera que me tiene prisionera. El veneno dulce de tu encanto es la llama que me va quemando; es la miel de tu ternura la razón de mi locura. No soy nada sin la luz de tu mirada, sin el eco de tu risa que se cuela en mi ventana. Eres dueño del calor sobre mi almohada, de mis noches de nostalgia, de mis sueños y esperanzas. Eres suave como el viento, eres dulce pensamiento, eres sol de mis trigales, eres miel de mis cañales. Son tus besos dulce fruta que me embriaga, que se lleva mis tristezas y devuelve al fin la calma. Prisionera de tu amor en la alborada, de tus besos, tus caricias que se quedan en el alma.”

Eso es una declaración de lo más poética. Que me parta un rayo si estoy diciendo una mentira o una barbaridad. Podría hacer un análisis literario sobre la lírica de la canción y exprimir cada figura retórica, cada imagen poética y cada estructura lexicosemántica que la compone, y explicitaría académicamente lo sobrasote de la canción. Pero mejor escucharla y bailar, para qué ponerse sesudos cuando a primera oída se siente el sabor. Justo así lo hacen las Hermanas Navarro en Pepe, una canción de fiesta, de baile, de apretujones, arrimones y caderazos.

Finalmente, cómo dejar fuera la maravillosa Piel Canela interpretada una y otra vez por tantos y tantos, pasada a cuantos géneros musicales se les antoje. Porque, al final del día, no importa en qué ritmo se diga sino con que intensidad, emoción y poesía:

“Que se quede el infinito sin estrellas

y que pierda el ancho mar su inmensidad,

pero el negro de tus ojos que no muera

y el aroma de tu piel se quede igual.

Aunque pierda el arcoiris su belleza

y las flores su perfume y su color,

no sería tan inmensa mi tristeza

como aquella de quedarme sin tu amor.”

Kobda Rocha

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Todo lo que no es

Este poema no es la historia de un hombre triste y solo que ha sufrido en su memoria, maldiciendo sobre Apolo, que en su eterna soledad se pasea por las sombras que le sirven como alfombras de su inmensa oscuridad. Esos cuentos ya son viejos y esos hombres son perplejos.

Por supuesto que tampoco éste es un cuento de hadas donde un mundo vuelto loco tienta a damas encantadas con la única ilusión de vivir su amor perfecto sin tener más que un defecto: la carencia de razón. Esos cuentos son tonteras y esas damas ni siquiera.

Esto no es una novela de un valiente y sobrio mozo que hace todo, que hasta vuela, pues se precia de amoroso, caballero andante altivo que pelea por su novia, que ante nada él se agobia, pues por ella sigue vivo. Esos cuentos son un chiste; si te gustan, ya perdiste.

No es la princesa dormida, prisionera en una torre, por dragones guarecida, esperando a quien los borre y del sueño la rescate como buen príncipe azul con semblante de gandul, rico, guapo y sin mecate. No hay un beso verdadero en un cuento verdulero.

No es la historia de un poeta miserable y solitario que una noche al darse cuenta calma el cielo su calvario, enviándole una linda estrella con la forma de una dama que lo arrulla, que lo ama cual la luna dulce y bella. Esos cuentos son mentira; quien los cree es quien delira.

Tampoco es el gran relato de una chica enamorada que desposa a un pazguato y termina embarazada, que en su casa se envejece y la vida se le escapa por los hijos y la etapa aunque no se lo merece. Cualquier cuento parecido son patrañas sin sentido.

Este cuento, en cambio, es todo lo contrario a esto. Un poema que ni es ni pretende nunca serlo. Una historia que no es ¡y qué bueno, yo me alegro! Y si usted no sabe qué es, pues ni modo, lo lamento.

Kobda Rocha

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Sooolooos

En la música, el solo de guitarra tiene una posición privilegiada, pues ha sido elevado al grado de lo sublime y climático. La guitarra es el instrumento que da vida, sostiene la existencia y perfecciona la presencia de una canción. Esto ha sido un poco injusto con el resto de los instrumentos, de los cuales también existen solos catárticos y momentos supremos; sin embargo, por la reputación de la guitarra, este instrumento ha sido estudiado y manipulado en tantas formas que no sorprende, tarde o temprano, llegar a los solos más memorables de esta era musical. Solos hay muchísimos, buenos solos también hay bastantes y la mayoría siempre son de los guitarristas que figuran en las listas de los mejores. Esto es sabido y repetido hasta el cansancio. Hoy, por eso, haré mención de algunos solos perdidos por la mayoría de los (por nombrarlos de algún modo) historiadores de la música. No están enumerados, pues no es mi intención colocar a unos sobre otros sino posicionarlos a todos juntos en una comunión horizontal. En fin, he aquí este humano top de solos de guitarra:

A) Everything Invaded de Moonspell tiene uno de los solos más exactos de todo el cosmos. Ricardo Amorim ejecuta un espléndido motivo ascendente que explota tras un momento de calma personificado por la voz de Ribeiro y una espera armónica en las cuerdas de Paixão. El solo encaja perfectamente en el sentido de la canción, comulga con las líricas, conjuga la intención de toda la pieza, y en un momento de perfecta comunión el sonido te invade completamente.

