El extraño

Ayer en la comida mi mujer me dijo que un hombre vino a la casa vestido de negro con corbata a rayas y zapatos bien lustrados. Que le dijo que me buscaba. “¿Está el señor?” le preguntó. Pero mi vieja es bien sonza y ni le preguntó su nombre ni nada. Sabrá dios quién sea o qué quiera el pelado. Luego la muy me dice que le dijo al tipo ése que llego a las cinco y que los domingos no trabajo. Hoy que llegué me dijo que vino otra vez como a medio día. Y ¡otra vez! no le preguntó ni maiz. Bueno, que sí le preguntó que qué se le ofrecía pero que le dijo que sólo hablaría conmigo. Y pos así como es mi vieja, mejor; si no, vaya dios a saber qué le hubiera dicho… capaz que le firma algo a lo buey. Mañana le voy a dejar la pistola cargada y le voy a decir que le diga que no vuelva a regresar hasta que llegue yo.

Ayer a la hora de la comida vino un señor de traje con un portafolios y un anillo de oro (yo le echo 24 quilates). ¿Quién es usted, y qué se le ofrece? Nomás dijo “¿Usted es José?” Primero pensé que cómo pudo saber mi nombre, pero luego supe que nomás me estaba tanteando porque nunca dijo mi otro nombre ni mi apellido. ¿Quién pregunta y para qué oficio? Le hice una seña a mi esposa para que me trajera la pistola (no vaya a ser el diablo). “Buen día, señor José. Vengo como representante de Vélez & Asociados para ofrecerle la nueva promoción que acaba de salir al mercado. Mire usted, es un paquete con todos los servicios incluidos, es la última tecnología del desarrollo humano, es un producto exclusivo para personas como usted. Verá, este producto fue diseñado especialmente para…” ¿Como yo? ¿El muy jijo de la chingada se atreve a decir que es para las personas como yo? Como si no supiera sus intenciones; han venido tantos con sus cuentos y todos salen con la misma cosa. El primero fue un gordo barbudo que vendía recuerdos ajenos por catálogo. Podías comprar los recuerdos de cualquiera siempre que ya estuviera muerto. El segundo fue un chaparro bigotón que ofrecía lavados de consciencia gratuitos. Por poco y mi esposa se deja hacer uno. Si no fuera porque en ese momento yo iba llegando del taller, mi mujer ahora se sentiría inocente. Al tercero nunca lo conocí; ese día mi cuñada había venido para que jugaran los niños y cuando vino aquel tipo ella lo sacó a patadas. Y ahora éste. “¡Perdón, señor! No quise ofenderlo. Me refiero a personas buenas como usted. Porque usted es un hombre bueno; tiene una familia, su esposa y su hijo, y usted los ama y los cuida a pesar de todo; trabaja duro y no anhela tener más de lo que tiene; ayuda a sus vecinos sin pedirles nada ni esperar nada de ellos, lo hace sólo por ayudarlos. Es usted un buen hombre, José.” Váyase ahora si no quiere que eso cambie.

Ayer por la tarde mi hijo se fue de la casa. Pero ¿qué puedo decir, qué puedo hacer? Él es Jesús, es el Cristo; y yo sólo soy su padre.

Kobda Rocha

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