Avances: Matrix Resurrections

Primer trailer de la cuarta película de Matrix, dirigida por
Lana Wachowski, que estará llegando a los cines en diciembre de este año.

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El mejor artista jamás escuchado

_ ¡Mi obra maestra está arruinada! – Gritaba Adrián Padrón en medio de los coros del público.

Adrián Padrón era un hombre normal. O casi normal. O muy poco normal. En realidad, estaba en las antípodas de lo que significa ser normal. Era un hipster. Y de la clase más radical posible. Tan radical que uno casi diría que era un personaje inventado para un cuento. Casi.

Volviendo a Padrón, él intentaba evitar como la plaga cualquier cosa que lo equiparara con el resto de los mortales. Entre sus lecturas de Edward Gorey, Thomas de Quincey o François Villon, sus películas orientales independientes de los años 60 y sus bandas que solo la madre y los miembros conocían, había redefinido lo que significaba ser un hipster. Al menos de puertas para adentro, pues en la vida cotidiana leía, veía y escuchaba lo que los demás leían, veían y escuchaban, no fuera cosa de que su verdadero estilo de vida fuera conocido e imitado, dejando así de ser único en su tipo. Un día, mientras escuchaba a Klaus Schulze en la soledad de su casa por Spotify, le llegó la revelación de su vida:

“¿Cómo puede haber más gente que conozca a mis artistas favoritos? Si los estoy escuchando en internet, significa que alguien más tiene conocimiento de su existencia. No puedo tolerar eso”.

Padrón pensó y pensó. Exprimió todo el jugo que le pudo sacar a sus neuronas hasta que la solución le cayó como lluvia:

“¿Y si formara mi propia banda? Una banda que nunca saliera del garaje de ensayo. Eso sería genial. Pero claro, esto tiene un problema: si reúno gente para tocar, ya no sería la única persona en conocer su música. Otras personas cerca podrían llegar a escucharnos tocar. Ah, ya sé. ¿Qué tal si formara una banda mental? Escribiría las canciones en mi cabeza y jamás saldrían de allí. Padrón, sos un genio”.

Fue así que Adrián empezó a buscar a los miembros para su proyecto en los recovecos de su memoria. Probó suerte con personajes de su infancia, como Luke Skywalker en la guitarra y la voz, Ryu de Street Fighter en la batería y Roger Rabbit al bajo. Los llevó a ensayar a los estudios Abbey Road de su mente y vio que lo hacían muy bien. Había compenetración instrumental y buena onda entre los tres. Solo había un problema:

“Ahora que lo pienso, estos tres están muy quemados. Todo el mundo los conoce. No faltaría mucho para que tenga que ver a Jessica Rabbit, Darth Vader o Chun Li. Todo bien con ellos, pero solo yo debo de escuchar a esta banda. Yo y nadie más”.

Y fue así que los echó a los tres con el previo agradecimiento por sus servicios. Volvió a simbólicamente prender fuego su cabeza para dar con la solución. Y ahí estaba:

“Voy a crear mis propios músicos. Pensándolo bien, va a ser un solista. Después de todo, varios músicos, por más que sean ficticios, tendrían que colaborar entre sí, y eso haría más conocida a la banda. Jamás. Y, de paso, voy a fundar mi propio estudio discográfico mental. Va a ser tan bueno como Abbey Road pero con toda la intimidad de un estudio pequeño. Nadie más va a saber de mi nuevo artista favorito. Solo yo”.

Fue así que Adrián se encerró en su mundo mental y comenzó a construir “Padrón Studios”: “el extranjerismo lo hace más extravagante y le da un toque de categoría”, dijo en su mente. El lugar era colosal y su construcción debería de haber tomado meses e incluso años en terminarse pero, como se trataba de una obra en su cerebro, no le tomó más que un par de horas. Después creó de cero a su multiinstrumentista, compositor, productor e intérprete. A pesar del hipsterismo que emanaba, su imagen era totalmente opuesta a la de un hipster promedio (“No soy un hipster promedio. Ni siquiera soy hipster”). Vestía camisas de leñador, campera de cuero, pantalones cargo, zapatos de tanguero y llevaba mucho maquillaje: “Esto va a representar muy bien su eclecticismo y va a impedir que lo relacione con una corriente musical específica”. Lo más importante ahora era ponerle un nombre. Pensó pensó pensó pensó. Al final, el nombre que eligió fue… ninguno.

