Archivo de la categoría: Adelantos, Notas y Secciones

Un arte bella

La música, en general, ya no es considerada un arte bella. Cuando, como un ejercicio de memoria nostálgica, pensamos en la música como una de las Bellas Artes, viene a nuestra mente la música clásica, la música de cámara, de orquesta o, si al caso, una ópera como a la que jamás hemos asistido. La música (¡la bella y artística!) la imaginamos fuera de nuestro alcance, fuera incluso de nuestra comprensión. El arte de la música, creemos, está en lo antiguo, en esa música que ya no se hace porque, así lo creemos, ya no existe. Pensamos que lo único que nos puede acercar a ello es una reproducción con una orquesta sinfónica a la que jamás hemos escuchado o un disco compacto con las Cuatro Estaciones de Vivaldi o baby Mozart. Sin haber escuchado jamás una pieza completa, decretamos que la música clásica no nos gusta, nos aburre, nos duerme, nos desespera. La música artística es para gente inteligente, eso solemos creer. Sólo a la gente lista le entra la música clásica, la música que es bella y artística. Ésta es la verdad con la que vivimos: hace falta ser inteligente para escuchar música clásica.

Todo cuanto he dicho hasta ahora ha sido mentira. Pero eso no lo sabemos porque ni somos inteligentes ni escuchamos música clásica. ¿Qué son las Bellas Artes y por qué la música es una de ellas? No desmentiré ni responderé ninguna pregunta por ahora. Me limitaré a poner una pequeña idea en cada lector que se tope con esta digresión:

Las personas inteligentes no escuchan música clásica porque sean inteligentes. En realidad, la inteligencia les vino mucho tiempo después de que comenzaron a escuchar música clásica. Ésa es la belleza del arte.

Kobda Rocha

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E – Lecciones de vida

Elegir un favorito de cualquier cosa siempre es difícil. Hasta para la comida es uno indeciso. Cuando te preguntan “¿Cuál es tú comida favorita?”, siempre es dificilísimo responder. La respuesta incluso puede variar dependiendo la hora, el lugar, el día, el clima, y una infinidad de condiciones extragastronómicas. Yo, por ejemplo, en la mañana lo mejor que puedo ingerir es un vaso de leche, tal vez un platón de cereal con trigo o un licuado de guayaba o aguacate; todo depende si tengo tiempo para sentarme a disfrutarlo o si tengo dinero para acompañarlo con pan, vainilla o queso. Si estuviese condenado a muerte y hoy fuere mi gran día en la silla eléctrica o la cámara de gas y me preguntaran qué deseo para mi última comida, la verdad no sabría ni qué responder. Además, casi todo se me antoja a la hora justa de comer, no antes. Algunas veces, uno mantiene un antojo por días; por ejemplo, el chocolate. Uno no se lo come al momento porque es un pecadillo que uno trata de refrenar hasta que, claro, como humanos de voluntad débil que somos, terminamos comiéndonos el mentado chocolate. Pero, fuera de eso, al momento en que el estómago comienza a pedir alimento, es cuando uno comienza a pensar en qué comer. Así es que, si me lo preguntaran un día antes o una semana antes (¿qué quieres comer mañana? o ¿qué quieres comer en tu cumpleaños? o cualquier caso similar) seguramente erraría. Cuando hace calor, no hay mejor opción que un buen helado. Cuando hace frío, un cafecito con galletas. Los domingos de tianguis, unas carnitas de cerdo o consomé de chivo. El sábado de flojera, pizza o pollito rostizado. Al mediodía, un emparedado de cajeta o mermelada como tentempié. A las dos de la mañana con insomnio y desesperación, una torta de jamón. Los lunes, las sobras de toda la semana anterior. Y así, todo varía, todo depende. En las noches, regularmente prefiero el ayuno. Así es que, si fuera mi última cena, me iría con hambre. Tal vez, para no fallar, pediría un buffet.

Por eso, que nadie me pregunte cuál es mi canción favorita ni cuál es mi poema favorito. Porque siempre puede variar. Todo depende del momento, del día, la circunstancia, el ánimo y, sobre todo, al igual que sucede con la comida, lo más importante es con quién lo voy a compartir.

Kobda Rocha

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Avances: Dune

Trailer de película inspirada en la novela de Frank Herbert, Dune, que se estará estrenando en diciembre de este año.