B) Only For The Weak de In Flames posee una línea melódica con base en los adornos de guitarra que desde el primer compás de la canción ya es ansiado el momento del solo. Björn Gelotte no sólo desempeña un maravilloso trabajo dentro del solo, sino que hace toda una preparación a lo largo de la canción con constantes figuras melódicas sobre la línea musical. Éste es un solo extendido, uno que se prepara con cautela y no se detiene hasta finalizar la canción con una satisfacción plena, de la cual sólo los débiles de espíritu musical podrían quejarse.

C) Heavyweight de Infected Mushroom tiene también un solo que perdura a lo largo de toda la canción. De hecho, ésta es una de esas piezas de las que se dice no ser una canción con solo, sino un solo con canción. El dúo israelí conformado por Erez Eisen y Amit Duvdevani logran una magistral pieza musical. Es cierto que el solo no es exclusivamente de guitarra, pues combinan sus recursos electrónicos con sintetizadores y samplers; sin embargo, la línea melódica líder sigue siendo la guitarra, poderosa y profunda como sólo este dúo de pesos pesados sabe hacerlo.

D) In The Fire en el proyecto Roadrunner United logró conjurar un extenso doble solo. Matt Heafy y Corey Beaulieu hacen mancuerna perfecta para dar vida a una canción exigente. Con la voz de King Diamond y la batería de Dave Chavarri, el trabajo solístico no era una tarea sencilla; así es que, con la estrategia maestra de combinar sus talentos, estos dos guitarristas encumbraron una pieza inolvidable. Tiene de todo: técnica, melodía, intención, profundidad, además es gratificantemente largo y representa, al punto, las ardientes llamas de una hoguera tostando brujas.

E) Una Juventud Perdida de Tierra Santa es una canción que ha sido injustamente olvidada por la crítica, opacada siempre por otras piezas de la banda; pero hoy le haremos justicia. Arturo Morras realizó un trabajo excelente en todo el álbum Tierras de leyenda, y logró en esta canción su más grande obra maestra, aún por encima de la majestuosa y tan afamada Canción del pirata. Tres veces dentro de la canción, parece que el solo ya llegó y terminó, como es lo común; todas las guitarras y figuras melódicas son magistrales y uno queda satisfecho con ellas; pero Morras no se detiene y, con cada sentimiento de la lírica, él nos brinda un nuevo motivo instrumental hasta que finalmente concluye en ese grito materno de añoranza, esperanza y preocupación por su hijo perdido en la guerra. Entonces, el verdadero y concreto solo de guitarra llega justo para llevarnos de la mano por un camino de lágrimas y coraje. La duración del solo redobla el tiempo que dura la canción en sí; es decir, el track es mitad canción y mitad solo; y aun así, el sonido se va en un fade out gradual, pues sería una insolencia detener la emoción que se ha desatado por este gran solo de guitarra. Sin duda, Una juventud perdida es una maniobra de emotividad pura.

F) Simple Man de Lynyrd Skynyrd es otra pieza llena de emoción y sentimiento. Gary Rossington es un genio sensitivo; no sólo su línea musical es melancólica y hasta nostálgica, sino también el momento del solo casi imperceptible. Uno está metido en los consejos de sabiduría que, cuando se presenta el solo de guitarra, parece seguir dándonos una cátedra de madurez. Éste es un solo maestro, no solo por ser una obra maestra sino porque es un solo que te enseña a vivir, que te enseña a sentir, que te enseña a ser un hombre simple.

G) Unhealer de Ihsahn, en un grandioso dueto con Mikael Akerfeldt por cierto, nos ofrece su mejor solo de guitarra. Se luce desde la figura melódica que encabeza la canción, pero no es hasta el momento del solo en que se puede ver su verdadera genialidad. Con un contraste en el tempo del acompañamiento musical, logra un abrupto golpe armónico a los oídos. Una vez escuchándolo, la marca de grandeza es incurable.

H) Marc Rizzo ha creado muchos solos espléndidos, sin embargo, es en Introspection Of An Introvert donde deja salir lo mejor de sí. Diez dedos que parecen cincuenta y una experiencia formada de metal y flamenco hacen que Rizzo tenga un desempeño óptimo en cada cuerda que roza. Es imparable, es indomable, es incuestionable. En el puente melódico de la canción es donde logra la perfección; en algún momento uno deja de escuchar sonidos de guitarra y se comienza a oír la voz del alma de Marc, su introspección, su introversión, su maestría.

Kobda Rocha

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Testigo del mal

Toda mi vida escuché a la gente hablar del diablo. Nunca lo creí en realidad. Durante mi niñez, mi madre me advertía de su existencia y de sus tentaciones. Recuerdo también que mi abuela me contaba historias del diablo y de cómo le jugaba trucos a la gente. «El mal existe,» me decían, «existe a través de toda la maldad que las personas cargan en su pecho, existe en las conversaciones prohibidas, existe ¡por Dios que existe! …y debemos tener cuidado de no caer en la tentación…».