“¿Para qué ponerle nombre? Eso me haría saber qué responder si alguien me preguntara qué estoy escuchando. Este proyecto debe ser lo más secreto posible”.

Fue así que el cantante y multiinstrumentista sin nombre entró en “Padrón Studios”. Tomó su guitarra acústica imaginaria para empezar a componer. Hasta que Padrón lo detuvo.

_ Pensándolo bien, empezar a componer canciones con guitarra ya está muy visto. Mejor agarrá otro instrumento.

El artista rebuscó entre todos los instrumentos que había por allí: “¿Piano? No. ¿Armónica? No. ¿Saxofón? No. ¿Batería? Tampoco. ¿Triángulo? Me parece perfecto”.  Empezó a juguetear con el instrumento: “Bien. Este tema podría tener una introducción de triángulo a destiempo. Es un inicio. Ahora sí que puedo pasar a la guitarra nuevamente”. Agarró e interpretó un síncopa en un 4/4. “Genial. Ahora viene un solo de batería en contratiempos con la armónica”. Grabó las pistas individualmente y las unió más tarde. El resultado fue un éxito.

_ A ver. Mostrame cómo suena la canción completa – Dijo Adrián para sus adentros.

El innombrado obedeció. El resultado final, para Padrón, era un coro de ángeles. Claro que no tenía coros, porque las voces eran algo ya muy visto en la música, pero se entiende la expresión.

Y así pasó Adrián sus días. Con su artista componiendo y componiendo en signaturas extrañas y mezclando técnicas de lo más variopintas en auténticas sinfonías que solo él mismo tenía derecho a conocer. En pos de enriquecer su mundo interno, comenzó a hacer reiki y meditación para aprender a controlar su mente y dedicarle más tiempo a la composición músico-cerebral. Se podría decir que había inventado un género musical nuevo, al cual tampoco se había animado a ponerle nombre para que no perdiera su uniquez. Ya fuera en el trabajo o en reuniones de amigos, él siempre reproducía esa música celestial en su cabeza, y además se sentía orgulloso de ser la única persona en el mundo que conocía la obra de ese artista anónimo. Ni los diarios hablaban de él, ni sus amigos, ni siquiera el más informado de los melómanos tenía idea de aquel músico que bien podría ser el nuevo John Lennon. Todo era perfecto.

Un día, después de un interminable día laboral, se fue a acostar. Se descambió, se puso su pijama y se durmió con pasmosa facilidad. Todo normal hasta ese momento. Cuando entró en sus sueños, vio a su artista interior tocando la canción sin nombre número 29. Se sentó a escucharlo tocar. Entre el cansancio que sentía y la distracción que esa música mental le provocaba, sintió con su sistema auditivo interno unos pasos. Era ni más ni menos que Darth Vader, que se acercó a escuchar lo que sonaba. Estaba tan cansado incluso dormido que no le dio mayor importancia. Volvió a sentir pasos, pero de tacón. Era Carmen Sandiego, que también venía a escuchar esa música. Después sintió cientos de pasos pequeños a la vez. Eran los pitufos, que se sumaban al espectáculo. Más tarde sintió una brisa muy potente cada vez más cerca de él. Superman también quería escuchar. Así, poco a poco, iban acercándose personajes de todos los lugares posibles. Danny Phantom, Timmy Turner y sus padrinos mágicos, Batman, las chicas superpoderosas… Todos se habían sumado a ese ahora multitudinario concierto. Del susto que le provocaba la idea de ver a más gente disfrutando con su artista exclusivo se despertó de golpe.

Eran las ocho de la mañana. Padrón se cambió y desayunó antes de irse al trabajo. Fue hasta la parada de colectivo, esperó el suyo y, al subirse, decidió empezar a reproducir su música favorita en la cabeza. Sin embargo, algo pasaba: le costaba mucho enfocarse en escucharla. Incluso le pasó lo mismo en su trabajo, frente a la computadora. Decidió solo esmerarse en cumplir con el prontuario. Ya habría tiempo para la diversión.

Llegó a su casa, se sentó en el sillón frente al reproductor de música que solo tenía para darle ambiente a sus fantasías. Cerró los ojos para enfocarse y se durmió.