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Hermanos entre humanos

En junio de 2019, fui invitado a participar del Segundo Congreso Nacional de Creadores Literarios, llevado a cabo en Aguascalientes (México) dentro de las instalaciones de la Universidad Autónoma de Aguascalientes. Esto, para mí, fue un honor y una sonrisa sólo por haber sido considerado merecedor de tan sublime distintivo. Quién era yo (qué era yo) frente a verdaderos creadores literarios de porte nacional. Desde el primer día, me halagaron con el título de congresista, me brindaron confianza y amistad, además de obsequiarme un precioso símbolo de hermandad, respeto y cordialidad. Ésa bienvenida colmada de fraternidad fue suficiente para sentirme agradecido al igual que obligado a un gesto de reciprocidad, no sólo con buenos modales y afecto sino también con una entrega sincera, extensa y profunda de aquello por lo que había sido invitado: mi espíritu literario, mi sensibilidad artística y mi humanidad intelectual.

Al llegar a las calurosas tierras aguascaltenses, lo primero que hice fue caminar, de madrugada, con maleta en mano, sin saber a dónde iba, con intenciones de perderme en aquella ciudad. Sin embargo, lejos de perderme, llegué al centro de la ciudad, como si mis pasos fueran guiados por un hilo persefónico hacia mi destino; tal vez mis anfitriones me llamaban más con el alma que con la razón. Lo segundo que hice fue caminar aquel suelo descalzo, unir mis piés con su tierra, su pavimento, su pasto, sus empedrados y sus empolvados. Cada suelo es diferente, como el canto de las aves que varía según el clima, la latitud, el viento y hasta el idioma de los humanos circundantes. Lo tercero que hice fue mirar. Sentarme a mirar como si no fuese un turista, como si no hubiese ya nada nuevo de mi interés, como si tuviera tiempo de sobra para desperdiciarlo sentado mirando: un ritual practicado por mi cuerpo para dar paso a las acciones de mi corazón.

Cuando llegó mi turno de compartir mi trabajo con el congreso, estaba plenamente preparado. Alguien, más tarde, me confesó que lo llevé al filo del llanto. También recibí halagos, sonrisas y, mucho más importante, demasiados silencios. Un desfile de silencios sentados a mirar como si tuvieran toda la vida para turistear descalzos mis textos, letras guiadas de grial en grial. Espero que mi participación haya dejado al menos un diez por ciento de lo que yo obtuve con tantas personas talentosas: Akatl Guijarro, Jonathan Torres, Aldo Barucq, Neitzy S. Jaimes, Mariana Estrada Gaytán, Rafael Aragón, Laura Vallín, Valentín Eduardo Sánchez y, por supuesto, el jefazo.

En Aguascalientes nació la muerte mexicana. Allí se inventó nuestra nostalgia final y la tristeza del inframundo. Tal vez por eso los vivos no se reservan una sola sonrisa ni una sola lágrima, comparten su llanto y su alegría contigo, aunque te destruyan, aunque te hundan en la oscuridad o, peor aún, aunque te salven la vida.

Kobda Rocha

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Mejicanah

Si alguien considera que somos amigos, le pido me lo haga saber cuanto antes. He tenido muchos cuates, vales, compas, brothers, carnales, camaradas, valedores, y a muchos también los he llamado amigos. He tenido amigos ―espero―, por supuesto que los he tenido. El problema es que no sé distinguir cuando ambos estamos en la relación. Es una cosa así, por poner un ejemplo, como cuando le sueltas un «te amo» de veinteañero a tu pareja y parece que fue un error porque ella no lo dice pues parece que no te ama y eso te hace dudar porque igual y tú tampoco pero lo dijiste por la euforia hormonal de los besos y las caricias en el complejo orden constructivo de la juventud. A partir de entonces, siempre dudas en decirle a alguien un «te amo» porque tal vez y no es cierto puesto que nada más lo dices por decir.

