El soundtrack de toda una vida

Desde pequeño, con los anhelos y las ansias desbordándose en cada poro por las hormonas de crecimiento, al ver el triunfo del rockandroll en la tele y escucharlos día con día a través de las estaciones radiofónicas más populares de mi país, cuando los maestros en la escuela, algún familiar en las reuniones navideñas o cualquier vecino en el mercado del rumbo me preguntaba qué quería ser de grande contestaba siempre, al instante, sin titubeos ni dudas, que mi destino era ser estrella de rock.

Llegada la juventud, con amplia experiencia auditiva, reconociendo miles de canciones históricas al primer par de compases, habiendo aprendido teoría musical a profundidad y dominando los cinco instrumentos básicos de la música contemporánea, escogí las dos canciones que sonorizaban mi estilo de vida, mis pensamientos, mis ideales y mis planes futuros: La Guitarra de Los Auténticos Decadentes y Mente Rockera de El Tri.

La primera canta: “Tuve un problema de difícil solución en una época difícil de mi vida; estaba entre la espada y la pared, aguantando la opinión de mi familia. Yo no quería una vida normal, no me gustaban los horarios de oficina, mi espíritu rebelde se reía del dinero, del lujo y del confort. Y tuve una revelación, ¡ya sé qué quiero en esta vida!: será la música mi techo y mi comida porque yo no quiero trabajar, no quiero ir a estudiar, no me quiero casar. Quiero tocar la guitarra todo el día y que la gente se enamore de mi voz.”

La segunda canta: “Cuando era niño mi jefa me dijo «Quiero sentirme orgullosa de mi hijo, quiero que seas arquitecto o doctor, o quizás llegues a senador.» Cuando en la escuela comencé a chafear mi jefe me mandó llamar, quería pelarme como militar y ponerme a trabajar. Mi mente dijo que no. Mi cuerpo dijo que no. Mi sangre dijo que no. A mí me gusta el rock and roll.”

Yo sostenía sendos mensajes en mi corazón con toda mi fe y mi voluntad a pesar de que poco a poco mi entusiasmo dejaba de hacer gracia a las personas a mi alrededor. En algún momento, incluso, hubo quien me adjudicó El Hijo Desobediente de Tex Tex y No Voy A Trabajar de Bermudas porque con el mismo paquete del rock viene también una ideología contracorriente, contracultura, opositora, rebelde, subterránea y antisocial. Pero yo me aferraba a canciones como Todo Sea Por El Rock N Roll de El Tri, la cual responde: “Te gustaría verme nadando en un charco de sangre o colgado de una cuerda sin aliento y sin aire o cayendo lentamente al fondo de un abismo todo despanzurrado y haciendo bizcos, te gustaría verme tirado en la banqueta babeando sangre por la boca y con la bragueta abierta causando lástima a los peatones, te gustaría verme en la calle de la amargura o buscando algo que comer en el bote de la basura o pidiendo limosna en las esquinas o clavado en la cárcel lavando las letrinas, te gustaría verme tres metros bajo tierra. Y todo por el rock and roll…”

Pasé toda mi juventud tratando de probar que el mundo se equivocaba y que yo tenía razón. Sin embargo, al llegar a la edad adulta, la canción Yo Pensaba Que de El Haragán adquirió sentido y significado para mí con esas líneas terminantes: “Yo pensaba que todo era rodar y rodar, que no se me iba a acabar, que todo era jugar y jugar, que no había que trabajar para conseguir la felicidad, que todo era reír y gozar, que todo era felicidad. Y hoy me doy cuenta que tenía muy poca edad, y que las cosas que realmente valen cuestan más, y que el tiempo que uno pierde no regresa ya.”

Hoy, a punto de entrar en la descripción de la senectud, con el fracaso acumulado en cada paso y la desesperanza articulando en cada movimiento, estoy obligado a reconsiderar el soundtrack que ha perseguido mis talones desde la primera vez que siquiera soñé con convertirme en rockstar. Las canciones que dan realidad a mi defectuosa situación son las más desgraciadas: 1) Perro Negro Y Callejero de El Tri, la cual dicta “Tengo que rodar por la gran ciudad, la gente se espanta al verme pasar. Soy como un perro negro y callejero, sin hogar, sin hembra y sin dinero.”; 2) El Haragán de El Haragán, donde se establece que “Toda mi vida he sido un haragán, toda mi vida he sido un pelafustán, una persona sin sueños y sin lugar, un conformista sin anhelos de superar. Soy un mediocre y no lo puedo negar, un simple iluso sin una realización, un disparate sin metas y sin razón.”; y 3) Vagabundo de Brebaje Extraño, donde finalmente llega la aceptación del hado permeante: “No me preocupa el no tener dinero, lo necesario para subsistir. No me interesa que no sea guapo porque así feo, así soy feliz. No me apetece estar a la moda, escucho blues, contracorriente voy. Con mi melena y la guitarra en mano me siento libre sin ningún temor. No me interesa saber de política, del presidente o de religión, yo tengo claro bien mis ideales. No tengo casa, vivo donde sea, donde la noche me agarre está bien, y me alimento de lo que se pueda; así es mi vida qué le voy a hacer. Lo que tú ofrezcas es de corazón. Vagabundo soy y así soy feliz.”

Probablemente es mi vida la materialización de estas canciones, o quizá sólo es una fantasía cubriendo una pesadilla mundana y horriblemente humanista. Lo que es cierto es que dentro de las expectativas personales y la proyección de la propia existencia vivo bajo el yugo de la canción Todo Me Sale Mal de El Tri.

Kobda Rocha

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