Lujo y vanidad

El amor es un lujo, es decir, un elemento innecesario para la vida de cualquiera. El amor es un coctel de mantarraya: delicioso, único, muy costoso y difícil de conseguir. Por supuesto, una vez que alguien ha probado tal manjar, quisiera no dejar de comerlo, desearía desayunar, almorzar, comer, botanear, merendar y cenar siempre y todos los días coctel de mantarraya. El lujo, sobre todo cuando se tiene la capacidad socioeconómica para sufragarlo, se vuelve una adicción. Sin embargo, aunque hay personas que han hecho de los lujos una cotidianidad en su estilo de vida, en realidad es algo innecesario. Comer sí es una necesidad, pero sólo comer, satisfacer el hambre, no morir; eso se satisface con cualquier lata de poroto. (No quisiera atender directamente a la teoría de Maslow, aunque si eso funciona para entender mi punto, entonces no interpongo ninguna objeción en que se considere argumentativo en el refuerzo de esto que expongo.) Para explicarlo con un ejemplo más sencillo: la necesidad es dormir, donde sea, incluso en el suelo, pero dormir… el lujo es dormir en un bosque privado, en un castillo propio, en la alcoba principal, en una cama de oro con pieles de oso por cobijas. Sí, se necesitan lazos emocionales, pero esa necesidad se satisface con los amigos, la familia, los vecinos, la pareja, los hijos. El amor es un lujo que sólo algunos pocos pueden escotar. Se puede pasar toda una vida sin comer mantarraya y seguir siendo feliz, o también se puede comer mantarraya a diario sin que eso signifique ser más feliz que aquel que nunca la ha comido en su vida. Quien no puede costearse un coctel de mantarraya tendrá infinidad de argumentos para convencerse de que es aún mejor vivir sin comer mantarraya; quien sí puede financiarse un platillo así poseerá a su vez muchos argumentos para defender su estilo de vida. Ambos casos son válidos y valiosos; en cualquiera de ambos lados que nos encontremos, se puede llevar una vida feliz. El verdadero problema con los lujos son las personas que no tienen los recursos para llenarse de esos mismos lujos pero sueñas, desean, anhelan y viven esperando algún día, aunque sea por unos cuantos minutos, poder disfrutar de esos lujos tan inalcanzables. El problema es preparar un atún como si fuera mantarraya; servir sardina en la mesa y decir que a eso mismo sabe la mantarraya. El problema es que todo mundo persiga el amor y se engañen a sí mismos y a sus respectivas parejas de que eso es amor cuando sólo es sexo, afecto, cariño, querencia, aprecio, atracción, estima, amistad, o alguna lata de sardina similar a las anteriores. Lo correcto es comer sardina y disfrutarla por lo que es, estar consciente de su sabor y ser feliz con lo que se tiene al alcance. ¿Por qué soñar con comer mantarraya cuando jamás se podrá obtener? ¿Por qué perseguir el amor cuando ni siquiera se tiene idea de lo que es (como la mantarraya)? El amor sólo es un lujo… y amar es mera vanidad.

Kobda Rocha

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