Cualidades para un campeón

I cannot breathe, let me be free from myself.
Delilah

De los cuatro ingredientes que conforman la consciencia humana, uno siempre tiene habilidades para desarrollar una más que las otras. No es que uno no pueda entrenarse en todas ellas ―de hecho, eso es lo conveniente―, sino que algo innato siempre está allí marcándonos cuál nos va a regir desde el inicio. Muchas veces, aunque trabajemos en los otros aspectos, esa parte de nosotros se sobrepone a todo lo demás.

El cuerpo, por ejemplo, es una cosa que parece fácil desarrollar, sólo te vas al gimnasio y comes bien. ¡Listo, ya está! Es fácil, claro, para quien está destinado a ello, pero para el resto resulta sumo difícil. En algunas personas, se refleja como pereza o falta de disciplina; en otras, se traduce como desinterés o desánimo; algunas veces, parece que uno simplemente es enfermizo y, con el asma, pos cómo; en otras ocasiones, no hay tiempo o dinero; en fin, son interminables las razones por las cuales hay gente que no se dedica al desarrollo de su cuerpo. Incluso hay quien se inventa tonterías como intelecto contra fuerza bruta, la pluma es más poderosa que la espada, la mente domina el cuerpo, lo fuerte no te hace valiente o alimenta tu alma y no tu cuerpo. Pero quien sí tiene las dotes para deportista, el don de las artes marciales y la capacidad que requiere la gimnasia no opina lo mismo. La fuerza no es bruta; ser fuerte sí te hace valiente (en cierta medida); el cuerpo y el alma sí pueden estar en comunión, tal como el corazón y la mente.

Lo mismo que con el cuerpo sucede con el corazón, la mente y el alma. Uno ―seamos sinceros― ya viene predeterminado con el potencial para una más que para las otras. Si yo tuviera cuerpo, sería actor porno o fisicoculturista. Si tuviera alma, no estaría escribiendo esto. Si tuviera corazón, alguien ya me habría dado un premio o me hubieran invitado a cenar un molito verde. Si tuviera mente, lo sabría.

Y aquí estás, tratando de desarrollar las cuatro al mismo tiempo, a ver si descubres cuál es la tuya, aunque muy muy en el fondo sabes que eres un ciudadano promedio, un hombre común, un tipo sin talento, un borrego impotente, un cegatón incompetente, una cabeza más en las estadísticas de masas, uno del censo, eres pequeño.

Kobda Rocha

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