Si alguien considera que somos enemigos, le ruego me lo haga saber cuanto antes. Jamás he tenido enemigos, y en verdad espero que me equivoque. El problema es que no sé distinguir cuando ambos estamos en la relación. Es algo así, por poner un ejemplo, como cuando le gritas un «te odio» a tu madre y parece que fue un error porque ella a pesar de tus palabras y tu actitud parece que te ama y lo seguirá haciendo y entonces dudas de lo que dijiste porque tal vez tú también la amas pero lo dijiste por la rabieta del momento. A partir de entonces, siempre dudas en decirle a alguien un «te odio» porque tal vez y no es cierto puesto que nada más lo dices por decir.

He leído varios libros de superación personal, he leído muchos libros infantiles, algunas fábulas también, he hablado con expertos, psicólogos, sociólogos, filósofos, conozco la etimología, lo he visto en películas y en novelones desde el Quijote hasta el Harry Potter, incluso mis amigos me han dicho que son mis amigos y yo le he dicho a mis enemigos que son mis enemigos, pero quisiera por una vez en mi vida mirar a alguien de frente y decirle que es mi amigo, sin dudar de lo que diré, decirlo porque lo sé, porque lo siento; quisiera por una vez en la vida que alguien me mirase de frente y me dijese que soy su enemigo, sin dudar de lo que habrá de decir, que lo dijera porque lo supiese, porque así lo sintiese.

La duda es el peor de los tormentos. No tener enemigos y quererlos tener resulta tan catastrófico como tener amigos y no quererlos tener. Según los libros, mis amigos son de esos amigos muy buenos; y, también según esos mismos libros, yo soy un muy buen enemigo. El problema es que yo soy un fiasco para ser amigo de alguien, así como cualquier otra persona es un fiasco para ser mi enemigo.

Lo peor es que, a pesar de todo el esfuerzo invertido, aún conservo algunos amigos y todavía no encuentro ningún enemigo. Sí, hay personas que me odian, pero eso no los convierte en mis enemigos, porque tampoco el amor que algunas personas sienten por mí los ha convertido en mis amigos. Y, ya que el odio es cuestionable en todos sus niveles, podemos comenzar a cuestionar el amor que sientes hacia tu madre, tus hijos, tu esposa, tus hermanos, et cetera. No vaya a ser que todo ese amor sólo lo sientas por sentir.

Postdata: Todo esto que digo no sólo es aplicable a los individuos, sino también a las naciones.

Kobda Rocha

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Insigne invectiva

La figura de Walt Whitman se ha metido en mi cabeza últimamente. Lo veo en cada rostro, lo escucho en cada verbo; de pronto, creo que lo conozco o, peor aún, que él me conoce. Siento como si invadiera mis sueños y mis recuerdos; ocasionalmente pienso que es mi mejor amigo o incluso mi padre. Tal vez somos íntimos amantes, tal vez él reencarnó en mí, tal vez yo soy Walt Whitman. Tarde o temprano, uno llega a conocer por completo a todo el mundo, excepto a uno mismo.

Irrecusablemente, un joven nicaragüense me ha descrito como un santo, patriarca y sacerdote, profeta, poeta e incluso se atreve a llamarme emperador. Me miro al espejo y no me reconozco. Tampoco el fanatismo de un joven español logra atinar un sustantivo. Él jamás lo habría creído, pero tanto como estaba enamorado de un viejo hermoso, seguramente se odiaba a sí mismo. La barba enmarañada no es de mariposas, sino de murciélagos; sólo hay que quererlo ver.

Todo lo que se ama se repudia al mismo nivel. Yo siempre he amado mi país, su bandera, su himno, su gente, su gobierno; pero tanto como lo amo, también lo aborrezco. Casi tanto como lo odio, le temo; y casi tanto como le temo, me da lástima. ¿Por qué habría de anunciar un tiempo mejor para el futuro?

País de hierro, dice uno; ciudad de cieno, dice el otro. La verdad, alambre y muerte es lo que hay. La verdad ambos la conocieron, pero sólo el primero tuvo las agallas de aceptar su amor, su odio, su temor y su lástima por mi nación cuando escribió a Teddy Roosevelt:

«Y, pues contáis con todo, falta una cosa: ¡Dios!»

Kobda Rocha

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Avances: Batman

Primer trailer de la prometedora próxima película de Batman, protagonizada por Robert Pattison, que se estará estrenando en el 2021.

