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La quimera de la perfección

Hace un par de semanas apenas, me tope de frente con un disco excelentísimo. Musicalmente hablando, es poderoso, complejo, crudo, elevado, maduro y potente. Una pieza del metal argentino que resulta imprescindible para todo oído avezado en el arte de Euterpe. Estoy hablando del álbum La Quimera De La Perfección de la sublime e icónica banda Avernal. Es éste un disco único lleno de talento y harto trabajo compositivo, con letras increíblemente destructoras, rebeldes, resistentes, contestatarias, subversivas, pero además inteligentes, profundas, reflexivas, penetrantes e intelectuales incluso. El mensaje lírico es fabuloso, pocos discos (y aún más pocos en esta actualidad dosmilera) tienen un significado tan humano, tan social, tan superior. Las nueve canciones que conforman este álbum transcurren magnánimas, con letras eminentes y musicalizaciones devastadoras. En pocas palabras: es una chulada de disco.

El disco es impecable tanto en lo musical como en lo lírico (nunca me cansaré de repetirlo). Lo importante ahora es el arte visual. La portada es una de las mejores que haya visto en todo mi recorrido por los placeres de la música. Santiago Caruso es sin duda uno de los mejores ilustradores que se hayan visto sobre esta piedra, justo a la merecida altura de Eliran Kantor, Edmundo López y Kristian Wåhlin. La ilustración es tan grandiosa que incluso la banda tuvo a bien mantenerla intacta, por lo que ni el logo de la banda ni el título del disco figuran sobre la portada sino sólo en la costilla lateral. Piénsese en lo siguiente:

En el borde inferior, un hombre yaciendo muerto con pies, brazos y cabeza separados del cuerpo, laceraciones en el costado y antebrazo, la cabeza (desprendida del torso) apoyada sobre un libro enorme. Posando sobre su pecho un cuervo negro dirigiendo su atención hacia atrás aunque su cuerpo apunta hacia adelante. El pene del hombre está erecto, siendo atraído por la mujer levitando sobre él en posición de meditación espiritual. Del pubis del hombre sale una larguísima víbora tricéfala que se extiende hasta el pubis de la mujer. Ella tiene un círculo perfecto en el estómago, un águila real en el pecho y una insignia de divinidad en la frente. Una vena dorada comunica sus manos rodeando su cabeza. Los labios son negros, de su boca emana una luz que cubre al hombre de cabeza a pies. También de su cabeza sale una luz hacia arriba y posee un par de alas de murciélago que surgen detrás de sus orejas.

  1. El hombre desmembrado es símbolo de la masculinidad inofensiva. Las extremidades son las armas mortales del hombre. Lo importante es que también la cabeza está separada, lo que la rebaja al nivel de pies.
  2. La cabeza, separada del cuerpo, yace sobre un libro enorme. Esto es metáfora de la inutilidad de la ciencia para un cuerpo muerto. Aunque la cabeza del hombre se pose sobre siglos de cultura inteligente, no sirve de nada si el cuerpo está inerte y sobre todo separado de ella; de qué sirve todo el conocimiento en la cabeza del hombre si su cuerpo está separado de ella y no puede acatar sus órdenes.
  3. El cuervo es un ave de rapiña, por eso se alimenta del cuerpo del hombre, porque está putrefacto, simbólicamente hablando.
  4. El pene está erecto, ¡vivo!, a pesar de que todo en el hombre está vacío de existencia.
  5. El círculo es un ojo, el tercer ojo… en el estómago, en las entrañas, en el instinto.
  6. El águila real es el escudo de todo un pueblo, de su cultura, de su historia, es latinoamérica latiendo en su pecho.
  7. Ambas manos abiertas, una iluminada ofreciendo todo su potencial, la otra recibiendo todo cuanto el mundo tenga que brindarle
  8. Los labios son negros, color signo que rechaza cualquier ente que tratase de aproximarse a ellos.
  9. La luz de su cabeza se dirige al cielo y no hacia un libro en el suelo, lo cual significa que es una luz de sabiduría, no de conocimiento.
  10. La espalda es el pilar que sostiene el cuerpo, la cabeza es el pilar que sostiene al alma. Por eso, las alas no surgen de la columna vertebral sino de la nuca.
  11. Las alas no son de ángel ni de ave emplumada sino de murciélago. Conózcase al animal y se podrá interpretar el simbolismo.

En fin, podríamos seguir y seguir hablando de esta portada. Eso sin entrar en detalles con la música y sobre todo en las magníficas letras. Pero queda claro que, en definitiva, La Quimera De La Perfección es una portada espléndida. Por cierto, el título del disco engloba todo lo que he escrito en esta digresión y lo perfecciona. Mírese la portada y descúbrase que ésa es exactamente la quimera de la perfección.

