Green Day – Revolution Radio (2016)

Puntaje del Disco: 6

  1. Somewhere Now: 7
  2. Bang Bang: 8
  3. Revolution Radio: 7
  4. Say Goodbye: 5
  5. Outlaws: 5
  6. Bouncing Off the Wall: 5
  7. Still Breathing: 6
  8. Youngblood: 4,5
  9. Too Dumb to Die: 6,5
  10. Troubled Times: 7
  11. Forever Now: 8
  12. Ordinary World: 6,5

La noticia de que Green Day estaba grabando un nuevo álbum no me movió un pelo en un principio. Desde la trilogía de ¡Uno!, ¡Dos!, y ¡Tre! no tenía mucha fe en la banda. Pero cuando salió el primer single, Bang Bang, quede impresionado. Un muy buen tema, punk del bueno, con un riff copado, muy parecido al Territorial Pissings de Nirvana, pero con esa onda que solo Green Day nos puede ofrecer. Parecía que finalmente el grupo recuperaba su esencia. Estaba realmente emocionado con la salida del disco.

Cuando finalmente pude escuchar el álbum me choqué con una realidad que hasta el momento no había querido aceptar: Green Day perdió su grandeza hace tiempo, y no creo que en algún momento la recupere. Se convirtieron en una banda totalmente comercial. En un intento desesperado por vender más, grabaron este álbum que en mi opinión no es más que una copia (bastante peor) de su gran éxito American Idiot.

El disco arranca con “Somewhere Now”, un tema bastante de la onda de The Who, que empieza como un acústico y después muta a un estilo más rockero que punk. Después viene la parte más rescatable del disco, la furiosa “Bang Bang” (que cada vez que la escuchó me suena más parecida al tema “St Jimmy” del ya mencionado American Idiot) y el segundo single, “Revolution Radio”, un punk pop bastante agradable.

Y acá es cuando el álbum comienza a decepcionar, con los cortes “Say Goodbye” y la insoportable “Outlaws”, temas faltos de inspiración, bastante malos. El segundo más que nada, que en sus cinco minutos de duración aburre más que cualquier otra canción del LP.

Cuando salió el tercer single, “Still Breathing”, me pareció malísimo, un intento desesperado por pegar un hit. Sin embargo, luego de varias escuchas le fui tomando el gusto. No es la gran cosa y es notablemente inferior a “Bang Bang” y “Revolution Radio”, pero no es mala.

Entre de varios temas bastante olvidables como lo son “Bouncing Off the Wall”, “Too Dumb to Die” y “Troubled Times”, nos encontramos con probablemente lo más horrible del disco, “Youngblood”. Un riff malísimo y un estribillo pegadizo estirado hasta el hartazgo forman este corte que es simplemente insoportable.

Más adelante nos encontramos con “Forever Now”, un tema de casi siete minutos de duración muy bueno que saca a flote por un momento a un álbum que ya estaba casi completamente hundido en lo mediocre. Finalmente, el disco cierra con “Ordinary World”una balada acústica bastante linda y con aire nostálgico.

Con la trilogía, Green Day intentó de alguna forma expandir sus fronteras musicales, fracasando rotundamente y generando un gran disgusto entre los fans. En cambio, Revolution Radio parece un paso atrás, un intento de revivir las viejas glorias de American Idiot y 21st Century Breakdown. Sin embargo, copiarse de si mismos no significa recuperar la esencia que los hizo grandes. Y eso es lo que representa Revolution Radio para mí, un mal plagio de Green Day, por Green Day.

Juanse el Mono

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Traffic – John Barleycorn Must Die (1970)

Puntaje del Disco: 8,5

  1. Glad: 8,5
  2. Freedom Rider: 9
  3. Empty Pages: 8,5
  4. I Just Want You to Know: 7,5
  5. Stranger to Himself: 7,5
  6. John Barleycorn: 9
  7. Every Mothers Son: 8
  8. Sittin’ Here Thinkin’ of My Love: 6,5

Tras la salida del guitarrista Dave Mason y con Steve Winwood más preocupado por la reunión de Blind Faith y por su carrera solista, parecía que Traffic había llegado a su fin, o por lo menos a un periodo de receso prolongado. Hasta que finalmente Winwood se reuniría con Jim Capaldi y Chris Wood para volver a darle vida a Traffic lanzando John Barleycorn Must Die. Sin embargo, más que un disco de Traffic parece más bien un álbum solista de Winwood, ya que no solo compone y monopoliza todo el trabajo, sino que toca casi todos los instrumentos. Mientras que el aporte de Capaldi se limita a la batería (y alguna interpretación vocal) y el de Wood a los instrumentos de viento.

