Con visión de poeta

Fotografías de Ana Cureño

Del 5 al 7 de mayo (2019) en la ciudad de Pachuca de Soto, Hidalgo (México), se llevó a cabo el 5º Encuentro Nacional de Performance (ENAPE V). Este encuentro, a pesar de su nombre, congregó a performers no sólo de Méjico sino también de Argentina, Brasil, Alemania y EEUU. Yo (Kobda Rocha) tuve el honor de presentar el recital poético «El Demoño & La Maldá», presentación inaugural del encuentro, por cierto. Debo confesar que llegué a sentirme ínfimo e intimidado por las personalidades que estuvieron presentes —aunque en realidad todos, grandes artistas, poseen una excelsa calidad humana y me hicieron sentir cobijado, ¡hermanado!, con ellos; habrá que imaginarse a un poeta y su miseria entre tan talentosos performers—: Erika Bulle, Eliana Gómez, G. Hurley Santos, Juan Pohls, Jesica Bastidas, Lorena Barrera, Dante Tapia, Fredy García, Laura Lubozac, por mencionar algunos. Por supuesto, maravillas hubo a borbotones… ni con toda mi teoría literaria, figuras retóricas ni poética estética podría describirlo con la precisa belleza, grandeza y plenitud con que lo viví. Lo que sí puedo decir es que este encuentro me dejó marcado, ¿para bien o para mal?, no lo sé —para mi oficio de escritor, quiero decir—, pero la marca ya está hecha.

En fin, para la digresión de esta semana, hablaré de tres performances que utilizaron el recurso musical (auditivo en general) de manera altamente loable.

1.- Performance, Xitlalli Treviño.

La petición inicial fue ir al fondo del escenario y mirar desde allí el teatro, pues todo se llevaría a cabo en sentido inverso al común: el público sobre el escenario y el desarrollo performático del lado de las butacas. La perfo planteaba la situación de una mujer violada; lo impactante fue escuchar la voz del grillito cantor narrando:

«Escondida por los rincones,

Temerosa que alguien la vea,

Platicaba con los ratones

La pobre muñeca fea.»

En el infinito abismo oscuro del teatro, la mujer depositaba su dolor en cada fila de asientos, de pronto se perdía entre las butacas vacías y uno no lograba visualizarla a través de la oscuridad de sus rincones.

«Un bracito ya se le rompió,

Su carita está llena de ollín

Y, al sentirse olvidada, lloró

Lagrimitas de aserrín.»

Nosotros, linaje humano, a salvo en la multitud del escenario completamente iluminado, tratábamos de generar algo de empatía (al menos, yo lo hacía). Daban ganas de bajarse de ese mundo escenográfico y en un abrazo largo decirle: «Muñequita, ya no llores». Pero al final, como pasa en la vida real, resulta muy difícil generar genuina comprensión, y uno se da cuenta que nosotros somos los mismos ratones que terminan por sentenciar: «Tontita, ¡no tienes razón!». En ese momento, uno quisiera dejar de ser humano y convertirse en escoba, recogedor, plumero, sacudidor, araña o viejo veliz. Y, entre tanto, la única certeza que atina a versar Gabilondo Soler es: «Tus amigos no son los del mundo porque te olvidaron en este rincón».

2.- Quisiera ser cabeza de medusa para transformar a todos en piedra, Huasmole Corp.

Objetos arbitrarios, luces esquizofrénicas, máscaras locas, movimientos extrañísimos, discursos apretujados y, sobre todo, un fondo musical repetitivo como base rítmica en loop. La secuencia termina con la irónica revelación de que esto es arte y se ofrecen reverencias. Entonces, todo comienza otra vez: los objetos arbitrarios, las luces esquizofrénicas, las máscaras locas, los movimientos extrañísimos, los discursos apretujados y, sobre todo, el fondo musical repetitivo como base rítmica en loop. Al final, otra vez la irónica revelación de arte y las reverencias. Después de nuevo los objetos arbitrarios, las luces esquizofrénicas, las máscaras locas, los movimientos extrañísimos, los discursos apretujados y, sobre todo, el fondo musical repetitivo como base rítmica en loop. Para acabar, viene la revelación del arte y las reverencias. Y nuevamente los objetos arbitrarios, las luces esquizofrénicas, las máscaras locas, los movimientos extrañísimos, los discursos apretujados y, sobre todo, el fondo musical repetitivo como base rítmica en loop. El arte, su revelación y las reverencias. Después de un rato, uno se da cuenta que lleva hecho piedra presenciando el mismo absurdo sisifesco por horas, tal vez días, años, siglos, generaciones enteras de humanidad repitiendo el mismo hado estúpido de la especie.

Una pregunta surge al lograr despegarse del asiento: ¿dónde está dios? En ese momento, no pude responder (porque estaba petrificado), pero ahora daré una aproximación: en el cielo veraniego sobre las praderas reduidas, en el trino matinal de los pichones, en el salto discreto de las liebres, en el arrullo de una madre despojada, en la risa chimuela de los ancianos, en la simple pregunta, ahí está dios.

3.- ¡No!, Santísimo.

Los ojos vendados, un hilo amarrado a la muñeca, la música hipnotizadora de Franz Velvet y un discurso complejísimo de filosofía científica. El mensaje es simple: todo lo que hacemos afecta al prójimo. No importa si somos conscientes, si sabemos cómo o por qué, no importa que no nos demos cuenta o que no nos interese, de cualquier forma todos estamos conectados de alguna manera: los muertos con los vivos, las mujeres con los hombres, los ancianos con los niños, los artistas con los religiosos, los filósofos con los criminales. ¡Todos estamos conectados y todo lo que hacemos afecta al prójimo!

Una eternidad después de quietud y estímulo sonoro, la indicación es moverse cuando el hilo se mueva, sin forzarlo, sólo seguirlo a donde te lleve. Caminar detrás del hilo, dejarte llevar por él. La siguiente indicación es descubrirse los ojos y, ¡BAM!, el hilo amarrado a tu muñeca está amarrada a una argolla en la espalda de Santísimo. Algunos necios que se resistieron y forzaron el hilo, o los que lo jalaron bruscamente, o los que lo rompieron, o los que trataron de hacer lo debido pero por descuido o accidente igual opusieron fuerza sobre el hilo, y aun quienes creímos no errar, todos habíamos lastimado al humano sostenido por nosotros. Debimos soportar su existencia mas, en cambio, la sangre corría y las heridas latían ya en su cuerpo. Metáfora performática de cómo nuestras acciones, nuestras ideas, nuestras palabras, nuestra sola existencia afecta a todo el mundo… aunque no lo sepamos, aunque no lo creamos, aunque no lo querramos.

Pueden escuchar un fragmento del audio en el siguiente link: https://www.facebook.com/ElSantisimoOzzie/videos/680241399091623/

Kobda Rocha

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