En realidad, nunca lo creí. Para mí, esos sólo eran cuentos que inventaban para asustar a los niños, para lograr que nos portáramos bien; siempre creí que inventaban esos casos extremos únicamente para dejarnos una enseñanza, para comprender la moraleja final ―como en los cuentos de los hermanos Grimm o en las fábulas de Esopo que nos contaba el maestro Salvador.

Nunca lo creí… hasta ahora.

Ahora sé, Dios mío, que el mal sí existe. Lo he visto. La gente es malvada… los hombres son perversos; y las mujeres, maliciosas. ¿Qué les voy a decir a mis hijos después de haber visto esto? «Niños, el diablo existe.» Voy a sonar como mi madre si digo eso. Quizá no me lo crean, como yo no lo creía antes.

Horripilante. No encuentro otra palabra que lo describa. Tal vez, maléfico. Simplemente no lo puedo creer, incluso existen sectas de adoración. ¡La gente se arrodilla ante él y ¡le rezan!, por Dios que le rezan y le imploran salvación! Están convencidos de que ese demonio es el Dios verdadero; tienen imágenes de personas y dicen que son los santos, pero los verdaderos santos eran buenos y hacían el bien, pero sus santos son herejes que dedicaron su vida a profesar su falsa religión; incluso, ¡Dios mío, líbranos del mal!… incluso también han nombrado a una mujer Virgen, Madre de Dios.

¡Por piedad, Dios mío, te lo suplico, salva mi alma y la de mi familia! No permitas que mis hijos caigan en la tentación… no permitas que yo caiga en la tentación.

Esa gente hace el mal todos los días: mienten, roban, se faltan al respeto, se pelean ―entre ellos y con otros―, violan, asesinan, se emborrachan y juegan, se entregan a los vicios, ofenden, insultan, golpean a sus esposas y a sus hijos, son infieles, engañan a sus maridos, son chismosos, vanos, ¡y su dios lo permite! Nadie les dice nada. Lo peor de todo es que ellos, en verdad, creen que están bien. Creen que todo eso está bien, se conceden divina licencia, viven engañados, los niños… ¡Santo Dios! Educan a los niños de la misma forma, diciéndoles que están bien, que su religión es buena. Ellos crecen creyendo que hacer todo lo que hacen está bien.

Jamás lo creí hasta este momento…

Yo soy testigo del mal. Hoy he visto los fantasmas que ahogan su verdad, he escuchado oraciones de blasfemia, alabanzas de sus malditos sacerdotes. Falsos dioses de negros nombres, la mujer en cuerpo de muerte, una andanza por caminos de espinas y del alma el endeble consuelo. Hoy he escuchado coros de lamentos y sollozos en vísperas de abducción. Hoy soy testigo del mal… hoy tengo miedo.

He venido buscando a Dios, padre. He acudido a usted por consejo y consuelo. Estoy aquí para confesar mis pecados… para relatar lo que he visto y desahogar mis penas.

…y esto no termina ahí, ¿sabe? Lo peor de todo es que son tan malvados que inclusive han crucificado a su dios; y en el cuarto del comedor no cuelgan El Aquelarre de Goya como nosotros, sino La Última Cena de Da Vinci.

Kobda Rocha

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Pacto

No he venido con reproches polvorientos,

no pretendo rezumar la desazón,

yo no cargo con seglares sentimientos

ni tampoco visto fardos de rencor.

Yo he vivido multitud de iniquidades;

como el mártir de la iglesia en su misión,

es mi vida sucesión de adversidades,

es mi pecho el recipiente del sopor.

Procuré los buenos modos sin preludio,

dediqueme a lo correcto y al deber,

mi objetivo fue el camino del estudio,

los inmensos beneficios del saber.

Invertí mis años mozos al trabajo,

ciudadano más altivo que ejemplar.

¡Pero el mundo es un maldito escupitajo,

un pantano, una marisma, un huracán!

Fue terrible mi accidente desdichado,

fue solombra, fue penumbra, fue acritud;

ahora soy un pobre inválido lisiado

sin estima, sin sonrisa y sin quietud.

«No es el fin» dicen los sanos optimistas,

«No te rindas» dijo empático el doctor,

pero yo sé bien que es voz de conformistas,

resignados a vivir con su dolor.

No hace falta ver al cielo prosternado,

pues rezar no cambiará lo que pasó;

es inútil suplicar arrodillado

porque dios es otro imbécil como yo.

Impotente mentecato desvalido,

si me aguarda, si me escucha o si me ve,

sordomudo indiferente y aburrido,

ni me ayuda ni me entiende ni me cree.

Hoy, por eso, invoco presto a los demonios,

a las flamas del infierno ruego yo

que al honrarme con sus dignos testimonios

me concedan lo que el cielo me negó,

que la gloria del averno sea la cura

de la tirria que este mundo puso en mí,

que en mi alma la bicorne fiel creatura

haga merma de mi pena y mi sufrir.

Pido atento en justo pacto una avenencia,

un contrato que se cumpla a toda ley:

quiero un poco de alegría en mi existencia,

luego a cambio depondré al sumo rey.

