Bad Boy, un niño en la flor de la rebeldía

Puntaje del Cómic:

  • Año: 2011
  • Género: Ciencia Ficción
  • Autores: Frank Miller, Simon Bisley
  • Editorial: Dynamite
  • Entregas: 1

Estuve vagando por Quilca en el centro de Lima, y entre tanta librería de viejo, entre tantas rumas de papeles apolillados, desperdigado por cualquier parte, di con una edición empolvada y olvidada de Bad Boy, que impacta por la imagen desafiante en portada: Letras salpicadas en sangre, el rostro maltratado de un niño que saca la lengua descaradamente con heridas punzantes que colorean su rostro, la nariz fracturada emana un riachuelo de sangre que besa la lengua granate, un ojo verde lloroso, otro ojo con hematoma morado en gran hinchazón, tres curitas que intentan tapar algunos pequeños cortes de pelea, el ceño fruncido que pliega en furia y enojo las líneas de su pequeña nariz, el cabello rebelde, un gato medio diabólico, tierno y dominante a la vez, que se acurruca en su costado haciéndole un giño en signo de complicidad, una cruz de hierro nazi que cuelga en el cuello de esta mascota, el dedo medio del rebelde mocoso en primer plano y en señal de insolencia, el desafío de una criatura que impacta a más no poder. Una portada que escandaliza y atrae.

Sin pensarlo dos veces, me llevé el viejo ejemplar por ocho soles. Ya en la habitación en donde paso mis días de estudiante adulto y provinciano en una Lima aburrida de cielo panza de burro, desempolvé con mayor cuidado las hojas en su interior y en unos cuantos minutos me sumergí en su lectura y contemplación. Jason es el nombre del muchacho que vive ciclos de engaños en un entorno familiar de locura y destrucción. El padre y la madre fingen afecto hacia su hijo de mentira, tratándole de convencer de que sufrió un accidente y que pronto irán a Robles Sagrados, un lugar de ensueño y de aparente respeto hacia el ecosistema. Sin embargo, el niño no se traga el cuento y en su rebeldía toma poder de los mandos del avión en donde viajan en aparente tranquilidad. Siempre falla en sus reiterados intentos, puesto que el lavado de memoria que le hacen no surte un significativo efecto en su persona, pero el sometimiento del poder de las máquinas va en su desmedro físico. Adolf, su gato es el quien siempre le aconsejará en dudar; entonces tendrá que guiarse por su instinto para escapar de la dominación.

Este mal elemento en realidad no lo es; aunque su estampa sea la de un renegado, su lenguaje, procaz, sus vicios sean de carácter insultante y su sexualidad, a flor de piel, el niño es un héroe en toda la extensión de la palabra. Quizá un antihéroe, pero héroe en fin. Jason no se deja dominar por el sistema imperante ni cree en margaritas y unicornios; duda de la extrema sensibilidad sobreactuada de su padre impostor y de la fingida protección de la quien dice ser su madre. Aunque caiga en la dominación, cada vez mejorará su estrategia para no dejarse someter. Jason siempre arriesgará su integridad física y se dará cuenta de la presentación de engañosos hologramas a su alrededor.

Fingirá estar narcotizado y se dará cuenta de que una robot por demás de sensual, quien le provoca una descabritada erección a este indomable niño, y quien manda en ese mundo oscuro, dominador y futurista, por algún motivo desea información que él guarda en su cerebro. Ella se muere por descubrir sobre los arcanos que resguardan sus neuronas ¿Qué tipo de datos cerebrales? No lo sabremos nunca, puesto que al final, el niño arriesgará la vida y se aventará hacia unas profundidades misteriosas, ya que el mundo en que se ha ido movilizando es como una especie de ensueño y él ha dado con un portal de escapatoria. Al caer hacia este misterioso lugar hará un par de amigos, un viejo estrafalario y liberal y una mujer morena y exuberante, quienes le ayudan a resguardarse. Chaz y Darlene son de lo más simpáticos. Jason aviva el instinto maternal de la mujer que al parecer ha perdido a su hija Ruby. El niño rebelde siente erecciones por ella, mientras que Chaz celebra con desfachatez tal ocurrencia. En una fogata destapan cervezas y Jason fuma un cigarrillo. 

Aun así, quedan preguntas por resolver. Jason no sabe muy bien sobre su origen, sabe que su mente esconde preciosa información. Ya está a salvo, pero nuevamente tendrá que arriesgarse a inciertas aventuras para descubrir su origen. Su rebeldía aún tiene líneas misteriosas que seguir… 

… lamentablemente solo hay una entrega de este cómic y el misterio queda ahí: “The end” reza el final. Sin embargo, en este corto número el lector puede maravillarse, como se dijo anteriormente, en primera instancia, debido al impacto de su portada, además los colores utilizados en su composición son muy llamativos, resaltan los rojos, celestes y verdes, siempre en contraste con el negro. Las acciones son por demás dinámicas. La repetición de la reclusión de Jason en el hospital junto a la visita de sus supuestos padres pareciera un error de edición, mas no lo es, puesto que hay pequeñas modificaciones en la composición de la situación repetitiva como, por ejemplo: La curita en la frente de la madre, ojo hinchado de Jason, diferentes juguetes al lado de la cama del hospital en donde él despierta, todos estos detalles nos advierten a que no hay ningún desliz por parte de sus genios creadores, Miller y Bisley. 

Además, el cómic tiene situaciones graciosas que van mezcladas con el misterio; la dureza estética de la sexualidad y el lenguaje, por veces, descarado también son puntos a favor a tomar en cuenta en su valoración. Este número también nos presenta en las páginas iniciales algunas composiciones a color y en su colofón, unos bocetos en blanco y negro muy interesantes, por supuesto, todos muy talentosas.

Bad Boy, un niño en la flor de su rebeldía.

Jesús Humberto Santivañez Valle 

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