Por siempre Sandro de América…

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Ayer a la nochecita murió Sandro de América, el Gitano, Roberto Sánchez. En fin, todo argentino sabe de quién estamos hablando. Y para el que no sabe: se trata de una figura interesante, precursora del rock “internacional” en la Argentina a principios de los 60, protagonista estrella de varios filmes populares, ídolo de culto en todo el territorio nacional.

Nos espera una semana movidita. Lleno de necrológicas, de homenajes, de entrevistas a sus allegados. En la radio nos saturan con sus canciones, en la tele nos revientan con sus reportajes y películas, en los medios gráficos nos agotan con interminables notas, biografías y líneas de tiempo. ¿Cuánto tiempo dejarán pasar las discográficas para lanzar un nuevo disco tributo a Sandro? ¿Faltará mucho para un film que verse sobre su vida y obra? Los medios ya tenían las necrológicas preparadas desde el mismo instante en que Sandro entró al Hospital Italiano de Mendoza, del cual sólo saldría forrado en madera.

Pero intentemos que no nos afecte mucho esta invasión. Dejemos pasar un tiempo, dejemos que se aminoren las humaradas recordatorias.

Rompamos con el a priori de la “grasitud” de Sandro. Dentro de los cantores populares o reconocidos masivamente hay buenos y malos. Un Palito Ortega, jamás en este mundo, va a estar a la altura de un Sandro. Y un Cristian Castro tampoco. Sandro forma parte de esa rara raza de músicos que supo cautivar a los públicos con verdaderos destellos del típico ídolo popular acompasando su producción musical a lo que dictase la industria discográfica, pero que a pesar de todo supo mantener un determinado nivel de creatividad musical. Hoy ya clásicas, canciones como “Tengo”, “Rosa, Rosa”, “Dame fuego”, “Penumbras”, “Una muchacha y una guitarra”, “Así”, “Como te diré”, “Porque yo te amo” pueden poner los pelos de punta al más plantado.

En Sandro vibran energías de otras épocas. Tiene mucho de baladita romántica, pero también mucho del rock de la cepa más pura. Con una voz sumamente expresiva y pasional, es lógico que cautivara a más de una adolescente. Pero yo, que tengo todo lo que tengo que tener bien puesto, me planto y digo: Yo escucho a Sandro. Y es más: me gusta. Y todavía más: si usara bombachas, se las lanzaría únicamente a él. Vale la pena escuchar sus discos. No es ni un Elvis Presley ni un Frank Sinatra, pero supo representar un estilo de época, supo encarnar una nueva sensibilidad hacia las formas de expresión cultural en el plano nacional, influenció enormemente a los músicos argentinos, tanto cantautores como rockeros, y dejó un legado musical valioso.

Valga lo dicho pues, como sincero reconocimiento a la emblemática figura del Elvis Presley mersa, pero no por eso peor músico, Sandro de América.

Barba

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