Los Caballeros de la Quema – La Paciencia de la Araña (1998)

Puntaje del Disco: 9

  1. Rajá Rata: 9
  2. Malvenido: 8
  3. Todos Atrás y Dios de 9: 9,5
  4. Oxidado: 9
  5. Más de lo Menos: 7
  6. De Mala Muerte: 9,5
  7. Huelga de Princesas: 8
  8. Me Voy Yendo: 7,5
  9. Cerrá Bien Cuando te Vayas: 7
  10. Avanti Morocha: 9
  11. Madres: 8

La Paciencia de la Araña (1998) significó el gran éxito y el mejor momento en la carrera de Los Caballeros de la Quema. Este trabajo les valió una enorme difusión a nivel nacional de la mano del inagotable hit “Avanti Morocha”.

Pero La Paciencia de la Araña no es lo único interesante que nos ofrece el grupo de Iván Noble en esta oportunidad hay otros como “Rajá Rata” de letra claramente anti política, “Todos Atrás y Dios de 9” frase que según Iván sacó de un libro de Jorge Valdano y detalla mas minuciosamente demostrando ser un verdadero futbolero: “Viene de una definición que Tim, un técnico brasileño, le dedicaba a un equipo amarrete. Tipos que jugaban todos abajo, esperando que La Divina Providencia hiciera algún gol”, también encontramos alguna balada inolvidable como “De Mala Muerte” y otro lindo tema “Oxidado” con otra letra ingeniosa marca registrada de Iván.

El título del disco cuenta Iván esconde un doble discurso: «Porque remite a una frase de una canción, que en realidad dice que «la paciencia de la araña no es de chicle». Y la pregunta esencial es qué pasará cuando se acabe la paciencia, cuando se acabe la tela… Para mí ésa es la gran incógnita: cuando te hartes de tener durmiendo a tu lado a la mujer que querés; cuando te hartes de salir a la calle, comerte un pancho en Once y convencerte de que vamos para adelante; cuando te hartes de hacer notas en revistas; cuando te hartes de tener una banda de rock… ¿Qué haces?».

Con este trabajo los Caballeros ya formaban parte de la elite del rock nacional para finales de los noventa, aunque muchos de sus fanáticos de la primera hora no les perdonaron el éxito de “Avanti Morocha”, como si fuera un pecado que una banda de rock venda muchos discos con una canción de amor. Sobre esto Noble declaraba lo siguiente: “Lo que me gustaría es que, después del enojo, pongan la cabeza fría y vuelvan a escucharnos, a ver si les pasa lo mismo. Creo que lo más jodido es que te acusen cuando no hiciste muchas promesas. Estoy casi convencido de que hemos sido una banda con un discurso no demasiado esperanzador respecto de nosotros mismos. Hay una canción nuestra de hace cinco años que dice: «Todos vendemos algo/ todos compramos todo/ todos alguna vez arruinamos todo. Y además hay algo fundamental: cuando una banda tiene éxito, empieza a tropezar con situaciones nuevas”.

F.V.

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King Crimson – Larks’ Tongues in Aspic (1973)

Puntaje del Disco: 9

  1. Larks’ Tongues in Aspic, Pt. One: 9
  2. Book of Saturday: 9
  3. Exiles: 8,5
  4. Easy Money: 9,5
  5. The Talking Drum: 9,5
  6. Larks’ Tongues in Aspic, Pt. Two: 8,5

Estrenado en el 1973, Larks’ Tongues in Aspic supuso una revolución en el mundo de la música y especialmente en su creador, King Crimson, ya que fue en este álbum en el que se sentaron las bases del que sería su estilo más característico y el que los distinguiría como el inimitable grupo que fue.

Ya más por costumbre que por otra cosa Robert Fripp, indiscutible líder de la banda, hizo varios cambios respecto al tranquilo Islands, en primer lugar incorporó al vocalista John Wetton, a quien Robert Fripp enseño a tocar el bajo y curiosamente supo compaginar sus dos labores perfectamente, y , además de interpretar cálidamente cada canción, se convirtió en el bajista que mas destacó en el grupo, en segundo lugar consiguió que el percusionista Bill Bruford, quien ya había demostrado su enorme valor en Yes se uniera al grupo, donde se consolidó como uno de los mejores en su puesto, además, Fripp añadió a un segundo percusionista, al escocés Jamie Muir, quien se dedicaba a desplegar su amplísimo abanico de habilidades salpicando las canciones con sonidos de maracas, campanas, o otros elementos mucho más extraños como cencerros, bocinas, silbatos e incluso una ingente cantidad de pistachos (en serio), consiguiendo enloquecer ciertos pasajes y colaborando para lograr el sonido vanguardista del disco; para acabar la formación, Robert Fripp hizo una última y importantísima incorporación, invitar al violinista David Cross, que consiguió otorgar a la corte carmesí de aquel año una cuota adecuada de dramatismo y oscuridad; si tenias en la mente al violín como un instrumento dulce y ameno bastaría con que escuchases tres notas de Cross para darte cuenta de las otras facetas de éste.

El álbum abre con Larks’ Tongues in Aspic Part.One, una pieza instrumental que nace agradablemente con una melodía hecha con una kalima, instrumento de sonido similar al xilófono, a la que enseguida se le suma el oscuro violín de Cross que presentará tensamente a Robert Fripp, quien se dedicará prácticamente toda la canción a tocar unos pesadísimos riffs de guitarra distorsionados a más no poder, que dejarían a Black Sabbath como un grupo de niñas adolescentes cantando sobre el chico guapo del instituto, la pieza acaba con una solitaria y preciosa melodía de violín que va creciendo hasta cerrar magistralmente la primera canción del disco. Le siguen las dos piezas más accesibles del disco, Book of Saturday y Exiles, dos bonitas baladas, la primera de ellas especialmente recomendable por su magnífico acompañamiento a base de violín y guitarra. Con esto llegamos a la canción más recordada del disco, Easy Money, que empieza de una manera sucia pero realmente atrayente con un memorable riff de guitarra y un John Wetton cantando de una forma prácticamente vacilante soltando sílabas sueltas sin formar ninguna frase o palabra concreta, simpática técnica conocida como “scat singing”, entrando poco después en la melodía que acabará desembocando en una loca pero genial jam en la que destaca especialmente Fripp y la percusión (es sin duda el tema donde más se puede apreciar el logradísimo trabajo por parte de James Muir). Y llega The Talking Drum, a mi gusto una de las canciones más infravaloradas del grupo, que supone un continuo y electrizante crescendo instrumental en el que violín y guitarra van conversando grácilmente hasta el final del tema. Y para cerrar el disco tenemos a Larks’ Tongues in Aspic Part.Two, una potente jam que vuelve a repetir el esquema de la primera parte, pero esta vez centrándose en la parte más guitarrera.

Mauricio G.

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