Los chinos

Algunos pretendidos eruditos suelen decir que las personas avenidas del continente asiático no distinguen entre un guatemalteco, un colombiano, un chileno, un argentino, un uruguayo y un mexicano, dicen que todos somos iguales, que no ven diferencia alguna tal como los americanos vemos iguales a los japoneses, taiwaneses, tailandeses, coreanos, filipinos y vietnamitas. Esto cierto hasta que se plantea un límite de percepción individual. Es decir, se los ve iguales cuando uno está completamente alejado de su cultura, cuando no se consume ningún producto visual de sus artistas. Sin embargo, cuanto más nos acercamos a sus personajes, a su historia y nos familiarizamos con sus individuos logramos distinguirlos claramente. Cabe aclarar que esto sucede prácticamente con cualquier distinción racial, idiomática y cultural. Por ejemplo: distinguir entre un cariota y un etiope, entre un francés y un griego, entre un estadounidense y un canadiense. En fin, la cuestión es más cultural que fisiológica (incluso que biológica como algunos ineptos suelen creer).

En fin, la confusión generada por la lejanía cultural no sólo sucede con la fisionomía de las personas sino también con sus productos artísticos. Y ahora más con la mentada globalización, todo suena a uno mismo. En estos tiempos dosmileros es dificilísimo distinguir nacionalidades por la expresión artística de sus ciudadanos, ya que la meta de todo mundo parece ser la total ausencia de identidad regional. Como sea, no estoy aquí para juzgar de mutilado lo presente; en realidad, todo lo anterior ha sido para explicar el motivo de mis actuales elucubraciones: música ininteligible.

Cuando digo que no entiendo esta música no me refiero al constante y gastado plazo de gusto e insatisfacción. Claro, una cosa es el gusto personal y otra muy distinta es la comprensión de la ideología propia del producto y su productor. Es decir, cuando escucho a estas bandas, entiendo claramente lo que hacen… musicalmente hablando. No obstante, lo que no termino de entender es el ámbito conceptual de su trabajo. Me parece ajeno, como si estuviesen del otro lado del mundo, como si fueran de un lugar y un tiempo desconocido para mí. Lo intento y lo sigo intentando, incluso pongo atención a las opiniones que vierten otros occidentales como yo y, aun con todo, no logro quedar convencido de que estemos comprendiendo al cien por ciento lo que aquellos artistas lejanos tratan de comunicarnos. Pero, vaya, tal vez sólo sea mi incapacidad para digerir su propuesta musical.

Independientemente del gusto personal, invito a quitarse el sano prejuicio de lo que se pueda presentar a continuación y ofrecer una escuchada a estas tres canciones:

  • Heartless Scat de Ningen Isu.
  • Wolf Totem de The HU.
  • Grembo Zavia de Koenji Hyakkei.

Kobda Rocha

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