Ahora bien, John Barleycorn Must Die es un muy buen disco, en el que combinan distintos tipos de géneros. Aparecen Blues y Jazz Rock en temas como “Glad”, demostrando el muy buen despliegue instrumental de la banda. “Every Mothers Son” tienen un estilo parecido al del Rock Sureño que pregonaban los Allman Brothers. También hay influencias progresivas en canciones como “Empty Pages”, que parece un hit de Genesis. Aunque las mejores son aquellas en las que aparece esa flauta a la Jethro Tull como “Freedom Rider” y el tremendo Folk Rock acústico “John Barleycorn”.

Por eso es un disco bastante sólido, algunos de hecho destacan a John Barleycorn Must Die como un clásico indiscutido de Traffic. Sin embargo, no llega a niveles superiores porque tiene un estilo más bien convencional, que no sorprende. De todas formas, John Barleycorn Must Die es un álbum destacable dentro del catálogo de Traffic (o de Steve Winwood).

Persy

Morphine – Like Swimming (1997)

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Puntaje del Disco: 7

  1. Lilah:
  2. Potion: 7
  3. I Know You (Pt. III): 7
  4. Early to Bed: 8
  5. Wishing Well: 7.5
  6. Like Swimming: 7
  7. Murder for the Money: 7
  8. French Fries w/Pepper: 7
  9. Empty Box: 7
  10. Eleven O’Clock: 8
  11. Hanging on a Curtain: 7
  12. Swing It Low: 7

Después de dos años de giras, en 1997 Morphine lanzó Like Swimming, su cuarto material de estudio, y el primero bajo la órbita de Dreamworks. Si bien tuvo buena repercusión y buenas críticas, no alcanzó el éxito que había tenido Yes, de 1995.

“Early to Bed”, impulsado por el humorístico video, se convirtió en uno de los temas más resonantes y favoritos entre los seguidores del banda. Otros temas como “Eleven O’Clock” y “Swing It Low”, también se destacan, afirmando el estilo que el grupo venía haciendo.

Like Swimming es un disco sólido e interesante y aunque quizás no tuvo el impacto de los materiales anteriores, es un álbum que no decepciona.

Piro

David Bowie – VH1 Storytellers (2009)

Puntaje del Disco: 8

  1. Life on Mars?: 7
  2. Rebel Rebel: 4
  3. Thursday’s Child: 8
  4. Can’t Help Thinking About Me: 7
  5. China Girl: 8
  6. Seven: 8
  7. Drive-In Saturday: 9
  8. Word on a Wing: 8

DVD bonus:

  1. Survive: 7
  2. I Can’t Read: 6
  3. Always Crashing in the Same Car: 10
  4. If I’m Dreaming My Life: 7

Si trabajos en vivo como Serious Moonlight o Glass Spider retratan a David Bowie como la artificiosa megaestrella de grandes estadios en la que se convirtió en los 80, el íntimo VH1 Storytellers es su némesis absoluto, y una clara evidencia de lo incómodo que se sentía en el papel de ídolo pop mundial, más allá del éxito y los millones cosechados. A lo largo de esta presentación grabada para la segunda cadena televisiva de videos más importante, Bowie se muestra divertido, confidente (aunque sabiendo muy bien qué guardarse), relajado, reflexivo y parlanchín. Esto último un requisito indispensable, dada la premisa del show, consistente en que, entre canción y canción, los artistas comenten anécdotas sobre su composición o su vida en ese momento.

Ya entrado en sus 50, en las agonías del siglo XX, Bowie lucía más joven con su pelo largo rubio ceniza, sus pantalones casuales y su buzo deportivo que con los rimbombantes trajes y peinados alla Bart Simpson que había ensayado en los cuatro años previos a la grabación de este material, coincidente con la salida de su álbum “hours…”, uno de los más subestimados de su carrera. Entre anécdota y anécdota (imperdibles, la mayoría de ellas), el cantante obsequia varios de sus grandes clásicos, presenta sus (por entonces) nuevos temas (“Thursday’s Child”, “Seven”, “Survive”, “If I’m Dreaming My Life”) y hasta se anima a desenterrar una oscura canción de la prehistoria de su carrera, “Can’t help thinking about me”, la primera en ser editada con “Bowie” reemplazando su original apellido, Jones.

El carácter intimista del show lo convierte en lo más parecido a un “Unplugged” que Bowie haya grabado. Si bien no hay temor a usar instrumentos eléctricos, varios temas fueron arreglados en versiones acústicas, como la sobresaliente “Always crashing in the same car”.

