Keith Jarrett – Paris Concert (1990)

Keith Jarrett - Paris Concert (1990)

Puntaje del Disco: 9,5

  1. October 17, 1988: 10
  2. The Wind: 9
  3. Blues: 8,5

En el año 1990 la compañía discográfica ECM publicaría la grabación del memorable concierto de piano solo de Keith Jarrett realizado en el Salle Pleye, en Paris. El disco se convertiría en una pieza clave para entender la música del pianista americano, en toda un referencia para poder apreciar el estilo de improvisación que el mismo inventó, que pese a catalogarse en el mismo género que la música de otros artistas como Thelonious Monk o Oscar Peterson, por nombrar algunos, nada tiene que ver con estos, pues consigue desquitarse de todos los cánones y tópicos del jazz, acercándose a una música melódica, clásica o romántica más propia de músicos que llevaban un par de siglos enterrados en el día de su nacimiento.

La pieza central del disco es sin duda la canción inicial, una improvisación de 38 minutos total y absolutamente brillante. La canción empieza como bien podría empezar cualquier sonata para piano de Beethoven, tras unos pocos minutos románticos que bien podrían tildarse de adagio la pieza se vuelve más oscura y Keith Jarrett demuestra su enorme capacidad creativa consiguiendo una segunda parte arrolladora, apoyándose tan solo en un acorde repetitivo de acompañamiento, en la que la melodía recuerda más a algún tipo de danza europea que a una pieza clásica, danza que gana y gana intensidad con los minutos hasta suponer una auténtica explosión de energía en sus momentos finales, gemidos extraños del pianista incluidos (como anécdota personal diré que más de una vez ha entrado gente en mi cuarto mientras escuchaba el disco imaginando que estaba haciendo rituales extraños o que simplemente había perdido la cordura). Y valiéndome del dicho, pero dicho al revés, la tempestad precedió a la calma, y hacia la mitad de la obra vuelve a reinar la armonía y Jarrett nos deleita con los, a mi gusto personal, mejores minutos de su carrera, con unas líneas melódicas que, siempre desde mi punto de vista, consiguen rozar lo espiritual. Después de esto se repite (con gran acierto) la fórmula y vuelve a venir un poderoso crescendo, quizás incluso más arrollador que el primero, y que acabará desembocando en unos últimos minutos de nueva calma de una belleza rara vez igualada en el artista o en el género.

El disco sin duda está basado en esta improvisación, pero en el concierto tocó también otras dos canciones de duración mucho más moderada igualmente grabadas en el álbum y que pese a tener una función únicamente de añadido, también deben, sin duda alguna, ser comentadas, la primera, “The Wind”, es una logradísima balada americana compuesta por Russ Freeman y Jerry Gladston y la segunda “Blues” una improvisación en Do Mayor típica de blues, muy bien realizada, aunque sin ningún punto de comparación en cuanto a ambición con el tema inicial.

Mauricio G.

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