Cuando muera, iré al vergel a sublevarme

y daré un golpe de estado contra dios;

hallaré la forma idónea de vengarme,

lograré lo que ni el diablo conquistó.

Kobda Rocha

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Coprofernalia para triptofanitos retuertos

Crucé la infancia con la tortura de atinar a responder correctamente la pregunta más farisea que puede lanzarse contra un niño ingenuo y perturbado: “¿qué quieres ser de grande?”.

Quiero ser una buena persona, quiero ser un hombre justo, quiero ser honrado y honesto, quiero ser un buen amigo y el mejor esposo, quiero ser un excelente ser humano; ninguna respuesta satisfizo nunca a los adultos. Ellos esperaban que respondiera con un verbo, una acción, lo que quería hacer, una profesión. Quiero ser un lector loable, quiero ser un gran pensador, quiero recostarme en el campo y mirar el cielo todos los días, quiero ser el mejor escucha que un músico pueda tener, quiero ser un fiel fanático de las artes, quiero aprender a apreciarlo todo, quiero amar la vida, el mundo y los humanos en él. Pero ninguna respuesta satisfizo nunca a los adultos.

“Astronauta, maestro, doctor, bombero” decían otros niños. “Quiero ser rico, ¡millonario!” parecía funcionarle a mi primo segundo. “Quiero ser como mi mamá” contestaba mi vecina. Pude plagiarme sus respuestas, pero preferí ser sincero con ellos y conmigo ―aunque eso me costara el bienestar emocional. Quiero ser feliz, quiero ser dios, quiero ser yo mismo. Sólo conseguí sendas risas y leves burlas por mi pueril inocencia. “Ya crecerá,” se decían los unos a los otros sin preocuparse por que yo los escuchara, como dando por hecho que era tonto y que no entendía lo que eso significaba; “tendrá que madurar algún día” repetían incrédulos.

Tenían razón. Crecí, y maduré. Por fin lo conseguí. Ahora soy una buena persona, soy un hombre justo, soy honrado y honesto, soy un buen amigo y el mejor esposo, soy un excelente ser humano, soy un lector loable, soy un gran pensador, me recuesto en el campo y miro el cielo todos los días, soy el mejor escucha que un músico puede tener, soy un fiel fanático de las artes, he aprendido a apreciarlo todo, amo la vida, el mundo y los humanos en él, soy feliz, soy dios, soy yo mismo. Con embargo, los adultos todavía no están satisfechos con ello.

Kobda Rocha

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Best Bass Beginnings

En esta ocasión, la digresión de esta semana estará destinada a lo intros de bajo más sabrositos. Es menester aclarar que de estos hay muchísimos, por lo que no voy a mencionar “los mejores” según los análisis musicales por teoría o desempeño (que la crítica haga su trabajo sin mi intromisión) sino, más interesante aún, mencionaré los que personalmente causan una impresión, una emoción o una sensación maravillosa al escucharlos. Así pues, aquí mi top:

A) Twiggy Ramirez en Weak And Powerless de A Perfect Circle hace una entrada espectacular: el caminar de los escarabajos. Refleja el perfecto andar de una sirena cavando su propia tumba, desesperada y hambrienta, débil y despoderada. Complementando su actuación con un ciempiés a media canción, tantas pisadas sin tropiezo, en total armonía.

B) Schism es probablemente la canción con el intro de bajo más intenso que Justin Chancellor haya podido llevar a cabo. Es profundo, es excelso, es magistral, es… Tool.

C) En Seemann, Oliver Riedel alcanzó uno de los bajos más nostálgicos de todos los tiempos. La destreza tanto en composición como en ejecución es sublime. Esta gran canción de Rammstein, liderada por este gran intro, no tiene falla alguna; de principio a fin, la línea armónica del bajo es una maravilla.

D) Poder de Maniática tiene uno de los mejores intros de bajo que España ha logrado conjurar. Luis Miguel Ruiz “Txispin” alcanza un movimiento prodigioso tan tremendo que no importa lo que venga después, la canción ya vale con solo el puro intro de bajo, el cual es incluso por mucho mejor que el solo intermedio de guitarra.

E) Por Piedad de Luzbel abre con un supremo bajo de Antonio Morante. Lento, hosco, acompasado y monotonal; el sonido representa a la perfección el viacrucis, cada golpe al instrumento es un paso de cristo acarreando el madreo sobre su espalda.

F) En general, Chris Wolstenholme hace un excelente trabajo como bajista en Muse; sin embargo, en Hysteria logró detonar una sensación de verdadera histeria. Apenas comienzan a sonar los primeros compases, uno siente la irrefrenable ansiedad de ir y poseer aquello que uno quiere con más ganas en esta vida. Este intro tiene la aceleración al punto que se necesita para ser genial.

G) Talena Atfield ejecuta una eminente Paperdoll, posicionando a Kittie en el pináculo de su sonido inaugural. Tiene una agresividad desconcertante, como un rencor desenfundado que explota mucho antes de que el resto de la instrumentación se atreva a seguirle el paso. Éste es un desempeño digno de ser un intro solo de bajo, sin compañía alguna, es suficiente con su propia majestuosidad.