Kobda Rocha

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Lo que hace falta para ser valiente

Harto de la vida, pasa sus tardes al borde de un acantilado mirando el abismo del firmamento y de la duda. Harto está de una vida cuotidiana de trabajo, dinero, gente, palabras, velocidad, política, egoísmo, crimen, sexo y desilusión. Todas las tardes después de la vida, se sienta en el borde del mismo acantilado y sueña con caer… o con volar.

Todo el mundo dice que le falta valor para decidirse y finalmente lanzarse a la muerte. Dicen que es un cobarde, que no tiene las agallas. Lo dicen como si ellos las tuvieran. En el mismo punto que él, cualquiera dudaría. La muerte es un sueño que todos los desdichados esperamos con ansia pero que ninguno se atreve a tomar por cuenta propia. ¿Qué hace falta para ser valiente?

Todas las tardes mira y sueña. ¡Qué hombre tan valiente! Quizás el más valiente de todos los hombres. Su valentía es estar al borde de un acantilado y tener la fuerza para dar la vuelta y regresar a este mundo maldito. Cualquiera en su lugar ya se habría arrojado… o peor aún, hubiere caído accidentalmente.

Kobda Rocha

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El valiente

Caminaba como siempre con la cabeza gacha, la mirada al suelo y los hombros caídos, sin sentido, sin metas en la vida, sin razón para vivir, como un árbol esperando el rayo que venga a terminar con su existencia, caminaba como siempre cuando vio de reojo unos zapatos comunes, corrientes, como cualquiera otros zapatos en el mundo, mas no fueron los zapatos en sí lo que llamó su atención sino los pasos tan certeros e ingenuos, tan acompasados como los suyos propios, sin la aceleración cuotidiana del ciudadano promedio, era un andar tranquilo, pacífico, incluso pensativo, lo que llevó su mirada hacia arriba, cruzando unos calcetines blancos, imperceptibles a la vista distraída de cualquier incauto pero no a la vista de un caminante pasivo como él, tobillos delgados, huesudos de hecho, aunque piel a fin de cuentas, piel perfecta, pantorrillas perfectas para ese andar y esos tobillos, mitad de rodilla y luego una falda holgada, volátil, danzante al viento leve de un suspiro, de un sueño, una esperanza que se presenta al mismo tiempo que las caderas y las manos, más velozmente las muñecas y el torso, los senos, los brazos, los hombros, el cuello, y en un instante infinitesimal, un instante más fugaz que un rayo moribundo del sol, el rostro completo, de la barbilla a la frente, orejas, cabello, nariz, labios, cejas y por supuesto un par de galaxias intraestelares mirándolo con la misma timidez, con el mismo titubeo, con el balbuceo de quien lo ha mirado de a poco, de piés a cabeza, comenzando por el suelo, el polvo que ambos pisan al pasar, y al instante siguiente, al segundo contiguo, nuevamente la mirada al suelo, ahora más veloz y más vertiginosa que la subida, mil palabras que se resisten a ser pronunciadas, mil imágenes futuras en que ambos son felices, realmente felices, con un sentido, con una razón, no sólo uno con el otro sino también consigo mismos, con una plenitud no soñada jamás, antes imposible y ahora caminando frente a frente… y pasando de largo. Sólo el ser más valiente del mundo podría dejar pasar al amor de su vida, y sonreír porque en el fondo sabe muy bien que sí hubiera podido conseguir la felicidad que ya no quiere más, la felicidad que hace tiempo dejó de buscar, la misma felicidad que dejaría pasar aun al verla caminar frente a sus ojos.

Kobda Rocha

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Con la vista al suelo

Todos los días, a todas horas, en cualquier lugar, el mundo importa menos que una polilla flotando en el viento. Ir de aquí para allá con la vista siempre al suelo, sin prestar atención a lo que sucede alrededor de la existencia propia. Nada hay que pueda captar el interés de un apático solitario que viaja siempre con la vista en sus pisadas.

El radio se enciende cada mañana suplantando al gallo pueblerino. El noticiero vano, irrelevante, cotidiano. Encontraron muerto a un hombre en la calle por la que siempre cruzo al anochecer de regreso a casa. Los peritos, doctores y comentaristas afirman que, de haberlo encontrado a tiempo, pudieron haber salvado su vida. Por la hora estimada de muerte, yo pasé junto a él cuando aún se encontraba con vida, a tiempo para rescatarlo de la muerte inaudita. Pero yo, con la vista siempre al suelo, en ningún momento noté que en mi camino yacía un hombre moribundo. Pasé de largo sin verlo y murió.

Cuando llegué el momento de mi muerte y me encuentre tirado a media calle, sólo espero que el hombre que pase caminando sobre mí sea un tipo desinteresado que lleve la vista en el suelo y no note mi presencia. Espero que ese hombre apático solitario no me salve de la muerte ni me devuelva a esta vida hueca, horrible y desdichada.

