Pogo

El dia venia pegando golpe bajo tras golpe bajo, pero decidimos ir igual a Niceto a la noche para ver a la Bestia. Después de seguirlos religiosamente durante el año pasado, sin faltar a ni una de las fechas, decidimos tomarnos un descanso breve para juntar la manija y que las cosas están aceitadas.

Llegamos entonces a la esquina muralizada de Niceto. Era un poco tarde y mis amigos ya me estaban esperando. Todo el mundo tiraba para abajo al mismo tiempo. No sabiamos que habia que hacer para que las cosas salgan bien, ni tampoco teníamos el entusiasmo para pensarlo y buscar una solución. Adoptamos momentáneamente la melancolía de la noche (de sabado), auto consolandonos con que Bestia Bebé iba a levantar un poco el asunto.

Fumamos unas secas, pero tosi tanto que hasta este momento me está quemando la garganta. Lo bajamos con una birra que había llevado en la mochila desde mi casa, cuando salí a las 1230 para ver a mi novia. Tuvimos un dia largo.

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Entramos y vimos un poco de Las Armas Buenos Aires. Un blues-rock tradicional, sí, pero con un aroma conurbano, del que no se huele por Missouri o la famosa 66.

Me canse. Mire la hora, mire para todos lados. Sabía que iba a haber gente entre el pogo que detesto, gente que me parece inmunda. Genial, el pogo es un gran lugar para hacérselo saber. Fui a mear dos veces antes de que arranque, la birra siempre me da ganas de mear.

Nos mandamos para adelante. Escuche y cante fervorosamente el ya antemico “Jugadooooooreeeees-laconchadesumaaaaadreeeee-aversiponenhueeeevoooo-sinojueganconnaaaaaa-die”. Tom, el Polaco, Chicho y Boui, que todavía se siente extraño en el lugar del Topo, se calzaron los instrumentos y entraron (para sorpresa de varios) con “Estamos Bien”, un tema del primer disco que destila tristeza optimista.

No creo que el público se haya sentido decepcionado por la trampa de Bestia, siendo una banda que suele arrancar a toda máquina. Pero ni bien arrancó el segundo tema, se dio la excusa para desatarse, con una condición, claro: ser hombre.

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Los pogos de la escena muchas veces tienen pibas, es innegable. Y hasta diría que tienen muchas más mujeres que en otros recitales en otros contextos. Sin embargo, resulta que voy a ver una banda independiente y solo veo tipos que rondan los 35 años, super en pedo,  violentos, arengueros. Otros, más cercanos a mi contexto están en la misma. De la nada el ambiente trata de emular muy fallidamente al Londres del 77, o el Cemento del 88.

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Hace un tiempo pogueaba un montón. Me encantaba. Veía en el pogo una forma de liberar un montón de mierda, la escoria semanal que se acumula en el cráneo todo. Veía también una conexión con una forma de experimentar la música, (sea en este caso el rock, altar de la liberación) que en otros géneros no veía. En el pogo (el pogo de verdad), se daba una síntesis única de emociones violentas, pero siempre alegres,siempre de solidaridad. Recuerdo ser un pendejo pelotudo y cargar a una amiga, que estaba más metida en el pop (¡si me viese unos años después, usando delineador y escuchando Bizarre Love Triangle de New Order religiosamente!) con que en sus recitales no se pogueaba, que no había agite. El aguante, el puto aguante. Resistir con el cuerpo, enfrentarse con el cuerpo.

¿Enfrentarse a qué exactamente?

¿Donde esta el punk en cagarse a patadas en un recital? Ni en chiste pasa por mi cabeza la idea de prohibir el pogo: ahí se conjugan los sentimientos más maravillosos (y también los más oscuros) que tenemos para sacar a la luz. Es la danza más real y hermosa con la que contamos, es una conjunción de experiencias distintas e únicas.

No fue tan hermoso, sin embargo, ver a una piba de 45 kilos mas o menos, irse a la mismísima mierda por un empujón. Tampoco lo es ver como más de un chabon se da la pera contra una valla porque otro gil con aires de grandeza decidió que lo suyo era el crowdsurfing, como si fuésemos 100000 personas y no 500 con suerte viendo a cuatro pibes que tocan en Niceto o el Konex como mucho. Todo esto teniendo en cuenta que las pibas que había en la masa no eran más de siete con suerte, mientras las demás miraban de atrás.

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Creo que nos tenemos que replantear un par de cosas sobre el pogo y los recitales. Definitivamente ya no estamos en una escena donde el pogo por la violencia sirva de algo, como capaz si lo hizo en Londres en los 70. No lo se, y la verdad me chupa cinco huevos.

Estuve en recitales donde la música era tres veces más pesada, violenta o cualquier adjetivo que se le quiera poner, que el de esa fecha, y no sali con la mitad de los golpes. Entonces el tema del género musical está descartado. No creo que haya mucha excusa válida más allá de esa, que ya de por sí es bastante ilógica, para justificar una violencia que es excesiva y rompe con el límite que debería haber.

Nunca me la di de poguero violento, no me interesaba. Mi viejo me enseñó de chico las formas de sobrevivir a la masa (después de años de sobrevivirlos el en los conciertos de Solari, Beilinson y compañía). Siempre levanta a los que se caen, salta con los demás, empuja con los costados de los brazos, cuidate de los locos. Usa jean, usa cuero, no te vas a lastimar asi. Mi viejo me inculcó asi algo mas preciado que el futbol de la misma forma que se aprende a saltar las olas en Villa Gessell. Me enseñó que en el pogo todos éramos uno, que era una fiesta y que nadie tenía que quedarse afuera. Que para matar o morir ya esta la yuta, Macri o el patova de turno.

En el pogo de ese recital, me di cuenta que estaba muy viejo para esto. Me oxide, o me ablande, para desgracia de Iorio

(¡que pena!).

Tampoco negar que estaba del orto. Estaba del orto. No era mi dia, pero eso nunca fue excusa. Me quede afuera por un rato más. Mientras tanto, me enteraba via mi novia que entre esa gente habia algun que otro sorete acusado de ejercer violencia machista. Bingo.

Me vi obligado a poguear durante “El Uruguayo”, todavía dolido por el pésimo partido que eliminó a la Academia de la Libertadores.

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De alguna forma, para eso está el pogo. Expía culpas, dolores, deja fluir. Desata la olla a presión de la mente. Pero para afuera. El pogo no puede desatar para adentro. Eso no tiene sentido. Es la herramienta que tenemos para convertir la rabia en alegría furiosa y llanto enojado. Para unirnos contra algo que nos supera en nuestras individualidades, no para subirnos el ego, para mostrar quien se la banca más. Quien es el mas porongudo, el más macho.

Algunas personas capaz debería entender eso.

Cuando nos fuimos, me quedo un sabor amargo en la boca. Las cosas no habían salido exactamente como quería, y hasta me fui con un leve brote asmático encima. Capaz no estoy en mi mejor forma, o las cosas se pusieron más pesadas. Lo más probable es que sea una mezcla de ambas.

Crecimos. El rock creció, el punk creció. El pogo creció, y nosotros (espero) crecimos.

Joel Galanternik

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