H) Type O Negative en Black No. 1 abre con un ultra súper duper archi réquete recontra espléndido bajo. El sonido de la noche sensual, la oscuridad en luna llena, la muerte seductora, la número uno. Peter Steele se sacó un diez redondito con este intro, sin desconsiderar todo el gran trabajo realizado a lo largo de su carrera como bajista.

I) Transmetal tiene muy pocos intros de bajo. Algunos buenos están acompañados por el resto de los instrumentos o no son precisamente intros (Las alas del emperador como ejemplo), pero entran a esta lista gracias a la grandiosa El único oscuro del disco Zona Muerta. Un bajo tremendo, gran trabajo del maestro Lorenzo Partida.

J) Y finalmente, Micky Huidobro en Que no te haga bobo Jacobo. Masterice!!

En fin, la lista podría extenderse harto más. No he mencionado a muchos: República de ciegos y Caliente de Juan Chávez en Resorte, Escupes la daga de Mario Amador en Leprosy, Matando güeros de Hongo en Brujeria, Memento Audere Semper de John KillerBob en Cadaveria, etcétera, etcétera y mucho más etcétera. Sin embargo, quiero terminar esta digresión con una mención especial:

K) En el álbum tributo a Transmetal, Ricter interpreta Amanecer en el mausoleo, la cual es una canción instrumental carente de intro. Pero en este cover se añade un intro (no solo de bajo) pero la línea melódica del bajo es una preciosura musical. Por mucho, este cover supera a la canción original, pero eso ya es tema de otra digresión…

Kobda Rocha

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17 años para recorrer el mundo

Hoy, 14 de febrero de 2036, mi sobrino Jorge Luis compartió una imagen con el poema XVII de Bécquer en el perfil de su novia Ulalume. Esas imágenes siempre se comparten masivamente sin saber nunca quién las generó; así que me pareció interesante averiguar.

La imagen venía de una publicación hecha el 27 de marzo de 2019 en la página llamada Poemas Románticos y otras cursilerías ♥. Lamentablemente, el administrador que la publicó es Bombita, lo cual hace imposible rastrear al responsable, pues Bombita podría ser cualquiera en este mundo. Sin embargo, en la descripción tiene una dedicatoria:

«Algún día, después de darle la vuelta al mundo y ser compartida por generaciones y haber ayudado a miles de parejas a enamorarse, esta imagen finalmente encontrará su destino y se proyectará en la pantalla de tu celular.»

– Bombita –

Entonces, apago el celular, te miro tiernamente y exclamo con un poco de miedo: “¡Gracias… Bombita!”. Sonríes traviesa y complacida, pues sabes que es cierto: hoy creo en dios.

Kobda Rocha

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Aún…

Cuando mi esposo murió, me lo comí. Era lo más natural después de cincuentaidós años de matrimonio. Tantos años de amor no se pueden echar a un hoyo en la tierra así nomás. Es, simplemente, antihumano. Más sensato era comérmelo.

No me lo comí en una sentada, me lo fui chiquiteando durante nueve meses: me desayunaba un vasito de sangre, me cenaba un ojito con mermelada, a veces preparaba un caldito de pie o mano y me duraba para tres o cuatro días. Lo último que me comí fueron sus labios; es que no podía decidir cuál era la mejor forma de guisarlos, con tantas cosas que me dijo, con tantos besos que me dio, ¡ay! tantos recuerdos… y al final me los comí así, crudos y fríos, como habían estado últimamente.

En estos últimos tres meses ya nada me sabe igual. Ya no me entra el pollo ni el cerdo ni la res ni el pescado; es más, ya ni la fruta ni el pan ni las frituras ni nada. Después de mi marido, todo lo siento insípido y sin chiste.

Antier, justo en su primer aniversario luctuoso, sentí que me moría de tristeza y soledad. Tal vez sí lo hice, porque lloré y lloré y lloré. Es que mi viejito me hacía tanta falta… Cuando desperté ese día, mis piés no entraron en los zapatos; supuse que estaban hinchados por la mala circulación y que por eso todos mis zapatos me quedaban chicos. Pero más tarde me empezaron a salir dientes nuevos; creí que estaba loca, ¡cómo a esta edad me iban a crecer dientes otra vez! Y se puso más extraño en la noche cuando fui al baño y vi que ya no tenía vagina, en su lugar me colgaba un penecito arrugado: me masturbé para ver qué se sentía pero, por más que froté y froté por horas, nunca se puso duro.

Ayer desperté con barba y sin senos. Mi vista había mejorado después de treinta años, ya no necesitaba los anteojos. También mi estatura había aumentado y mi artritis desapareció. Lo malo es que me empezó a doler el riñón y me apareció una tos tan tremenda y molesta que terminó por dejarme la voz ronca y grave. Fui desapareciendo poco a poco hasta que el espejo dejó de reflejarme por completo.