Kobda Rocha

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Despertares

Piénsese en un niño apenas adolescente recién cumplidos los doce años. No inocente, no ingenuo, más bien maleado hace tiempo, incrustado en una cultura agresiva, provechosa, ventajosa, sexualizada, misójina, corrupta, maleducada, indecente, majadera y desalmada. Una persona que a los doce años siga siendo inocente y feliz es alguien nacido en cuna de oro y bastante tonto a decir verdad, pues el mundo en todos sus ámbitos es un gran maldito como para no lograr verlo tan a temprana edad. En fin, un niño que ya sabía lo que era el rock&roll, que ya había desarrollado un gusto directo por bandas contemporáneas de rock, hip hop e incluso heavy metal. Un niño al tanto de su realidad y sin embargo también inexperto, temeroso, inmaduro y expectante. De pronto, en un canal cultural local de televisión abierta, una presentación de la banda de punk industrial Primeras Impresiones.

Mujeres en el rock ya había muchas a esas alturas, pero ninguna así de extrema. Cuero, cadenas, estoperoles y un par de senos enormes a vista desnuda con una voz desgarradora, una actitud intimidante y un mensaje brutal. Ésa era la liberación femenina de la que tanto hablaba la tía Conchita en la sobremesa. En un recién adolescente no representaba una excitación sexual pura, sino más bien una fantasía fetichista más apegada al ideal femenino que al placer corporal. No era ver a una mujer cuasidesnuda en la televisión (eso se veía diario a todas horas en cualquier noticiario, programa de chismes o reality show), era en cambio ver a una mujer encarnando el tan mentado y nunca antes comprobado lema de “sexo, drogas y rock&roll”. Finalmente, el sonido hosco y penetrante del metal tenía una imagen que le correspondía fielmente.

P.D.: Este texto no es una apología, sólo es una remembranza.

Kobda Rocha

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Los chinos

Algunos pretendidos eruditos suelen decir que las personas avenidas del continente asiático no distinguen entre un guatemalteco, un colombiano, un chileno, un argentino, un uruguayo y un mexicano, dicen que todos somos iguales, que no ven diferencia alguna tal como los americanos vemos iguales a los japoneses, taiwaneses, tailandeses, coreanos, filipinos y vietnamitas. Esto cierto hasta que se plantea un límite de percepción individual. Es decir, se los ve iguales cuando uno está completamente alejado de su cultura, cuando no se consume ningún producto visual de sus artistas. Sin embargo, cuanto más nos acercamos a sus personajes, a su historia y nos familiarizamos con sus individuos logramos distinguirlos claramente. Cabe aclarar que esto sucede prácticamente con cualquier distinción racial, idiomática y cultural. Por ejemplo: distinguir entre un cariota y un etiope, entre un francés y un griego, entre un estadounidense y un canadiense. En fin, la cuestión es más cultural que fisiológica (incluso que biológica como algunos ineptos suelen creer).

En fin, la confusión generada por la lejanía cultural no sólo sucede con la fisionomía de las personas sino también con sus productos artísticos. Y ahora más con la mentada globalización, todo suena a uno mismo. En estos tiempos dosmileros es dificilísimo distinguir nacionalidades por la expresión artística de sus ciudadanos, ya que la meta de todo mundo parece ser la total ausencia de identidad regional. Como sea, no estoy aquí para juzgar de mutilado lo presente; en realidad, todo lo anterior ha sido para explicar el motivo de mis actuales elucubraciones: música ininteligible.

Cuando digo que no entiendo esta música no me refiero al constante y gastado plazo de gusto e insatisfacción. Claro, una cosa es el gusto personal y otra muy distinta es la comprensión de la ideología propia del producto y su productor. Es decir, cuando escucho a estas bandas, entiendo claramente lo que hacen… musicalmente hablando. No obstante, lo que no termino de entender es el ámbito conceptual de su trabajo. Me parece ajeno, como si estuviesen del otro lado del mundo, como si fueran de un lugar y un tiempo desconocido para mí. Lo intento y lo sigo intentando, incluso pongo atención a las opiniones que vierten otros occidentales como yo y, aun con todo, no logro quedar convencido de que estemos comprendiendo al cien por ciento lo que aquellos artistas lejanos tratan de comunicarnos. Pero, vaya, tal vez sólo sea mi incapacidad para digerir su propuesta musical.

Independientemente del gusto personal, invito a quitarse el sano prejuicio de lo que se pueda presentar a continuación y ofrecer una escuchada a estas tres canciones:

  • Heartless Scat de Ningen Isu.
  • Wolf Totem de The HU.
  • Grembo Zavia de Koenji Hyakkei.

