Humo

No sé si es por imitar a las películas de amor, pero estoy escuchando esa canción y mirando al infinito, mientras la brisa intenta provocar mi reacción. El humo del cigarro se mezcla con las nubes y pareciera crear su imagen. Mi mente en blanco no puede decir nada, atrapada en una ilusión que no puedo matar.

Incomprensible sensación de sentir alivio frente a una angustia que hiere más que a mis pulmones. Cierta me parece la calma, después de un par de buenas bocanadas de aire enviciado. Real o no, ensuciarme la respiración devuelve en mí un poco de aire para retomar el camino inexplorado.

La pena siempre tendrá nombre de mujer para un tonto pisciano como yo. Ni siquiera el más recóndito agujero del alma se compara con la soledad que deja un “Adiós” en el momento menos indicado. Las deudas parecen entonces no terminar de pagarse nunca. Y cada vez que algo pasa es la misma estupidez.

Relajarse a pensar es una mentira tan atroz como la de esbozar un “Te amo” sin sentirlo. Entonces no es el tiempo el que desgasta las relaciones, es la falta de atención, sumada a la estúpida seguridad de tirarse a chanta, descuidando un corazón que siempre estuvo allí, fiel y sumiso. Solo por necesidad.

Hay cosas que jamás deben decirse y en el fondo del cariño de aquellos ojos vidriosos es eso lo que más duele. Ver pasar la felicidad delante de mis ojos como si nada ocurriera. Ver y saber. Ver y no hacer. Ver y no poder hablar. Ver y dejar escapar.

David Rodríguez

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