Sunwatchers – Oh Yeah? (2020)

Puntaje del Disco: 8,5

  1. Sunwatchers vs. Tooth Decay: 8,5
  2. Love Paste: 9
  3. Brown Ice: 8
  4. Thee Worm Store: 7,5
  5. The Conch: 7,5
  6. The Earthsized Thumb: 9

Bueno, gente. Sepan que, en primer lugar, fue un honor para mí el ser invitado por Persy a participar de este evento anual de hablar de los mejores discos del 2020 (que el año entrante va a ser el evento anual de hablar de los mejores discos del 2021, al año siguiente va a ser el de hablar de los mejores discos del 2022 y así sucesivamente. Es lo mismo, pero no lo es. Es y no es. Ustedes me entienden). En fin, basta de chistes y frases de Los Simpson y pasemos a lo nuestro.

Mi elección quizás les resulte rara a algunos. Es decir, ¿quiénes son Sunwatchers? Pues bien, es una banda estadounidense de jazz rock, y creo que me estoy arriesgando al ponerles esta etiqueta, ya que hay muchísimas influencias acá. Bastante experimental y difícil de digerir es este grupo. ¿Que por qué elegí este disco? Por ninguna razón en particular. Simplemente quería reseñar un disco y me puse a buscar cosas en internet. Lo que leí sobre este álbum lo hizo atractivo para mí, y así fue que lo elegí. Nada del otro mundo. Entonces, ¿qué tal está? Pues bastante bien. Como dije antes, es bastante complicado de digerir, pero los sonidos que logran llegan a ser muy interesantes. No es demoledor, pero rebosa de riesgo y buen gusto, y yo siempre voy a admirar esas dos cualidades.

Empezamos con “Sunwatchers vs. Tooth Decay”, que anticipa un embole en sus primeros segundos por culpa de esa plasta de saxofones y disonancias, pero enseguida entra la batería y todo va tomando color y unidad. Hay pasajes realmente demoledores (cuando termina la introducción y entran esas espirales musicales a demoler paredes) y otros más aburridos (más o menos a partir del minuto cinco) pero, en conjunto, es una experiencia muy recomendable.

“Love Paste” es, quizás, mi favorita. La más concisa de todas (la segunda más corta del disco). Después de una percusión heterodoxa, entra una línea de guitarra profundamente envolvente que de pronto se convierte en unos saxos que se paran en medio de la línea entre lo romántico y lo experimental. Dichos saxos interpretan la mejor melodía del disco, totalmente agradable y bastante alejada de lo indigerible y denso que es el resto del álbum, aunque inmediatamente va ganando la parte experimental y se empiezan a meter disonancias que sin embargo resultan funcionales esta vez. Gran canción.

“The Brown Ice” es otra espiral sonora de saxofón que se mantiene inamovible a lo largo de sus cinco minutos. Debería volverse cansadora, y hasta cierto punto lo hace pero, a su vez, hay algo de hipnótico en ella que me impide descartarla como el desastre del año. Simplemente adapten su mentalidad a lo que está sonando y déjense llevar a los mundos desconocidos que esconde este tema. Nada mal.

“Thee Worm Store” empieza con unos sonidos muy graves que se asemejan a la bocina de un barco. De la nada, la batería arrolla con todo y entra un riff que me recuerda mucho a “21st Century Schizoid Man” de King Crimson. A pesar de que es algo más variada que la anterior, se siente un poco repetitiva y cansadora, sobre todo cuando entran esos chugga chugga de ruido. No está mal, pero pudo ser mejor.

“The Conch” (the la lor. Sí, tenía que decirlo) es el tema más corto del disco. Empieza con un riff casi metalero que es prácticamente lo único de distinto que tiene el tema. El resto es muy repetitivo. A pesar de que el segundo riff también está bueno, el hecho de que lo repitan sin muchas variaciones lo hace cansino. Es el tema más flojo de este trabajo, si bien no es malo.

“The Earthsized Thumb” es la más larga, con casi veinte minutos. El riff que abre es monstruoso y sacude los cimientos de la tierra, tanto por su creatividad como por su volumen y densidad. Después se vuelve un poco repetitivo, pero justo en ese momento aparece un requinto salvador para cambiar de aires y que la segunda vuelta del riff no se nos haga tan pesada. Cuando ya nos estamos cansando de él, van apareciendo matices e instrumentos que vuelven más fresco al conjunto. Casi llegado el sexto minuto la canción se vuelve más jazzera por unos instantes,  antes de volver al mismo riff, pero hay algo inexplicable que hace que funcione. Quizás sean las contramelodías que acompañan, quizás sea lo mantráico que se siente. Pero no vale la pena discutir, ya que al octavo minuto entra un fantástico solo de guitarra de tintes superheróicos. Se van sumando saxofones humeantes del más puro free jazz haciendo solos loquísimos. Casi al minuto doce vuelve el mismo riff del principio, pero a la vez es diferente. Ya no se siente tan acaparador, sino que las grandes melodías de saxo acompañan el momento. Al minuto catorce y medio construyen de la nada una nueva línea de guitarra retumbante y ácida que se va volviendo más marchosa y demencial a medida que avanza. Dicho solo muere luego de los dieciocho minutos para que el mentado riff aparezca por última vez, pero con un mood distinto. Es como si fuera consciente de que la canción está terminando, por lo que se va relajando de a poco, hasta apagarse completamente y, con él, la canción y el disco. No es de los temas de veinte minutos que más me gusten, pero igual reconozco que no está nada mal. Gran cierre.

Y gran disco también. Hacen falta varias escuchas para asimilarlo, pero vale la pena hacerlo. No soy un enamorado de lo que hace esta banda a la luz de que este álbum no me parece impresionante, pero sí que reconozco su riesgo y lujuria. Hay que absorber ese sonido, pero al final hay recompensa. Por cierto, según la página de Bandcamp de la banda, este es quizás su trabajo más accesible y melódico, así que imagínense lo que deben de ser los anteriores.

Motorik

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