Sobre cómo odiar a dios y otras blasfemias

God hates us all! You know it’s true.

God hates this place; he hates this race.

Kerry King

Odiar a Dios es fácil. Sólo hay que echar un vistazo a su creación, a su dogma, a su biografía, para convencerse de que no merece nuestro amor. Para odiar a dios, se debe comenzar escribiendo su nombre con minúscula. Para odiarlo bien, se debe creer que es macho, masculino, hombre pues. Para odiarlo de veras, hay que haberlo amado primero.

  1. Pensar que todo lo bueno en nuestra vida pasa gracias a él y no gracias a nosotros mismos es la forma más primitiva de esclavización. Como si nadie pudiera hacer el bien para sí mismo y forzosamente la mano de dios tuviera que venir a salvarnos de nosotros mismos.
  2. Pensar que nada de lo malo que pasa en nuestra vida es por su culpa sino por la nuestra es la forma más avanzada de capitalismo democrático. Recientemente, comenzaron a brotar campañas de “no usemos popotes porque matamos al planeta” para hacernos responsables ¡aun culpables! de la contaminación y señalarnos entre nosotros mismos, olvidando que si las empresas que los fabrican no los fabricaran entonces nadie los usaría (aunque quisieran; pues si no existen, no se usan… Lógica simple, ¿no creen?).
  3. Que él sea todo bueno y todo poderoso es un sinsentido bobo tan antiguo y tan criticado que está de más repetirlo aquí. Pero como nunca se sabe si ésta es la primera vez que alguien lo considera, mejor lo vamos a repasar nuevamente. Hay un viejo acertijo donde le piden a dios crear una piedra tan pesada que ni él la pueda levantar; si la crea, no es todopoderoso porque NO PUEDE levantar la piedra; y si no la crea, tampoco es todopoderoso porque NO PUEDE crear una piedra así. En cualquiera de ambos casos, se comprueba que no es omnipotencia. Lo mismo sucedería si le pidiésemos algo para probar su bondad. Dejaré el asunto en palabras de Antonio Plaza:

Si he de vivir en la desgracia,

¿entonces por qué murió por mi existencia?

Si no quiere o no puede hacerme gracia,

¿dónde está su bondad y omnipotencia?

 

  1. Si él es el padre de Jesús Cristo y su madre es María, pero al mismo tiempo dios y yisus son uno mismo… ¿Entonces fue incesto? ¿Entonces dios es un Edipo freudiano más?
  2. Pensar… No, No. Corrijo: Creer que él creó el cielo, la tierra y todas las cosas, es desmeritar a los artistas. Es lo mismo que adorar a las musas porque creyésemos que un humano no es capaz de tales maravillas. Es, entonces también, creer que uno mismo es un tarado retardado a quien la evolución no ha servido para nada.
  3. Creer que Adán y Eva fueron diseños planificados no arbitrarios de la organización divina y demás parafernalia es otra vez una calumnia contra Natura. Es negar la Biología, la Antropología, la Historia incluso, la Medicina, la Geología, la Geografía, hasta la Neurología y la Física Mecánica, por flexibilizar los límites de la razón… o del absurdo en todo caso.

Hay muchas otras razones por las cuales odiar a dios, mas lo dejaremos en seis para ironizar la situación con la oligofrenia del número de la bestia y mitos por el estilo. Además, hasta cierto punto parece inútil escribir (y leer) un texto que nos argumente el por qué odiar a dios, cuando en estos tiempos posmileniales posmodernos y otros pos ya todo el mundo lo odia… o al menos ya nadie lo ama. Eso, claro, sin mencionar el hecho de que odiarlo sería casi tan desatinado como amarlo. La era virtual de ninis sin quehacer nos ha enseñado una buena lección: dios no merece nuestro odio, él merece nuestra burla.

Eso sí. Quién sabe si alguien crea o descrea de dios, pero lo cierto es que los chistes abundan y las risas se escapan hasta del más dubitativo de los individuos. Tomemos nota de esto. Hay que reírse de dios porque la burla siempre minimiza al burlado, lo hace sentir mal, le quita el autoestima, lo vuelve inseguro, pequeño, se vuelve (sin importarnos la redundancia) la burla de todos. En cambio, el odio siempre es correspondido, el odio siempre conlleva una respuesta, el odio genera siempre un ataque de vuelta, el odiado siempre termina odiando también a su odiador. Y, bueno, ¿quién quiere tener a dios como enemigo? Es más factible sólo burlarse de él.

Así que, por un lado, quienes se burlan de dios sólo son débiles tontos e insignificantes, ¡cobardes! Por otro lado, los que de veras valen la pena somos esos otros que lo desafiamos y nos atrevemos a declararle la guerra a dios mismo. Levantemos, pues, nuestros pulgares por todos aquellos que odiamos a dios desmedidamente esperando que ojalá sí exista y nos odie también él a nosotros.

P.D.: Yo te odio mucho, dios… Ahora, espero el contraataque.

Kobda Rocha

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