Hoy por fin salí a la calle; fui al mercado a comprar una pechuga de pollo y un kilo de tomates verdes. Cuando me preguntaron «¿Qué milagro, señor? ¿Cómo está usted?», yo sólo les respondí que me siento muy triste y muy solo, que la comida ya no me sabe y que ahora todo se ve más negro en esta casa vieja. Tal vez, después de vivir cincuentaidós años casado con la misma mujer, es bastante natural sentirse así tras su muerte. Pero yo, de todos modos, extraño tanto a mi viejita…

Kobda Rocha

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La generación del fracaso

Pertenezco a una generación volcada en la desilusión, nacida en la comodidad (sí) pero heredera del desencanto. El grupo de estadísticas al que pertenezco es de ociosos inconformes pero, al mismo tiempo, de activistas conformistas. Somos los vegetarianos, veganos, naturistas, ecologistas, ateos, agnósticos, cientólogos, conspiranoicos, facebookeros, twitteros, yutubers, instagramantes, lesbianas, gays, bisexuales, trasvestis, transgéneros, transexuales, intersexuales, pansexuales, asexuales, demisexuales, queers, zoosexuales, feministas, feminazis, emos, hipsters, morenórdicos, vikingóticos, emprendedores, universitarios, sabionditos, que saben mucho pero no saben qué hacer con lo que saben. Somos una población que tiene toda (¡TODA!) la información a la mano (literal “a la mano”) en un teléfono móvil con veinte pesos de saldo para internet pero que, aún, nos la pasamos viendo videos insulsos y compartiendo memes bobos, entretenimiento ambos para pasmarotes y patosos. En fin, pertenezco a una generación que fracasó. Y ya. Fracasamos y punto.

Las historias de mi antepasado más antiguo que se contaban (las de mi tatarabuelo) eran sobre un hombre paupérrimo entregado al trabajo duro, de campo, de sol a sol, sin descanso más que el lecho amoroso de su esposa y las risas joviales de sus hijos. Él era un hombre que enseñó a mi bisabuelo el valor del trabajo y la familia, hombre de fe que inculcó la devoción y la virtud en toda su decendencia, practicante de buenos hábitos, cariñosos, trabajador (eso ya lo dije pero era tan trabajador que quizá debiera repetirlo tres veces) y, por sobre todas las cosas, trabajador.

Mi bisabuelo fue un revolucionario que peleó por defender a su nación. Era un hombre de principios, de valores, lleno de orgullo y patriotismo. No se amedrentaba ante hombre alguno y era capaz de acomodar una bala en cualquier sien con tal de asegurar el bienestar de su familia, su pueblo y su dios. Él era un hombre valiente, valeroso y honorable.

Mi abuelo, hijo de la revolución, aprendió de su padre sobre honor, fidelidad y patriotismo, y de su abuelo aprendió sobre trabajo, ahorro y sensibilidad. Él aprendió a leer y escribir gracias a que curso tres años de primaria. Heredó de su padre un gran terreno de milpas y ganado, además de la casa y todas sus pertenencias. Aprendió a disparar su arma pero nunca la usó porque nunca fue necesario, ya que todos en el pueblo lo respetaban. Se casó a los quince años y murió sonriente junto a su esposa. Trabajó desde los diez años y no se detuvo hasta los setenta; hizo una fortuna con sus manos enlodadas y su frente bajo el sol; a cada uno de sus hijos le dejó terreno, casa y educación escolar. Era amoroso con sus nietos y nos daba mejores consejos y enseñanzas que cualquiera de nuestros padres o maestros.

Mi padre fue uno de esos hippies revoltosos, luego punketos anarquistas y después rockeros rebeldones. Estudió animosamente hasta la preparatoria y, aunque dejó trunca la universidad tras darse cuenta que no pasaría jamás del segundo semestre, participó de todos los movimientos sociales de posguerra que surgieron en su juventud. Se gastó la riqueza de su padre en banalidades para disfrutar la vida al máximo pero, finalmente, se enroló en una empresa donde trabajó diariamente durante más de treinta años hasta su jubilación por seis mil pesos cada quince días de ocho horas más bonos, aguinaldo y prestaciones. Financió toda mi educación escolar hasta el posgrado y murió en la cama donde duerme mi madre. Él solía decirme que yo podía lograr todo lo que yo quisiera hacer y que lo más importante de todo era mi felicidad. También solía decir que él había superado a su padre y que deseaba que, igualmente, yo lo superara a él en todos sentidos.

Recuerdo que en mi infancia y adolescencia escuchaba canciones con alto entusiasmo en el mensaje social que promovían la unión de los pueblos contra la opresión, dispuestos a todo para conseguir una mejoría en nuestro estilo de vida. Desde la ya para ese entonces vieja Abuso De Autoridad de Three Souls In My Mind hasta la novedosa Energía Contra Ley de Sekta Core. Con sólo los títulos de las canciones ya se sentía un impulso por levantar el puño exigiendo justicia: Andamos Armados de Control Machete, La Carencia de Panteón Rococó, El Vals Del Obrero de Ska-P. Cómo olvidar ese grito insistente, orgulloso de estar entre el proletariado, y aquel gran himno de Molotov, Gimme The Power, en contra de los poderosos, los barbajanes y el gobierno.