En su camino al “Padrón Studios”, vio una gran fila de personajes. Se abrió paso entre ellos para llegar al lugar. Ya enfrente del mismo, abrió la puerta de entrada y subió las escaleras hasta la sala de grabación. Para su sorpresa, su artista no estaba allí. De pronto, escuchó algo en la distancia:

_ Y este tema se llama El rock cerebral.

Reconocía esa voz. Corrió por las calles de su mente varias cuadras etéreas y, de la nada, se encontró con un gran estadio hecho a imagen y semejanza del estadio Wembley. Entró al lugar, y ahí estaba: su cantante sin nombre, tocando para una gran multitud. Imaginaria, pero multitud al fin y al cabo. Se abrió paso entre gente como el Guasón, Geralt de Rivia y Arsene Lupin para llegar hasta la primera fila. Subió al escenario y encaró al artista.

_ ¿Qué estás haciendo vos? – Dijo Padrón al artista.

_ Primero que nada, mi nombre es Pablo Latimer. Segundo, ¿Qué hacés vos acá, sin entrada e interrumpiendo mi recital? Mirá, la gente se está enojando. Hacé rápido.

_ Bueno. ¿Cómo puede ser que esté toda esta multitud reunida acá? Yo me aseguré de que nadie más te escuchara.

_ Es simple. La noche anterior, por el agobio del trabajo y tu cansancio extremo, descuidaste tus pensamientos. Ese sueño que tuviste sobre mí tocando para otra gente hizo que tu subconsciente me asociara con otros personajes y otra gente en general. Esto también hizo que, subconscientemente, yo consiguiera varios contactos en este pequeño mundo interior tuyo. El motivo por el que no pudiste escucharme tocar durante el día es porque estaba ocupado reuniendo gente para este concierto y ensayando. Estuve practicando todo el día en la sala de Capitol Records que te habías olvidado que existía en tu memoria. Este concierto que estoy dando es tan solo el primero de una gira mental mundial que estoy planeando. Van a verme muchas personas, incluidas las versiones imaginarias de tus amigos y tu familia. Es más, pronto voy a ir de gira a la mente de otras personas. Aunque no te des cuenta, a veces tarareás dormido las canciones, y eso hace que cuando estás en compañía de tus amigos, ellos te escuchen y mis melodías queden grabadas en su memoria. No falta mucho para que yo me convierta en una celebridad subliminal. Andá a las bateas a escucharme tocar o andate, que tengo un público al que conformar.

Adrián se fue corriendo del lugar mientras gritaba su frustración. Pablo tomó el micrófono:

_ Perdonen la interrupción. Ahora sigue la canción llamada La cacería de las sombras, el amor y yo.

Padrón corrió por la ciudad inexistente hasta llegar lejos de la civilización, bien al extremo de sus pensamientos. Era un lugar lleno de neuronales praderas y montañas. Construyó una cabaña de madera fantasiosa y se encerró ahí.

Al día siguiente y desde ese momento, la vida de Padrón dio un giro de 360 grados. Exacto, 360 grados. Su vida sigue siendo tal cual fue siempre. Se levanta, desayuna, va a trabajar y ocasionalmente se junta con sus amigos y su novia. Sin embargo, dejó de escuchar música. Tanto real como imaginaria. Ahora, en sus momentos de distensión, cierra los ojos y se imagina en su cabaña. Vive feliz de la caza, la pesca y la agricultura psicológicas. No pretende nada más.

Motorik

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El soundtrack de toda una vida

Desde pequeño, con los anhelos y las ansias desbordándose en cada poro por las hormonas de crecimiento, al ver el triunfo del rockandroll en la tele y escucharlos día con día a través de las estaciones radiofónicas más populares de mi país, cuando los maestros en la escuela, algún familiar en las reuniones navideñas o cualquier vecino en el mercado del rumbo me preguntaba qué quería ser de grande contestaba siempre, al instante, sin titubeos ni dudas, que mi destino era ser estrella de rock.

Llegada la juventud, con amplia experiencia auditiva, reconociendo miles de canciones históricas al primer par de compases, habiendo aprendido teoría musical a profundidad y dominando los cinco instrumentos básicos de la música contemporánea, escogí las dos canciones que sonorizaban mi estilo de vida, mis pensamientos, mis ideales y mis planes futuros: La Guitarra de Los Auténticos Decadentes y Mente Rockera de El Tri.