Grabado en Nueva York el 23 de agosto de 1999, pero editado una década después, “VH1 Storytellers” es un disco corto, sencillo y efectivo, perfecto para escuchar con luces bajas y una copa en la mano.

Camilo Alves

Jimi Hendrix – People, Hell and Angels (2013)

Puntaje del Disco: 7

  1. Earth Blues: 7,5
  2. Somewhere: 9
  3. Hear My Train A Comin’: 8,5
  4. Bleeding Heart: 7
  5. Let Me Move You: 6,5
  6. Izabella8
  7. Easy Blues: 7
  8. Crash Landing: 7
  9. Inside Out: 7,5
  10. Hey Gypsy Boy: 7
  11. Mojo Man: 6,5
  12. Villanova Junction Blues: 7

Bajo el título People, Hell & Angels fue bautizado otro de las tantos álbumes editados del gran Jimi Hendrix posterior a su muerte, lanzado en Marzo de 2013 con la producción del ingeniero de sonido histórico de Hendrix el sudafricano Eddie Kramer.

En esta ocasión nos encontramos con doce grabaciones inéditas de temas grabados durante sesiones en los años 1969 y 1968, en los que Jimi estaba trabajando para lo que se había previsto que sea la continuación de Electric Ladyland cuyo nombre tentativo fue First Rays of the New Rising Sun.

Los tracks, grabados en una excelente calidad, nos dan un pantallaso de la dirección que el “dios de la guitarra” le intentaba dar a su carrera, tocando en un elevado nivel y mezclando su blues rock característico con soul y jazz.

“Somewhere” es lo mejorcito de un material que también incluye sólidas versiones de estudio de las ya conocidas, “Hear My Train A Comin’” y “Izabella” como principal novedad.

En conclusión, si bien siempre es interesante escuchar cosas nuevas de una leyenda del rock, pocas canciones logran captar demasiada atención, lo que lo convierte en una publicación recomendada exclusivamente para fanáticos y coleccionistas, comparado con sus grandes álbumes de su período de actividad.

F.V.

Sparks – Propaganda (1974)

Puntaje del Disco: 9

  1. Propaganda:
  2. At Home, At Work, At Play: 9
  3. Reinforcements: 8,5
  4. B.C.: 8,5
  5. Thanks But No Thanks: 9
  6. Don’t Leave Me Alone With Her: 8
  7. Never Turn Your Back on Mother Earth: 9
  8. Something for the Girl With Everything: 9,5
  9. Achoo: 9
  10. Who Don’t Like Kids: 8
  11. Bon Voyage: 9,5
  12. Alabamy Right: 9
  13. Marry Me: 9

Cada vez que escucho a Sparks me carcome el interrogante de cómo es posible que este grupo notable no tuvo mayor éxito en los setentas. Ya habían demostrado lo geniales que podían llegar a ser en sus primeros discos, llegando a su pico artístico máximo en Kimono My House. Muchos grupos después de alcanzar este nivel caen estrepitosamente. Pero no fue el caso de Sparks. Si bien Propaganda, su sucesor, no está a la altura de Kimono (porque es muy difícil repetir su perfección), es un disco excelente.

Propaganda es como una segunda parte de Kimono, pero ligeramente inferior. Perpetúa el mismo estilo en esa mezcla de Glam Rock y Art Rock, de letras irónicas, con canciones de melodías muy buenas, con ganchos melódicos Pop tremendos, con estructuras e ideas originales. Se podría decir que es una receta perfecta en la que combinan el estilo glamoroso de Bowie en los setenta, acompañado de una buena dosis de Queen y condimentado por los Kinks.

Por eso el resultado nuevamente es brillante, pudiéndose destacar a todas las canciones que integrando al álbum, demostrando su irrefutable solidez. Sin embargo, no está a la altura de Kimono My House porque sus clásicos no son tan rutilantes. “Never Turn Your Back on Mother Earth” y “Something for the Girl With Everything” son los Pop Rock que se transformaron en los singles más conocidos del disco. Pero comparado con un clásico descollante (que inspiró a “Bohemian Rhapsody”) como “This Town Ain’t Big Enough For Both Of Us” se quedan cortos.

De todas formas, Propaganda, al igual que todo lo que los hermanos Mael habían lanzado hasta entonces, es digno de merecer una escucha.