Kobda Rocha

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Esperanza viva

Suele decirse que la esperanza es lo último que muere. Yo discrepo. Siempre he creído que lo último que muere es la confianza, pues es esta característica lo que nos hace seguir esperando algo; la esperanza, por consiguiente, sólo es el efecto de la confianza. Lo que mantiene la esperanza viva es la confianza en el elemento atribuido. Por ejemplo: esperar un gesto amable de alguna persona es un error; en cambio, confiar en que esa persona pueda ser amable es una cualidad por demás acertada.

A lo largo del último lustro, he tenido repetidamente (y gradualmente) la sensación de que todo está perdido en cuanto música se refiere. Como un anciano tradicional y anticuado tiendo a pensar que lo de mis tiempos era mejor que lo de estos tiempos extraños y carentes de ideología. Igual que mi abuelo pensaba que mi música no tenía alma ni corazón, ahora yo pienso que a la música moderna le falta profundidad y escencia. En fin, como un intento por dejar de ser un viejillo gruñón y refunfuñón, quise rescatar (destacar) algunas bandas por las cuales vale la pena seguir confiando en la música de estos tiempos actuales.

  1. In This Moment – Desde Blood, luego con Black Widow, pasando por Ritual y ahora con su nuevo álbum Mother, esta gran banda liderada por la potente y emotiva voz de Maria Brink nos muestra que la música aún tiene mucho que ofrecer sin que los instrumentos suenen a mil por hora presumiendo su habilidad individual sin que el conjunto tenga importancia. Esta banda, con lo justo, provoca más agresividad y más emoción y más poder que resulta innecesario el uso de técnicas insufribles en sus composiciones. Simple y perfecto.
  2. At The Gates – Primero At War With Reality, después To Drink From The Night Itself y ahora su nueva producción The Nightmare Of Being. Esta banda clásica, padres del Death melódico, ha resucitado para dar cátedra a las nuevas generaciones de cómo debe sonar la música, bien hecha y con originalidad.
  3. LindemannSkills In Pills, F&M y el broche dorado para el cierre Live In Moscow. Representan todo lo que significa el metal, desde lo más básico hasta lo más brutal, sin tanta parafernalia inútil. Simplemente son, fueron, han sido, siguen y seguirán siendo un par de talentos magníficos fuera de este mundo. Sinceros en sus principios y con toda la maldad explícita, sin tapujos, sin globalizaciones posmodernistas, simplemente la maldad como debe ser: asumida y puesta en escena.
  4. Gojira – Si la música tiene que ser habilidosa, con mucha técnica y velocidad, con músicos súper rápidos y poseedores de una destreza instrumental excepcional, entonces ésta es la banda que lleva la corona del metal moderno. Punto final.

Kobda Rocha

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Seis Cientos, Sesenta Y Cinco

Estoy a un solo número de condenarme al infierno;

requiero un último pecado sobre mi alma

y estaré bien muerto, ¡muerto y chamusqueado!,

y no hallaré perdón ni compasión entre las llamas.

 

Levanto ahora mi plegaria al cielo…

y advierto que no siento arresto alguno de arrepentimiento.

Traigo, en cambio, una súplica sincera;

pues anhelo padecer, cuanto antes, mi tormento.

 

He pecado, lo confieso con orgullo.

He incurrido en todo crimen y probado todo vicio:

asesiné a tres hombres por mero capricho,

arrojé a mi padre desde lo alto de un edificio,

 

he violado, he robado, he mentido y traicionado,

he votado por el PRI, he votado por el PAN,

he golpeado a mi propia madre

y he encomendado mi vida entera a los fervorosos brazos de Satán.

 

Créanme los santos, confírmenme los pecadores:

si habremos de enlistar toda suerte de maldad ante la cual sucumbir,

verán que no existe el seis seis seis.

665 es todo lo que podemos maldecir.

 

Satanás, ¿dónde estás?

Muéstrame el camino; cumple mi destino.

No me orilles a hablar con él;

no me empujes a serte infiel.

 

Dios de gloria, dios fulgente,

tú que sí estás aquí a mi lado,

dime por qué, ya no siendo omnipresente,

después de todo, todavía no me has abandonado.

 

Abandonaste en las profundidades del subsuelo

a tu precioso ángel de la luz.

Abandonaste a tu propio hijo encarnado,

dejándolo morir en una cruz.

 

Olvidaste la canción de las montañas,

inmóviles ya ante la más grandiosa fe.

Desposeíste de su tela a las arañas,

privaste a la tierra de su natural color café,

 

despojaste a la flor de su perfume,

arrancaste el azul del ancho mar.

Todo arcángel ha quedado implume

desde que decidiste no volverlos a mirar.

 

¿Por qué irrumpiste artificioso en las letras de mi poema

si éste era un himno a Lucifer?

