Bob Dylan en Argentina – Teatro Gran Rex (28/04/2012)

Cuando me enteré que Dylan iba a estar visitando al país, supe que podría ser una de las últimas oportunidades de ver al que considero el mejor letrista de la historia. Por eso no dude en comprar la entrada, aunque me asusté cuando se agotaron las primeras dos funciones rápidamente. Pero logre conseguir para la tercera de las cuatro fechas en que Robert Zimmerman esta tocando en el Gran Rex.

La figura inmortal de Dylan arribaría al país en el marco de su gira llamada “Never Ending Tour”, un nombre que nos demuestra que la llama de este genio para hacer música sigue viva. No olvidemos que el gran Bob tiene 70 años, son 50 años de trayectoria regalando discos que siguen siendo impresionantes incluso en la actualidad. Pero con el aliciente de que su voz no es la misma que en sus primeros años de carrera, algo sabido si escuchamos sus últimos trabajos. Lo cual tampoco es malo, las diferentes etapas de su carrera evidencias las facultades de Dylan para reinventarse.

En ese atractivo marco, Dylan seria bastante puntual y saldría al escenario cerca de las 21:30hs interpretando “Leopard-Skin Pill-Box Hat”. El show continuaría desplegando clásicos de blues rock y folk rock que repasan toda su trayectoria, apoyado por la buena labor de su banda. Sin embargo, interpretaban la mayoría de las canciones en versiones bastante distintas a las originales, por lo cual costaba reconocerlas. Tampoco ayudaba el inglés cerrado de Dylan, recitando sus letras con su voz más ronca en donde por momentos parecía que balbuceaba. Es así que por ejemplo costaba un poco darse cuenta que estaban tocando temazos como “Tangled Up In Blue”, “A Hard Rain’s A-Gonna Fall” o incluso “All Along the Wachtower”. Mientras que otros se descifraban más rápido como la penetrante “Ballad of a Thin Man” (una de mis favoritas de la noche, por la voz con eco de Bob) y la legendaria “Like a Rolling Stone”.

En cuanto a Dylan como Showman, tuvo poca interacción con la gente. Pero iba y venía, cantando con guitarra en mano o en teclado. Aunque lo que mejor hizo fue en armónica, haciendo solos que merecían los aplausos del público y halagos varios desde “¡Ídolo!” hasta el grito de un pibe diciendo “Te amo Dylan” o incluso de una chica exclamando “Sos hermoso”.

Y sobre el final a modo de encore, luego de presentar a su banda (donde solo entendía la palabra “guitar” cada vez que nombraba a sus miembros) interpretó “Blowin’ In The Wind” con el público de pie, marcando uno de los momentos más emocionantes de la noche, llevándose su merecida ovación final.

Valió la pena ir a verlo. Tener tan solo a metros a una de las figuras más influyentes de la historia, a ese personaje que marcó un antes y un después hace más de 40 años y todavía hace prevalecer su imagen, mientras uno lo mira fascinado (como bobo con la boca abierta como en mi caso), no tiene precio.

Persy

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