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Entrevista a Modem

El grupo conformado por Agustin Cuadrelli e Ignacio
Feito, Modem, nos brindó esta entrevista en la que nos cuenta su historia y sobre el lanzamiento de su disco debut «El
Restaurante del fin del Universo»,

¿Cómo nació Modem como proyecto? ¿Cómo eligieron el nombre de la banda?

Modem nace de las ganas de seguir tocando, la realidad es que nosotros estábamos en otro grupo y decidimos seguir como dúo por distintas diferencias, una de ellas era la posibilidad de poder como dúo enfatizar los conceptos de los discos que vayamos sacando, ademas de sentirnos mas cómodos trabajando de a dos en cuanto a la experimentación y producción musical.

Increíblemente el nombre salio en cuarentena mensajeandonos por whatsap, nos gusta la idea medio ochentosa de buscar algún objeto físico cotidiano para ayudar a la memoria de la gente, ademas tampoco queríamos juegos de palabras raros difíciles de pronunciar, entre esos objetos encontramos a el Modem un aparato entre imperceptible y esencial para nuestra realidad internauta cotidiana.

Tienen un sonido que parece recorrer distintos géneros, destacándose los sintetizadores ¿Quiénes destacan como sus principales influencias? ¿En qué sienten que se diferencian de otras bandas?

Si bien es ya un cliché ya en bandas Argentinas de esta época, Gustavo Cerati siempre es una influencia constante en nuestra música, supongo que lo que mas nos atrae de el es la forma de abarcar sus composiciones en toda su discografia siempre avanzando siempre sonando contemporáneo, de lo mas actual te puedo nombrar a The Weekend quien nos parece un tremendo valor para la música Pop. Sacando todo lo que escuchamos habitualmente tambien nos sentimos atraídos por todas las cosas nuevas que van saliendo constantemente The War on Drugs, Tame Impala,Fliying Lotus, xxxTentacion, Arcade Fire, Wild Nothing y un largo etc.

¿Qué es lo que más les gusta de su primer disco “El Restaurante del fin del Universo”?

Creo que lo que mas nos gusta es todo lo que aprendimos desde el principio que decidimos armarlo hasta el primer día de publicación, desde encarar de 0 un proyecto nuevo, en unos meses ya planificar casi todo, componer, grabar y re grabar, exigirnos para largar una linda carta de presentación, armar un concepto y una estética, e incluso aprender a como comunicarse con los medios de comunicación. En todo eso también somos 2 personas haciendo música y la verdad que eso siempre va a ser divertido para nosotros.

¿Cómo fue el proceso de grabación del álbum?

La realidad que fue muy variable, no teníamos una lista de canciones, sino una sumatoria de maquetas que fuimos transformando hasta adaptarlas a un concepto, es entonces que hay temas que nacieron en una guitarra acústica,otros en un ipad, otros en una idea, después en nuestro estudio todo se transforma, pero cuando nos juntamos no queremos dejar cabos sueltos, y nos queremos ir con las canciones terminadas, para así llegar a nuestra casa dormir tranquilos y avanzar constantemente.

¿Qué fue lo que más los afectó el contexto de pandemia de la actualidad? ¿Qué es lo primero que van a hacer como banda cuando todo se normalice?

Tenemos que confesar que nos sirvió para muuuuchisimas cosas que no sabemos si hubieran salido tan rápido sin pandemia, desde aprender a usar programas de diseño para la estética del grupo, comunicarnos mediante redes o tomarnos el tiempo para escuchar los masters finales. La realidad que nos queda pendiente presentar nuestro disco en vivo, donde queremos incluso probar cosas nuevas para temas del disco, y emplear ideas estéticas que tenemos pensadas para los shows.

¿Cuáles son sus próximos proyectos para el futuro?

Actualmente trabajamos en dos proyectos, estamos recopilando cosas que quedaron de El Restaurante, para hacer una especie de compilado de «Rarezas-Lados B» que tenemos planeado lanzar muy pronto. Mientras que lo segundo es que ya estamos trabajando en nuestro segundo disco, armando un concepto nuevo, y probando distintos géneros musicales.

Escucha «El Restaurante del fin del Universo» desde AQUÍ.

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Palabras

Las palabras son insuficientes,

las palabras no alcanzan,

las palabras no sirven.

¿Qué son las palabras?

¿Serán sonidos, grafías,

ideas, realidades,

kalktpkens acaso?

¿Qué me importan las palabras?

