Todo lo que no es

Este poema no es la historia de un hombre triste y solo que ha sufrido en su memoria, maldiciendo sobre Apolo, que en su eterna soledad se pasea por las sombras que le sirven como alfombras de su inmensa oscuridad. Esos cuentos ya son viejos y esos hombres son perplejos.

Por supuesto que tampoco éste es un cuento de hadas donde un mundo vuelto loco tienta a damas encantadas con la única ilusión de vivir su amor perfecto sin tener más que un defecto: la carencia de razón. Esos cuentos son tonteras y esas damas ni siquiera.

Esto no es una novela de un valiente y sobrio mozo que hace todo, que hasta vuela, pues se precia de amoroso, caballero andante altivo que pelea por su novia, que ante nada él se agobia, pues por ella sigue vivo. Esos cuentos son un chiste; si te gustan, ya perdiste.

No es la princesa dormida, prisionera en una torre, por dragones guarecida, esperando a quien los borre y del sueño la rescate como buen príncipe azul con semblante de gandul, rico, guapo y sin mecate. No hay un beso verdadero en un cuento verdulero.

No es la historia de un poeta miserable y solitario que una noche al darse cuenta calma el cielo su calvario, enviándole una linda estrella con la forma de una dama que lo arrulla, que lo ama cual la luna dulce y bella. Esos cuentos son mentira; quien los cree es quien delira.

Tampoco es el gran relato de una chica enamorada que desposa a un pazguato y termina embarazada, que en su casa se envejece y la vida se le escapa por los hijos y la etapa aunque no se lo merece. Cualquier cuento parecido son patrañas sin sentido.

Este cuento, en cambio, es todo lo contrario a esto. Un poema que ni es ni pretende nunca serlo. Una historia que no es ¡y qué bueno, yo me alegro! Y si usted no sabe qué es, pues ni modo, lo lamento.

Kobda Rocha

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