Despertares

Piénsese en un niño apenas adolescente recién cumplidos los doce años. No inocente, no ingenuo, más bien maleado hace tiempo, incrustado en una cultura agresiva, provechosa, ventajosa, sexualizada, misójina, corrupta, maleducada, indecente, majadera y desalmada. Una persona que a los doce años siga siendo inocente y feliz es alguien nacido en cuna de oro y bastante tonto a decir verdad, pues el mundo en todos sus ámbitos es un gran maldito como para no lograr verlo tan a temprana edad. En fin, un niño que ya sabía lo que era el rock&roll, que ya había desarrollado un gusto directo por bandas contemporáneas de rock, hip hop e incluso heavy metal. Un niño al tanto de su realidad y sin embargo también inexperto, temeroso, inmaduro y expectante. De pronto, en un canal cultural local de televisión abierta, una presentación de la banda de punk industrial Primeras Impresiones.

Mujeres en el rock ya había muchas a esas alturas, pero ninguna así de extrema. Cuero, cadenas, estoperoles y un par de senos enormes a vista desnuda con una voz desgarradora, una actitud intimidante y un mensaje brutal. Ésa era la liberación femenina de la que tanto hablaba la tía Conchita en la sobremesa. En un recién adolescente no representaba una excitación sexual pura, sino más bien una fantasía fetichista más apegada al ideal femenino que al placer corporal. No era ver a una mujer cuasidesnuda en la televisión (eso se veía diario a todas horas en cualquier noticiario, programa de chismes o reality show), era en cambio ver a una mujer encarnando el tan mentado y nunca antes comprobado lema de “sexo, drogas y rock&roll”. Finalmente, el sonido hosco y penetrante del metal tenía una imagen que le correspondía fielmente.

P.D.: Este texto no es una apología, sólo es una remembranza.

Kobda Rocha

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