¿Qué te importan mis palabras?

Te amo.

No hay más verdad en mí;

mas la hay en tu cabello,

en tus ojos, en tus senos,

en tus manos, en tu vientre,

en ti, en toda tú.

Te amo… quizá sin saberlo.

En exceso, te amo.

¿Qué más puedo decir?

¿Qué más quieres que diga?

¿Hay algo más acaso?

Si lo dijera, ¿me creerías?

Cuando lo digo, ¿me lo crees?

Te amo.

Dime, ¿lo creíste?

¿Por qué sí? ¿Por qué no?

¿Con qué fin, con qué prueba?

¿Quién eres? ¿Quién soy?

Aunque me creas, ¿yo me creo?

Y si no me crees, ¿yo me creo?

Me amo.

¿Me creíste? ¿Me creí?

Puedo decir tantas cosas,

pero no hay forma de obtener credibilidad.

Puedo decir que te amo

―mira, “te amo”―,

pero ¿cómo demostrarlo?

¿Cuál es el sustento?

¿Cómo amarte en realidad?

Te amo, es cierto;

pero, cuando lo digo, siento que no te amo de verdad.

Si no lo dijera, ¿te amaría?

Si lo digo, ¿dejaría de amarte?

Y ¿para qué?

¿Con qué fin, con qué prueba?

Dejaré de decir que te amo;

pues, porque lo digo,

te amo,

y, por eso, lo sé.

Si no lo digo, no lo sabré,

pero tú

me lo dirás

cuando lo sepas.

Kobda Rocha

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Insultos al lingüista

La voz popular se vanagloria de poseer una sabiduría secular que permea a todos los individuos de una comunidad, acaso pretende discernir la verdad absoluta de toda la especie. Sin embargo, aunque muchas veces parece sensato el conocimiento vertido en esa voz popular, regularmente (me atrevería a decir que siempre), la sabiduría del pueblo está equivocada. Si algo he aprendido a lo largo de diez milenios de historia humana es que la opinión mayoritaria está mal. Aclaro que no he dicho que sea errónea, sino que es defectuosa. Cuando una idea se populariza, se echa a perder; ésa es una verdad indiscutible. No importa si en su origen fue una brillante idea, al momento de ser compartida por la mayoría de la gente, se va al caño. Para sostener lo que acabo de elucubrar, pondré en conflicto tres grandes frases de la sabiduría popular. Nomás por discrepar.

  1. Al buen entendedor pocas palabras.

Qué contrariedad tan grande y tan absurda. Esta frase sostiene una realidad completamente de cabeza, volteada patrás. Como escritor, filósofo y eterno conversador, estoy plenamente convencido de que las palabras jamás se deben limitar ni retener. Cuando uno encuentra un interlocutor digno de nuestras ideas, de nuestros sentires, de lo que pensamos, de esas divagaciones intelectuales, lo único que queremos es hablar y hablar y hablar, porque sabemos que quien escucha sí escucha de verdad, que comprende lo que decimos y que también, sobre todo, en algún momento nos habrá de devolver la cortesía y nos deleitará con sus palabras que por seguro tendrán mucha sustancia, relevancia y profundidad. Por eso, al buen entendedor muchas palabras. A los otros, a los que les dices algo muy simple y de todos modos no entienden nada, a esos sí muy poquitas palabras.

  1. Una mirada vale más que mil palabras.

¡Falso! Aquella persona que exprese más con una mirada que con mil palabras es una persona que no sabe usar el lenguaje, una persona cuyo vocabulario es tan limitado o tan deficiente que por ende lo que diga no tendrá mucha fuerza ni significado y tiene que lanzar una mirada para compensar su insuficiencia lingüística. Cuando una persona posee más valor en una mirada que en mil palabras, entonces no tiene sentido sentarse a platicar con ella, bastará con mirarse en silencio y así casarse, tener hijos y morir: juntitos y calladitos. Porque para qué gastar mil palabras inútiles, cortas y pobres. Ah, pero haría falta enamorarse de un poeta para darse cuenta que algunas veces ¡una palabra vale más que mil miradas!