Persy

David Bowie – Glass Spider Live (2008)

Puntaje del Disco: 6

Disco 1:

  1. Intro/Up The Hill Backwards: 4
  2. Glass Spider: 6
  3. Day-In, Day-Out: 2
  4. Bang Bang: 4
  5. Absolute Beginners: 7
  6. Loving the Alien: 8
  7. China Girl: 8
  8. Rebel Rebel: 6
  9. Fashion: 7
  10. Scary Monsters (and Super Creeps): 6
  11. All the Madmen: 4
  12. Never Let Me Down: 7

Disco 2:

  1. Big Brother/Chant of the Ever-Circling Skeletal Family: 7
  2. ‘87 and Cry: 5
  3. Heroes”: 6
  4. Sons of the Silent Age: 4
  5. Time Will Crawl: 7
  6. Young Americans: 8
  7. Beat of Your Drum: 5
  8. The Jean Genie: 4
  9. Let’s Dance: 8
  10. Fame: 6
  11. Time: 8
  12. Blue Jean: 7
  13. Modern Love: 8

En 1974 David Bowie podía vestirse como un marciano andrógino o un pirata distópico, montar un show plagado de artificios teatrales y lucir un peinado mullet. Todo eso lo convertía en el epítome de lo cool, 13 años después, por hacer básicamente lo mismo, era visto como un payaso cursi con música mediocre. Y este ataque no vino sólo por parte de la prensa o el público más intransigente, vino del propio Bowie unos pocos años después.

¿Por qué sucedió esto, si la gente le había estado reclamando un nuevo disco teatral alla Ziggy Stardust prácticamente desde que ‘mató’ al personaje? Por empezar, en 1987 Bowie ya tenía cuarenta años y la crisis de la mediana edad empezaba a agobiarlo. A esto hay que sumarle que la gira con la que regresó a la teatralización no era en apoyo de una joya del rock n’ roll como el álbum Ziggy Stardust, sino de un producto genérico de los 80 titulado Never let me down.

Toda esta debacle ochentosa fue inmortalizada en el álbum doble y video hogareño (luego DVD) Glass Spider Live, sin dudas, uno de los trabajos que Bowie nunca debe haber puesto en su Home Theatre. Verse arriba de un escenario ataviado con un traje dorado, botas de vaquero con alas, tocando una de esas ridículas guitarras sin clavijero, es una situación de la que nadie quisiera tener memoria, mucho menos registro fílmico.

Pero vamos a la música, que es, al fin y al cabo, lo que importa. Al ser el souvenir de la gira presentación del LP Never Let Me Down, fue la primera y última oportunidad de escuchar esas canciones en vivo. El disco abre con una introducción en la que Carlos Alomar realiza un tapping onanista sobre su guitarra, de una saturación y grandilocuencia tales, que el propio cantante le ordena que se calle. A continuación, una suerte de segunda introducción toma forma en “Glass Spider”, un ejercicio de experimentación pretenciosa, que nos hace añorar a Brian Eno y la etapa de Berlín. Las canciones hechas y derechas comienzan de la mano de “Day in-Day out”, con facilidad una de las peores composiciones del británico. Le sigue la inocua “Bang Bang” y finalmente recibimos algo de cierta calidad en las notas de “Absolute Beginners”. “Loving the alien” y “China Girl” mantienen el buen nivel. Lamentablemente, llega la hora del primer clásico aggiornado al procesado sonido de la época. La víctima es “Rebel Rebel”, con su característico riff pasado por una distorsión pasteurizada y unos arreglos de sintetizadores a todas luces prescindibles. Un escarnio aún peor sufre “All the madmen”, aquella sentida balada del oscuro “The man who sold the world”, dedicada al hermano de Bowie, Terry, encerrado por ese entonces en un manicomio. La plasticidad con la que fue versionada y la desganada interpretación vocal, hacen pensar que el Bowie de los ochenta no hubiese reconocido a su yo de 23 años si lo hubiese cruzado por la calle. Para terminar esta primera parte, el disco cierra con “Never let me down”, quizás la mejor canción del álbum homónimo, con algunas no tan sutiles referencias a John Lennon.

El segundo disco abre con unos molestos bronces sintetizados que inauguran otro clásico, “Big Brother”, y resumen lo que será el resto del LP: canciones nuevas y canciones clásicas, tocadas a lo loco, con el sempiterno colchón de teclados y ráfagas de guitarras chirriantes atacando por ambos lados del estéreo. Quizás las versiones de “Young Americans” o “Time” no estén del todo mal, y las composiciones de la época resistan la sobreproducción, pero al finalizar el álbum, la sensación es la de haberse dado un festín de un plato desabrido.

Quince años después de esta gira, David Bowie definió esta etapa como “mi época Phil Collins”. ¡Vaya gran verdad!

Camilo Alves