La primera canta: “Tuve un problema de difícil solución en una época difícil de mi vida; estaba entre la espada y la pared, aguantando la opinión de mi familia. Yo no quería una vida normal, no me gustaban los horarios de oficina, mi espíritu rebelde se reía del dinero, del lujo y del confort. Y tuve una revelación, ¡ya sé qué quiero en esta vida!: será la música mi techo y mi comida porque yo no quiero trabajar, no quiero ir a estudiar, no me quiero casar. Quiero tocar la guitarra todo el día y que la gente se enamore de mi voz.”

La segunda canta: “Cuando era niño mi jefa me dijo «Quiero sentirme orgullosa de mi hijo, quiero que seas arquitecto o doctor, o quizás llegues a senador.» Cuando en la escuela comencé a chafear mi jefe me mandó llamar, quería pelarme como militar y ponerme a trabajar. Mi mente dijo que no. Mi cuerpo dijo que no. Mi sangre dijo que no. A mí me gusta el rock and roll.”

Yo sostenía sendos mensajes en mi corazón con toda mi fe y mi voluntad a pesar de que poco a poco mi entusiasmo dejaba de hacer gracia a las personas a mi alrededor. En algún momento, incluso, hubo quien me adjudicó El Hijo Desobediente de Tex Tex y No Voy A Trabajar de Bermudas porque con el mismo paquete del rock viene también una ideología contracorriente, contracultura, opositora, rebelde, subterránea y antisocial. Pero yo me aferraba a canciones como Todo Sea Por El Rock N Roll de El Tri, la cual responde: “Te gustaría verme nadando en un charco de sangre o colgado de una cuerda sin aliento y sin aire o cayendo lentamente al fondo de un abismo todo despanzurrado y haciendo bizcos, te gustaría verme tirado en la banqueta babeando sangre por la boca y con la bragueta abierta causando lástima a los peatones, te gustaría verme en la calle de la amargura o buscando algo que comer en el bote de la basura o pidiendo limosna en las esquinas o clavado en la cárcel lavando las letrinas, te gustaría verme tres metros bajo tierra. Y todo por el rock and roll…”

Pasé toda mi juventud tratando de probar que el mundo se equivocaba y que yo tenía razón. Sin embargo, al llegar a la edad adulta, la canción Yo Pensaba Que de El Haragán adquirió sentido y significado para mí con esas líneas terminantes: “Yo pensaba que todo era rodar y rodar, que no se me iba a acabar, que todo era jugar y jugar, que no había que trabajar para conseguir la felicidad, que todo era reír y gozar, que todo era felicidad. Y hoy me doy cuenta que tenía muy poca edad, y que las cosas que realmente valen cuestan más, y que el tiempo que uno pierde no regresa ya.”

Hoy, a punto de entrar en la descripción de la senectud, con el fracaso acumulado en cada paso y la desesperanza articulando en cada movimiento, estoy obligado a reconsiderar el soundtrack que ha perseguido mis talones desde la primera vez que siquiera soñé con convertirme en rockstar. Las canciones que dan realidad a mi defectuosa situación son las más desgraciadas: 1) Perro Negro Y Callejero de El Tri, la cual dicta “Tengo que rodar por la gran ciudad, la gente se espanta al verme pasar. Soy como un perro negro y callejero, sin hogar, sin hembra y sin dinero.”; 2) El Haragán de El Haragán, donde se establece que “Toda mi vida he sido un haragán, toda mi vida he sido un pelafustán, una persona sin sueños y sin lugar, un conformista sin anhelos de superar. Soy un mediocre y no lo puedo negar, un simple iluso sin una realización, un disparate sin metas y sin razón.”; y 3) Vagabundo de Brebaje Extraño, donde finalmente llega la aceptación del hado permeante: “No me preocupa el no tener dinero, lo necesario para subsistir. No me interesa que no sea guapo porque así feo, así soy feliz. No me apetece estar a la moda, escucho blues, contracorriente voy. Con mi melena y la guitarra en mano me siento libre sin ningún temor. No me interesa saber de política, del presidente o de religión, yo tengo claro bien mis ideales. No tengo casa, vivo donde sea, donde la noche me agarre está bien, y me alimento de lo que se pueda; así es mi vida qué le voy a hacer. Lo que tú ofrezcas es de corazón. Vagabundo soy y así soy feliz.”