  1. A palabras necias, oídos sordos.

Éste es un consejo para necios, porque sólo a ellos beneficiaría la sordera. Cuando un necio comienza a lanzar sus palabras necias a otro necio, si el segundo necio responde, sólo regresará más palabras necias. Por eso, es mejor ignorarlo, poner oídos sordos y hacer como que no lo escucha. Así, la discusión no se volverá una grillera sinsentido. En cambio, a los no necios no habría por qué ensordecerlos, pues ellos sí tienen la suficiente madurez para resolver dicha discusión. Entonces, el verdadero consejo es: ¡a palabras necias, palabras sabias!

Kobda Rocha

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Tropicosito

Ha llegado el turno de poner atención a lo tropical y sabrosito. Musicalmente, hay ritmos latinos de todas calidades y de todas complejidades, desde lo monótono y primitivo hasta lo multitonal y elaborado. No obstante, hoy quiero hacer hincapié, más que en lo musical, en lo lírico, lo cual llega a rozar con lo literario y, mejor aún, lo poético. Aunque no es un rasgo específicamente de lo tropical, tiene un tinte cachondo y sensualón, una especie de enamoramiento juguetón que se sustenta en la premisa de que somos un pueblo de sangre caliente.

Comencemos por mencionar Señorita, A Mí Me Gusta Su Style de Los Rabanes. La cual, entre los albures y los piropos, suelta una sentencia lapidaria: “Cómo camina, cómo baila; por usted yo vendo mi alma.” Esa entrega total para el amor es la predominante en la música, aunque nunca viene una promesa sin esperar reciprocidad; a veces, incluso se vuelve pedinchito al grito de niño de mami, como es el caso de Yo Quiero Una Mujer de Los Amigos Invicibles cuando cantan: “Yo quiero una mujer que me quiera de verdad, que me pueda comprender y que me quiera mimar.” Siempre es más astuto y hasta divertido cuando la petición va aderezada con juegos lingüísticos propios de la plasticidad del idioma. Así lo hacen, por ejemplo, los Hermanos Narvaez en Pancha Baila En Turcos cuando cantan:

“Yo quiero una muchacha que sea muy vivaracha;

para empezar, que sea muy trucha;

que trabajando sea muy hacha;

que parezca una garrocha,

que la pata tenga mocha

y que se robe la mercocha.”

También existen las canciones que describen a la mujer cual si fuera una diosa. Esa mirada masculina para entender la belleza, para endiosarla, para describirla con vivaz tenacidad está presente en Hechicera de Maná. Primero, hablando de ella: “Hay una mujer hermosa, la más primorosa, de ojitos negros y piel gitana. Es una hechicera que domina al hombre con sus danzares, con las caderas. No se sabe de dónde ha salido ni a dónde ha ido; ella es un misterio. Se mueve con cadencia, con la inocencia de una princesa que nadie toca.” Y todo esto sólo para tomar valor y finalmente decirle: “¡Ven! Déjame estrecharte, deja desnudarte bajo la luna poquito a poco.” Lo mismo que hace Emmanuel en Corazón De Melao, primero una descripción deífica, después una invocación amorosa y termina en un diálogo sensualón:

“Mira a la morena que me tiene alborotado;

brinca, salta y baila como un trompo de medio lado.

No hay más que mirarla y ya te sientes atrapado.

¡Ay, que ella me vuelve loco!

 

Suelta la cintura si me quieres enamorado,

deja que la sangre se te mezcle con el cha cha,

bríndame un te quiero con limón y sin mezclar.

¡Mira, que me vuelve loco!

 

Bailo como un loco en tu cintura dislocado,

sorbo de tu boca el veneno regalado.

Una telaraña de tu cuerpo me has echado.

¡Mira, yo me juego todo!

 

En la noche oscura, te escabulles a mi lado.

Subo por tu pecho, sin aliento y todo sudado.

Quiero tu cintura pero todo se ha borrado.

¡Ahora yo me vuelvo loco!”

