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Una frase muy común en literatura popular es No juzgar un libro por su portada, cuyo significado se ha metaforizado para hablar sobre cualquier cosa, por ejemplo para no evaluar un producto o establecimiento antes de probar sus servicios, incluso se utiliza para no prejuzgar el comportamiento de las personas guiándose por su apariencia física. Personalmente, he odiado dicha frase desde la primera vez que la escuché, en boca de un compañero de la escuela básica, recuerdo. ¿Qué no se supone que de la vista nace el amor? Eso es juzgar por el exterior ¿o no? Bueno, al menos en primera instancia. Estoy de acuerdo con que se debe profundizar en cada cosa y una vez que se conoce algo por fuera y por dentro, entonces sí se puede decidir si es bueno o malo, pero no entiendo por qué habría de anular la primera imagen. ¿No dicen que la primera impresión es la que cuenta? Si de primera vista un platillo no se me antoja porque se ve asqueroso, ¿por qué debo comérmelo: sólo porque no debo juzgarlo por su apariencia? Vaya, si hasta una mascota se elige porque nos parece “bonita”, es decir, agradable a la vista. Lo mismo con la ropa, con un automóvil, y hasta con los muebles de la casa. Todo se elige por cómo se ve. Claro, repito, también se toma en consideración la utilidad, el precio, la sustentabilidad, etcétera; sí, son muchas cosas involucradas, y entre ellas también está la primera vista. No digo que la imagen superficial sea lo más importante; sólo digo que no se le deje fuera al momento de juzgar al conjunto total de elementos que componen el artículo en cuestión. Una vez dicho lo anterior, me dispondré a juzgar algunos discos por sus portadas.

a) Antología Perdida de Luzbel. Ésta es una portada impactante, sobre todo para quien no ha recibido un impacto tan fuerte de ningún otro medio. Tendría yo alrededor de ocho años cuando encontré este disco entre los cachivaches del librero a mitad de la sala en la casa de algunos familiares míos. Nacido en una tradición religiosa severa, el ver un templo con una cara demónica y angelical (ambas al mismo tiempo) en lo alto del santuario, una mujer desnuda arrodillada ante ese ser hermoso y horrible; sin mencionar que en letras mayúsculas y claramente legibles está escrito el nombre de Luzbel (detalle que un niño a esa edad no sabe que es el nombre de la banda, sino que lo relaciona como un elemento integral de la portada en su conjunto). Mirar esta portada, sobre todo a temprana edad, es la primer blasfemia emprendida.

b) ¿Dónde jugarán las niñas? de Molotov. Una colegiala sexuada es ya un límite excedido. Entre lo moroso y lo intolerante, se prefiere conceptualizar la adolescencia como un período no sexual por excelencia. Por una parte, una joven estudiante no puede ser sensual ni sexual; por otra parte, un espectador cualquiera no debe sentirse atraído por la belleza ni por la sexualidad de una quinceañera. Todo lo cual, evidentemente, es una estupidez. Las personas a esas edades ya tienen noción fisiológica, sensitiva e ideal de todo lo que el desarrollo sexual significa. Privar a un adolescente de su sexualidad es privarlo de su libertad, de su ser, de su derecho a existir como ser humano completo. Además, forzar la propia percepción para ver o no ver a otra persona como atractiva es un crimen filosófico básico. Esto es: no se debe limitar la vista ni la percepción, el cuerpo instintivo será atraído por mera bestialidad; lo que nos civiliza en realidad es la moral y los principios (¡Cuidado! No se vaya a confundir con morosidad y prejuicios). En fin, todo esto sólo para decir que esta portada transgrede todas esas barrabasadas y lo muestra en brillante forma.

c) Debajo De Los Cielos Púrpura y Tristeza de Lucifer ambos de Transmetal. La contraposición de conceptos, el maniqueísmo bipolar, en resumidas palabras: el bien malvado y el mal bondadoso. Éstas son un par de portadas espléndidas que renuevan toda la concepción de los seres divinos, dos portadas que hablan por sí mismas y sólo hace falta echarles un vistazo para notar su grandeza.

d) El Día En Que Se Inventó La Muerte de Ultratumba. La pintura de Miguel Ángel retratando a San Jerónimo haciendo la traducción al latín de la Sancta Biblia. ¿Hace falta decir algo más?

Kobda Rocha

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