Tres grandes bandas que promulgaban la consciencia social y la resistencia de clase eran Resorte, A.N.I.M.A.L. y Brujería. La primera canción del primer disco de Resorte, América, era ya una invitación a la congregación de todo Latinoamérica en pro de los derechos humanos (tal como lo hizo nuevamente Molotov en Voto Latino y A.N.I.M.A.L. en Poder Latino) y no sólo era un mensaje de unión sino de pensamiento; así se reflejaba en Think y en Opina O Muere (las cuales son comparables con Habla Y Piensa de Sekta Core), qué maravilla es que alguien te dé a elegir: opinar o morir.

Las dos Revolución, de Brujería y A.N.I.M.A.L. respectivamente, eran un gran grito de fuerza y coraje. En realidad, Brujería se preciaba de valentía casi al grado de guerrilla: División Del Norte y Marcha De Odio son ejemplo de ello. A.N.I.M.A.L., por su parte, tiene un gran historial de memoria, fuerza y unión: Gritemos Para No Olvidar, Usa Toda Tu Fuerza y Fuerza Para Aguantar por mencionar algunas de las mejores.

Creo que se esperaba demasiado de una generación que creció con tan emblemáticos ídolos de fuerza, resistencia, rebeldía y unión; pero no fue así. Seguramente mi tatarabuelo, mi bisabuelo, mi abuelo, mi padre y todas las bandas que escuchaba en mi juventud estarán decepcionados de un tipo macilento con estudios de maestría en una materia que a nadie interesa y que en nada ayuda a este mundo, sin empleo, sin metas a futuro, sin hijos, que se casó y se divorció por razones estúpidas ambas veces, que vive en casa de su madre y nunca va ni a una junta vecinal porque no le importa su pueblo, su nación ni su integridad propia aunque presume de consciente, tolerante, empático e incluyente. Qué otra cosa se podría esperar de un tipo que pertenece a una generación exitosa para fracasar.

Kobda Rocha

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Scream Masters

Hoy haré algo diferente con la digresión de esta semana, algo que no había hecho hasta ahora y que probablemente sea un ejercicio recurrente a partir de ahora. El recurso será una lista, una especie de top. Comenzaré esta primera lista con los mejores gritos, los cantantes con las cuerdas vocales más fragorosas. No he querido enumerar la lista porque eso supondría que estoy posicionando a unos sobre otros, de mejores a peores o viceversa, y no es ésa mi intención; por ello, he optado por utilizar incisos para que no refleje soberbia superioridad sino coexistencia y comunión.

Probablemente, debiera comenzar con King Diamond, Rob Halford, Bruce Dickinson o alguno de los afamados y siempre nombrados clásicos padres del género; sin embargo, atenderé más a mis preferencias personales y mencionaré los que yo considero más significativos en mi repertorio auditivo, además así no terminaremos repitiendo lo mismo de siempre…

A) Glen Benton es lo más hosco, corpulento y desgarrador que conozco en cuanto a gritos se refiere. Su tratamiento combinado del grave al agudo es sinigual. La escala de alcance que tiene, cada vez mejorado con el tiempo y la práctica, ha hecho de Benton el amo y señor de la maldad vocal. Una invocación al señor oscuro en boca de Glen Benton es el mayor himno a las tinieblas.

B) Peter Tägtgren es poseedor de una garganta estruendosa. Sus gritos, sobre todo los agudos, son un deleite sonoro. Él ha logrado perfeccionar sus desplantes vocales en exacta comunión con sus composiciones; desde los inclementes remates de Roswell 47 en Hypocrisy hasta el ejemplar intermedio de Just Hate Me en Pain, Tägtgren se ha posicionado como un maestro del grito.

C) Dani Filth es otro de los vocalistas con suma potencia vocal. Sus predominantes agudos son el ingrediente explícito de profundidad y malevolencia que dan a su desempeño vocal su peculiar excelsitud. Dani Filth es una eminencia de profundidad, es una aguja que llega hasta el fondo del abismo, es un glorioso taladro en el oído.

D) Los gritos de Morgan Lander en Spit son poderosísimos. Todo el álbum debut de la banda tiene una intensidad en sus desempeños vocales, los cuales tienen una correlación directa con las letras y temáticas, sin mencionar la fuerza rítmica musical. Kittie, en el año 2000, nos ofreció la novedosa epifanía de un new metal femenino con intención y maestría. Éste es un discazo lleno de emoción, de sinceridad, de revelación.

E) Sakis Tolis es también uno de los maestros del grito. El suyo es un grito un poco más mesurado en cuanto a brío se refiere, mas no por ello menos vigoroso. Es intenso, profundo, emotivo, cargado de intención y sentimiento. Su trabajo en Kata Ton Daimona Eaytoy es prueba de su magnanimidad. A lo largo de la biografía de Rotting Christ, Sakis ha tenido grandes etapas con distinto desempeño de buenos alaridos en cada una, aunque quizá su mejor entrega es Elthe Kyrie donde, a dueto con la fabulosa Danai Katsameni, evoca una sonoridad impresionante… inevitable… imprescindible.