De pronto, va a parecer que es el hombre quien, casanova, conquista mujeres con música, baile y verbo; pero también la mujer se ha desenvuelto plenamente en este arte de la seducción musical. Y para prueba Amor A La Mexicana de Thalía: “Compasión no quiero. Lástima no quiero. Quiero un amor duro que me pueda hacer vibrar. Tu sabor yo quiero. Tu sudor yo quiero. Quiero tu locura que me haga delirar. Suavecito quiero. Bien rudo lo quiero. Quiero que me llegue hasta el fondo del corazón. Lento yo lo quiero. Siempre más lo quiero. Quiero que me espante hasta perder la razón.” ¡Vaya! Si algún caballero se puede resistir a estos niveles del candor, será un extranjero de sangre fría; porque no hay piel morena que resista los embates de una dama llamando al amor de tal manera. Y por si fuera poco, Thalía no se conforma y lo vuelve a hacer con Piel Morena:

“Es la magia de tu cuerpo o el perfume de tu aliento, es el fuego de tu hoguera que me tiene prisionera. El veneno dulce de tu encanto es la llama que me va quemando; es la miel de tu ternura la razón de mi locura. No soy nada sin la luz de tu mirada, sin el eco de tu risa que se cuela en mi ventana. Eres dueño del calor sobre mi almohada, de mis noches de nostalgia, de mis sueños y esperanzas. Eres suave como el viento, eres dulce pensamiento, eres sol de mis trigales, eres miel de mis cañales. Son tus besos dulce fruta que me embriaga, que se lleva mis tristezas y devuelve al fin la calma. Prisionera de tu amor en la alborada, de tus besos, tus caricias que se quedan en el alma.”

Eso es una declaración de lo más poética. Que me parta un rayo si estoy diciendo una mentira o una barbaridad. Podría hacer un análisis literario sobre la lírica de la canción y exprimir cada figura retórica, cada imagen poética y cada estructura lexicosemántica que la compone, y explicitaría académicamente lo sobrasote de la canción. Pero mejor escucharla y bailar, para qué ponerse sesudos cuando a primera oída se siente el sabor. Justo así lo hacen las Hermanas Navarro en Pepe, una canción de fiesta, de baile, de apretujones, arrimones y caderazos.

Finalmente, cómo dejar fuera la maravillosa Piel Canela interpretada una y otra vez por tantos y tantos, pasada a cuantos géneros musicales se les antoje. Porque, al final del día, no importa en qué ritmo se diga sino con que intensidad, emoción y poesía:

“Que se quede el infinito sin estrellas

y que pierda el ancho mar su inmensidad,

pero el negro de tus ojos que no muera

y el aroma de tu piel se quede igual.

Aunque pierda el arcoiris su belleza

y las flores su perfume y su color,

no sería tan inmensa mi tristeza

como aquella de quedarme sin tu amor.”

Kobda Rocha

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Todo lo que no es

Este poema no es la historia de un hombre triste y solo que ha sufrido en su memoria, maldiciendo sobre Apolo, que en su eterna soledad se pasea por las sombras que le sirven como alfombras de su inmensa oscuridad. Esos cuentos ya son viejos y esos hombres son perplejos.

Por supuesto que tampoco éste es un cuento de hadas donde un mundo vuelto loco tienta a damas encantadas con la única ilusión de vivir su amor perfecto sin tener más que un defecto: la carencia de razón. Esos cuentos son tonteras y esas damas ni siquiera.

Esto no es una novela de un valiente y sobrio mozo que hace todo, que hasta vuela, pues se precia de amoroso, caballero andante altivo que pelea por su novia, que ante nada él se agobia, pues por ella sigue vivo. Esos cuentos son un chiste; si te gustan, ya perdiste.

No es la princesa dormida, prisionera en una torre, por dragones guarecida, esperando a quien los borre y del sueño la rescate como buen príncipe azul con semblante de gandul, rico, guapo y sin mecate. No hay un beso verdadero en un cuento verdulero.

No es la historia de un poeta miserable y solitario que una noche al darse cuenta calma el cielo su calvario, enviándole una linda estrella con la forma de una dama que lo arrulla, que lo ama cual la luna dulce y bella. Esos cuentos son mentira; quien los cree es quien delira.

Tampoco es el gran relato de una chica enamorada que desposa a un pazguato y termina embarazada, que en su casa se envejece y la vida se le escapa por los hijos y la etapa aunque no se lo merece. Cualquier cuento parecido son patrañas sin sentido.

Este cuento, en cambio, es todo lo contrario a esto. Un poema que ni es ni pretende nunca serlo. Una historia que no es ¡y qué bueno, yo me alegro! Y si usted no sabe qué es, pues ni modo, lo lamento.

Kobda Rocha

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