¿Por qué te clavas en mi corazón? ¿Por qué no te vas?

Déjame solo, déjame ser.

 

Satanás, ¿dónde estás?

Muéstrame el camino; cumple mi destino.

No me obligues a creer en él;

ven y enséñame el pecado número seis seis seis.

Kobda Rocha

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Ódiame

¡Ódiame! Hazlo, por favor. Ódiame con fervor, con alevosía, por piedad, por empatía. Vacía mi alma, traiciona mi voz boscosa y hosca. Declara al mundo guerra con áspero clamor. Arrebátame tu imagen; olvídame tu nombre, astro ingente, ostral fulgente, estro sublime de poesía. Promueve presta mi agonía. Mírame llanamente como el sol a la flor; que tu sombra mi asombro alfombre. Dulce numen iridiscente, abandóname, silencia mi voz, magúllame, convierte tu figura en mi adversario, miénteme si es necesario.

Soy un hombre solitario, recuérdame; mi papel en el teatro humano es odiarlo todo: odiar al mundo, maldecir a dios, aborrecer lo bueno y lo vano, negar la fortuna, descreer del amor, desmentir la alegría, perder la fe, llorar a diario. ¡Nunca hubo sonrisa en mi rostro! ¡Jamás gocé alborozo gustoso! Cabizbajo, me deprimo, me enfurezco, me odio. Absurdo intento el suicidio a menudo: absurdo episodio.

¡Ódiame! Quiero estar vacío, quiero ser el mismo mimo sombrío, el mismo asno egoísta de siempre. Sé vivir con él; sé lidiar conmigo. ¡Ódiame! Quiero ser valiente, encarar a la muerte, enfrentar mi apellido, vencer mi bandera. ¡Ódiame! Adoro ser perenne. ¡Ódiame! ¡Ódiame! ¡Ódiame!

¿Qué debo decir para emprender tu rencor? ¿Qué debo hacer para olvidarme tu amor? Si me odiaras, sería más fácil vivir, no temería, no vacilaría, sería más fácil morir. Quisiera morir solo, sin ti, sin esta preocupación, sin este amor. Quisiera quererlo. Quisiera odiarte.

…quisiera odiarte, pero es demasiado tarde, ya no puedo dar marcha atrás, ¡te amo! Soy un producto más del cliché, soy un hijo de la farsa, soy un hombre estúpido más que se enamoró. ¡Ódiame! Hazlo, por favor. Quiébrame el corazón, rompe mi vida, tuerce mi alma. Hiende fiel desdén en mi pecho e ignora mi existencia. Quebrántame la voluntad, dedícame tu displicencia. De otra forma, podríamos encontrar en ambos calma; podríamos alcanzar peligrosa y celestial felicidad, pasar la vida juntos en dilección y afinidad.

¡Ódiame! Créeme, es lo mejor. De otra forma, estaremos condenados al amor.

Kobda Rocha

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Lentitud

¡Oh, gran cualidad de pensadores, vagos y mirones! La lentitud es una característica que hoy día pocos humanos poseen. La lentitud es un don. Puesto en las magníficas palabras de Kundera: “El que corre a pie está siempre presente en su cuerpo, permanentemente obligado a pensar en sus ampollas, en su jadeo; cuando corre siente su peso, su edad, consciente más que nunca de sí mismo y del tiempo de su vida.” Contrariamente, el acelerado, el veloz, el que viaja en automóvil, el que apresura su ritmo para ganar minutos en el reloj, ése vive ajeno a sí mismo, no se conoce, no se reconoce dentro de su propio cuerpo ya que existe al ritmo de una máquina, al ritmo acelerado de una tecnología que lo supera.

La velocidad, como propone Carl Honoré, convierte a las personas en seres atareados, agresivos, ocupados, apresurados, estresados, impacientes y superficiales. En cambio, la lentitud torna al individuo en un ente sereno, cuidadoso, pacífico, tranquilo, paciente y reflexivo. Lo rápido se vuelve impreciso y banal; lo lento se vuelve sabio y profundo. Como referencia, recomiendo la Pequeña Teología de la Lentitud de José Tolentino Mendoça. Quizá con dicho texto, no hubiéremos necesitado la mención de los ejemplos siguientes.