F) In This Moment es quizá mi favorito personal. El desenvolvimiento de Maria Brink como vocalista la ha llevado a niveles supremos de emotividad. La música exacta creada a la medida de su voz, sus letras llenas de furia y su agresividad repentina hacen de Maria Brink una garganta estrepitosa, potente, desgarradora y perfectamente sublime. Es ella la mejor de todos.

Ha llegado el momento de nombrar a aquellos que entran a las filas de esta lista por un solo grito en toda su carrera. Y no es que sean malos (de hecho en general su trabajo vocal es bueno… aunque no suficiente para compararse con los grandes, en cuanto a gritos se refiere) sino que en algún momento lograron superarse a sí mismos y nos ofrecen un deleite peculiar, único, casi eventivo.

G) El primero de esta categoría es J Mann de Mushroom Head en These Filthy Hands. Como dije, todo su desempeño en el álbum debut XX y su secuela XIII es excelente; sin embargo, en esta canción en particular se lució al gritar “I gotta get clean! The rain will cleanse me, and I’ve got to wash these filthy hands…” con un perfecto contrapunto a lado de Jeffrey Hatrix.

H) El segundo de la categoría en mi lista es Tavo Limongi, quien ya se preparaba desde su grito de apertura en América. Al igual que J Mann con Jeffrey, Tavo encontró su contrapunto perfecto con Juan Chávez. El grito máximo se encuentra en Mal Te Equivocas del álbum XL con el tan tremendo y desgarrador “Maaaal…!!!”.

I) El tercero es el gallo Micky Huidobro de Garay en la canción Apocalypshit. De hecho, ya tenía sus antecedentes, por ejemplo, desde ¿Por qué no te haces para allá… al más allá? y Que no te haga bobo Jacobo, pero en esta rola de verdad se le metió el diablo en ese grito final desinteresado siquiera cuando termina la canción, pues el grito no cesa sino hasta que el demontre es exorcizado.

Hasta aquí dejaré esta lista por ahora. No obstante, algo que no se debe olvidar es que los gritos no son aislados, siempre están acompañados de todo a su alrededor, todo influye y participa en la calificación del grito: la letra, el ritmo, el momento, incluso el volumen, la duración, el tono, la posición interna en la estructura, aun la ecualización y el motivo. No es lo mismo gritar de dolor, de sufrimiento, de miedo, de placer, de coraje, de nervios, de odio, en fin, los hay de todos tipos y no puedo enlistarlos todos porque es un trabajo largo y exhaustivo; sólo he puesto algunos de mis predilectos sobre la mesa y que cada quien arme su propia lista atendiendo a su gusto personal.

Kobda Rocha

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La tierra de Nunca Jamás

Donde vivo nunca pasa nada. Todo lo que pasa en el mundo sólo pasa allá, en el mundo, pero aquí nunca pasa nada. Cuando hay una guerra, siempre pasa en otros países donde hay algo por qué pelear, pero aquí nunca hay guerra porque no hay nada qué defender porque no tenemos nada qué perder… y nuestra propia vida no es razón suficiente para pelear y morir por ella (aún con su irónica contradicción).

Las personas importantes, ricas, poderosas, inteligentes, nunca son de aquí. Ninguno de mis vecinos es un científico, un presidente, un astronauta, un artista, uno de esos personajes que salen en la tele. Aquí nunca viene nadie de afuera; es más fácil que nosotros salgamos al mundo a que alguien de allá afuera venga de vacaciones para acá. Es éste un lugar donde nunca ha nacido nadie que a la historia le valga la pena recordar.

Los grandes edificios de las grandes empresas nunca se establecen aquí. Los deportivos, los auditorios, las salas de arte, las universidades, las súper autopistas de dos pisos, los trenes y teleféricos, cualquiera de los magnos proyectos urbanos nunca se lleva a cabo por estos rumbos. Todo lo bonito e importante sucede en las grandes ciudades, no aquí. Lo más que ha llegado a pasar es que mandan un camión maroma a echar chapopote en las calles para emparejar las rúas rellenando los baches.

En las noticias siempre dicen que hay ataques terroristas, conflictos bélicos, epidemias sanitarias, locos asesinos, violadores, marchas pacifistas exigiendo mejoras sociales, pero nada de eso pasa aquí, ni las marchas ni las mejoras sociales. Aquí importan poco los derechos humanos, igual nos asaltan y nos matan por cualquier bicoca sin motivo ni justicia. Y cuando dicen que las cosas van a mejorar y que ya vendrán mejores tiempos, en realidad, no se refieren a nosotros; aquí siempre estaremos igual, ni peor ni mejor, sino como siempre ha sido: igual.

A nosotros no nos inmuta si en Medio Oriente se está negociando la paz ni si en China se muere la gente por montón. En donde vivo es irrelevante si el humano ya llegó a Marte o a la Luna. También carece de importancia si hay robots que facilitan la vida y si ya hay cura para el Cáncer o el SIDA. Nada de lo que pase en el mundo altera lo que pasa aquí porque, de todos modos, ese mundo perfecto aquí nunca llegó… ni llegará.

Kobda Rocha

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