  1. Conducir por la carretera a gran velocidad aumenta la probabilidad de accidentes, de muerte y estrés. Conducir lento amplia las opciones para disfrutar el viaje: platicar con el copiloto, apreciar el paisaje, mirar la ciudad y notar lo pasajero, por mencionar las primeras que vienen a mi mente.
  2. Contraer matrimonio con rapidez aumenta la probabilidad de equivocación, de divorcio, de infelicidad. Tomarse su tiempo para conocerse, para enamorarse, para decidirse, para planearse, para comprometerse, en fin, para casarse, brinda la ingente sensación de plenitud satisfactoria, el amor y el tan anhelado “vivieron felices por siempre”.
  3. Comer rápidamente disminuye el gozo, el placer de saborear, y también provoca problemas digestivos. Comer lento, encomendarse a la misión de la comida lenta (como lo nombrara Petrini), es una actividad que desarrolla el paladar, fomenta el reconocimiento alimenticio y aporta un tinte selectivo ante la complejidad gastronómica.
  4. Ver una pintura o una escultura sin detenerse en los detalles, sin tomarse varios largos minutos para apreciarla, para mirarla desde diferentes ángulos y perspectivas es como ver una película en cámara rápida o escuchar un disco adelantando las canciones rápidamente. Es decir: no detenerse a apreciar una obra es lo mismo que no haberla visto jamás.
  5. Las artes escénicas (el teatro y la danza por ejemplo) están situadas y desarrolladas en tiempo más que en espacio, por lo que no se las puede apreciar rápido, pues la velocidad es establecida por el artista… Y, aun así, ya se inventó el microteatro y demás obras rápidas que da tristeza siquiera nombrarlas.
  6. La literatura está situada más en un espacio que en un tiempo. Sin embargo, leer rápidamente también despoja a este arte de su sentido profundo, filosófico, kalokagático y sublime, convirtiéndolo en una actividad llana, simple, hueca e incluso sin sentido.
  7. Las decisiones hechas con rapidez son erróneas, irracionales, basadas en una mera intuición básica e instintiva. Las decisiones hechas con lentitud son premeditadas, analíticas, consideran aspectos profundos más allá de la atracción superficial y genésica hacia lo decidido.
  8. Como ejemplo extremo: pensar rápido… ¿En verdad será pensar? Para responderlo, habrá que detenerse a pensarlo, ir lento, analizar con calma, lento, pensar de veras, tomarse su tiempo para pensar, pensar lento, pensar profundo, pensar significativamente.

La velocidad, en síntesis, quita a las cosas su derecho a ser percibidas completamente, a ser disfrutadas fracción a fracción, a ser comprendidas y a ser debidamente procesadas. Ir rápido es ir descuidado. En cambio, la lentitud es precisión y profundidad. Lo lento está dotado de un sentido total. Porque lo rápido es imperceptible: ver sesenta dibujos en un minuto es prácticamente no ver ninguno; mirar uno solo en un minuto es fijar toda la atención en él, poner concentración e inteligencia en su reconocimiento. Lo rápido es vano; lo lento es sublime.

¿Y qué tiene que ver todo esto con la música? Desde hace ya varios años se ha puesto de moda la velocidad. En el ámbito del metal, cualquier subgénero del mismo, la tendencia es ir lo más rápido que se pueda. Todos los músicos quieren tocar cada vez más y más rápido; y los escuchas quieren escuchar música cada vez más y más veloz. ¿Y dónde queda el aspecto excelso de lo preciso, de lo profundo, ese carácter que dota a la música con una totalidad de sentido? ¿Dónde se ha dejado la capacidad de apreciar lo pausado, lo lento, lo acompasado? El gótico, el doom, el dark eran géneros lentos, oscuros, con más ambiente que notación musical; ahora suena todo a la misma velocidad que el technical death metal, perdiendo su personalidad, su unicidad, su esencia. Ya no se escuchan canciones con Rowboat de Coal Chamber… y ya tampoco existen personas que al escuchar dicha canción se emocionen, reconozcan la complejidad y la maravilla de esa lentitud. El death metal solía entregar piezas como Bloodfreak de Murder Squad que ahora son ignoradas y hasta desprestigiadas. Canciones como A Dying God Coming Into Human Flesh de Celtic Frost son raramente apreciadas, son dejadas de lado por canciones notadas en semicorcheas como mínimo. Dos Metros Bajo Tierra de Transmetal y Aquí No Es Dónde de Resorte son ejemplos de que la lentitud no es menor ni de más baja calidad ni menor potencia que la velocidad; por el contrario, incluso la lentitud puede llegar a ser aún más devastadora que la rapidez. Para prueba, el efecto de Slowly Burnt To Death o de Threading On Vermillion Deception. Es momento de detenernos por un momento frente a una pintura y sacar la mejor apreciación de ella; es momento de caminar despacio por la calle y mirar con atención todos esos detalles que la velocidad nos han negado; es momento de hacer música lenta y regresarle el sentido, la esencia y la calidad.

Kobda Rocha

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Sólo para machos

Alguna vez escuché a viva voz de un amigo cercano que el rock (y derivados) es un género musical reservado para hombres. Tras escucharlo, sinceramente, primero me dio mucha risa de ver que alguien pensara de tal manera, pues yo jamás lo había visto así, ya que para mí la música es algo más profundo, conceptual y artístico; sin embargo, tampoco pude refutarlo limpiamente, pues algo dentro de mí no estaba totalmente convencido ni de una ni de la otra postura. Esa noche llegué a mi casa, donde tengo toda una pared cubierta de lonas organizadoras de CDs (como las que utilizan los comerciantes en los tianguis), y puse atención a las portadas de mis discos y noté que efectivamente hay una cantidad enorme de contenido sexista en la música en cuestión.

Cabe mencionar que mi colección asciende a un total de 190 discos compactos. Dentro de ese repertorio se encuentran los siguientes, por nombrar sólo algunos pocos: Enema of the States de Blink 182, donde está la actriz porno Janine Lindemulder vestida de enfermera y creo que eso ya lo dice todo…; ¿Dónde Jugarán las Niñas? de Molotov, donde se encuentra una colegiala con los calzones bajados hasta las rodillas y creo que también ya con eso se entiende el concepto…; Around the Fur de Deftones, donde está Lisa Hughes en ropa interior, de cuya foto se han dicho muchas cosas diferentes pero que al final sigue siendo una mujer semidesnuda, rasgo que se acentúa al verla junto a otras portadas…; Sodomizado Estás de Primeras Impresiones, donde se encuentra Sabrina Sabrok, la mujer con los senos más grandes del mundo, medio vestida con cuero, estoperoles, cadenas y mucha sensualidad…; el disco compilatorio Testosterona, donde está la actriz porno Tera Patrick de rodillas y semidesnuda (sólo porque es la portada, ya que en el interior sí aparece completamente desnuda)…; Worm Infested de Cannibal Corpse, donde está una mujer con la vagina infestada de lombrices…; Erotic Diarrhea Fantasy de Torsofuck, donde están dos mujeres cubiertas con excremento besándose apasionadamente…; Depósitos de Semen de Semen, donde está una mujer recibiendo en su cara la eyaculación de al menos ocho hombres al mismo tiempo…; y así sigue la lista, pero por cuestiones prácticas bastará con las mencionadas.

Después comencé a pensar en el contenido más allá de las portadas y me encontré con que hay más y más sexismo cuanto más a fondo lo analizaba, incluso en los discos cuyas portadas no reflejan ningún atisbo de misoginia. Por dar algunos ejemplos están Te Quiero Puta de Rammstein, Rastaman-dita de Molotov, El Llamado de la Hembra de Transmetal, My Latex Queen de Dark Funeral, Zorra de Genitallica, Cameltosis de Korn, Mecosaurio de Brujería, Fish On de Lindemann, Blowjob Barbie de Blood God, Amor Marrano y Y Tu Mamá También de Asesino. Y de igual manera la lista sigue y sigue y sigue…

Luego de esta revisión selectiva del material discográfico, comencé a tomar un poco más en serio las palabras de mi amigo cuando dijo que el rock (y derivados) está reservado para los hombres. Con seguridad, no he de ser el único que haya escuchado semejante aseveración, pues es una opinión muy arraigada en la tradición tópica del género, sobre todo cuando se trata de las acepciones más brutales del metal pesado. Es algo así como cuando se piensa en la plomería o la albañilería: automáticamente, al oír nombrar tales profesiones, es inevitable pensar en hombres desempeñando tales labores. Y claro que es posible que una mujer sea albañil o plomero; de hecho, hoy en día sí existen (no a proporciones cuantiosas pero el hecho es que las hay), y esto no es algo insólito, pero el punto es que en una plática con los amigos, los colegas o la familia, al mencionar la palabra “albañil”, la primer idea que se cruza por nuestra mente es la de un hombre desempeñando ese papel. Lo mismo pasa, pues, con el rock, el metal y similares. Es cierto que en los últimos veinte años la escena ha dejado camino abierto para que las mujeres se desenvuelvan en este género musical (tanto al escucharla como al tocarla) aunque en contraparte, fuera de lo contextual, tampoco se ha visto el tanto interés a nivel de profundidad como se lo ve en los hombres. Quiero decir, se ven mujeres ejecutando la música, tocando algún instrumento, cantando, etcétera, pero no se las ve componiendo, conceptualizando, produciendo trabajos tan complejos y laboriosos como los hombres. Esto se hace evidente al comparar el grado de dedicación que las mujeres han puesto en otros géneros donde sí hay muchísima presencia femenina, por ejemplo en el blues, el jazz, el pop, el rap, el hip hop, el bossa nova, el country y, por supuesto, los ritmos tropicales. En todos estos géneros musicales (y en muchos otros tantos) sí hay un desenvolvimiento femenino notorio… pero el metal parece construir una barrera que pocas mujeres logran penetrar. Todo esto sin mencionar que los hombres también se han encargado de enclaustrar el género en una costumbre no sólo masculina sino machista además.

La situación, supongo yo que soy hombre, no tiene solución desde la perspectiva de un hombre, quizá deban ser las mujeres quienes nos aclaren esta enramada de misoginia musical. Y no es responder si el metal es un género de hombres (sobre todo algunos subgéneros más extremos, repito) porque eso es claro que sí contiene mucha testosterona, lo cual es evidente y a cualquier mujer pondría incómoda con sólo ver una docena de portadas de discos, sino que es responder si se sienten en verdad atraídas hacia este tipo de música o si en la profundidad sea cierto que no les gusta o incluso que no lo entienden. Para explicar esto último vuelvo a poner el ejemplo de la albañilería: aunque es un oficio casi exclusivo de hombres, quienes nos dedicamos a la albañilería no lo hacemos por gusto, al menos no un gusto natural, puede que con el tiempo y la costumbre se vayan encontrando cosas buenas en el trabajo pero no es el anhelo de nadie ser albañil, lo hacemos por necesidad, porque es lo que sabemos hacer, porque no tenemos estudios ni preparación para ninguna otra profesión o porque es en lo único que hemos encontrado trabajo y contrato para ganar un poco de dinero y mantenernos con vida, alimento y vestido; sin embargo, la albañilería no es el sueño máximo de ningún hombre, no es la aspiración suprema de nadie, de hecho, y por el contrario, se encuentra en los niveles más bajos de la escala laboral, apenas por encima del basurero y el pepenador. Lo importante aquí es que, si ni siquiera a los hombres les gusta la albañilería, ¿por qué entonces hay mujeres que quieren ser albañiles? ¿En verdad ellas sí disfrutan desempeñando ese trabajo? ¿O entramos en los territorios del feminismo (donde en estos tiempos es inútil discutir por razones que también resultan inútiles plantearlas)? Es decir, si el metal carga con una tradición masculina, machista, misógina, es porque los hombres así la han moldeado (acaso a su imagen y semejanza), la pregunta es ¿a las mujeres les gusta eso? ¿O por qué se acercarían a una música que las denigra, las utiliza y las sexualiza? ¿Entienden de lo que se trata al menos? ¿O lo hacen por un impulso feminista de romper con esas barreras masculinas? ¿O simplemente son tan redundantemente simples que escuchan metal por las mismas simples razones por las que escuchan reguetón?

Tal vez sea un dilema que a nosotros los hombres se nos ha negado entenderlo…

Kobda Rocha

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Letraficantes

Todos los seres humanos ―en tanto humanos― tenemos derecho a las palabras; es un derecho natural. Empero, tarde o temprano, todo se corrompe y, más aún, todo se capitaliza. Primero, enlataron la comida; después, embotellaron el agua; poco más tarde, entancaron el aire; ahora, ya empezaron a librificar las palabras.

Al igual que sucedió con la comida, se han inventado palabras chatarra carentes de nutrientes alimenticios pero que sacian el antojo del más inconsciente de los obesos. Tales palabras tienen buen sabor ―debido a los saborizantes artificiales ¡claro!― aunque, en realidad, se venden más por los anuncios espectaculares sobre Periférico y los pegajosos comerciales de televisión que por ser de veras deliciosas. No hay nada como una buena cuentorta de bistexto con quesonetos.

Como sucede con el agua, es imposible vivir sin palabras. Tres días sin ellas y uno se deshidrata hasta morir. Por ello, en todo momento debemos tener presente la más grande de las máximas profesadas por sabios milenarios: “un vaso de palabras no se le niega a nadie”.

Cuando metieron el oxígeno en tanques, nadie se alarmó (tal vez porque perseguía fines médicos), pero luego la atmósfera se volvió irrespirable y ahora todos debemos cargar con un tanque portátil. Los empresarios, por supuesto, no tardaron en comenzar a vender inhalantes de todo tipo, desde simple tabaco o marihuana hasta 24 Faubourg de Hermès y limpiador de policloruro de vinilo. Asimismo, nadie se alarma porque metan palabras en páginas impresas ―o, peor, en páginas web―, pero cuando el lenguaje se vuelva inexpresable y debamos cargar con un libro portátil ―o, peor, un e-libro― ¡entonces habrá pánico! (y no me tomarán más por un viejo chiflado). Por supuesto, los empresarios no tardarán en comenzar a vender lecturas de todo tipo, desde simples bestsellers hasta extensos tratados filosóficos.

Calma. No os alarméis. Siempre habrá mafias, grupos de narcos, cárteles michoacanos dispuestos a ofrecernos palabras ilegales al mejor precio. Sus productos serán tan adictivos que no podremos dejar de consumirlos. Y por el gobierno no os preocupéis, alguien ya los sobornará.

Kobda Rocha

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