Probablemente es mi vida la materialización de estas canciones, o quizá sólo es una fantasía cubriendo una pesadilla mundana y horriblemente humanista. Lo que es cierto es que dentro de las expectativas personales y la proyección de la propia existencia vivo bajo el yugo de la canción Todo Me Sale Mal de El Tri.

Kobda Rocha

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Tristeza artificial

Me sobró tiempo de vida. Hice todo lo que quería hacer, lo hice dos, tres y hasta cuatro veces

y, al final, me sobró tiempo. Amé la poesía del mundo, amé su naturaleza, amé su flora, su fauna y su humanidad. Amé a las personas, amé la ciencia, amé los libros, amé a dios, amé el arte, amé la cultura, amé la bondad y la esperanza, pero me sobró tiempo para conocer el odio, para odiar al humano con toda su banalidad. Odié la bélica historia de nuestra especie, odié la injusticia que caracteriza a todos nuestros pueblos, odié la maquiavelia del poder, odié la estupidez humana, odié al ser humano.

Hice todo lo que quise: jugué, sonreí, amé, canté y bailé. Pero me sobró tiempo para trabajar, para pagar impuestos, para endeudarme con el banco, para ir a la cárcel, para drogarme, para golpear a mi esposa, para necesitar al mundo, para necesitar dinero, para querer dinero, para encerrarme en la oficina ocho horas diarias, para envejecer, para aburrirme de vivir, para beber una cerveza viendo el partido de fútbol, para ver la novela de las seis, para ir a misa en días festivos, para declararme ciudadano ejemplar. Fui feliz, pero me sobró tiempo para cuestionarlo. Ahora ya no sé si eso en verdad fue felicidad aunque lo haya sido.

Me sobró tiempo para lamentarme por no haberme enamorado, por no casarme ni tener hijos; me sobró tiempo para desearlo. Me sobró tiempo para arrepentirme de no hablarle a la chica que me gustaba en la escuela, de robarme ese billete en casa de mi tía, de chocar contra un auto estacionado y darme a la fuga, de ser poeta, de no tener un trabajo estable y una familia feliz, de no haber aprendido a tocar la guitarra, de no haber estudiado una carrera universitaria, de no haber hecho nada con mi vida, de no ser feliz. Me sobró tiempo para saber que no tengo ningún talento. Me casé, y me sobró tiempo para divorciarme. Me enamoré, y me sobró tiempo para ser infiel. Tuve amigos, y me sobró tiempo para perderlos. Comí, y me sobró tiempo para defecar. Pude haber muerto a tiempo, pero me sobró tiempo para temer a la muerte.

Ya estaba satisfecho con mi vida, pero me sobró tiempo para buscarle peros, para quererme cambiar el nombre, para preferir haber escogido otra profesión, para desear no haber perdido el himen con un patán, para no querer embarazarme a los quince, para anhelar una suerte mejor. Viví y me sobró tiempo para no querer hacerlo. Lo tuve todo: dinero, familia, amigos, amor, un hogar. Lo tuve todo, y me sobró tiempo para perderlo. Estaba listo para partir, para dejar este mundo de una vez por todas, pero me sobró tiempo para escribir estas líneas.

Sigue mi consejo: ¡mátate! ahora que no tienes tiempo. Mátate, antes de que te empiecen a sobrar unos minutos.

Kobda Rocha

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The Bird and the Bee – The Bird and the Bee (2007)

Puntaje del Disco: 7

  1. Again & Again: 8
  2. Birds and the Bees: 7,5
  3. Fucking Boyfriend: 7
  4. I’m a Broken Heart: 7
  5. La La La: 6
  6. My Fair Lady: 7,5
  7. I Hate Camera: 7
  8. Because: 6,5
  9. Preparedness: 7
  10. Spark: 6,5

Si bien ya era un productor reconocido por sus trabajos en el mundo del pop, la primera vez que escuche nombrar a Greg Kurstin fue gracias a los Foo Fighters quienes lo seleccionaron para ser el productor de Concrete and Gold (2017), un disco importante en su repertorio donde conseguirían bajar algunos cambios en su sonido de rock pesado.

“Greg es un puto genio. Es un productor brillante y tiene la intuición sonora que no tiene nadie más. Le puedes decir “creo que necesitamos una parte de guitarra aquí”, y él te responderá, “¿sabes esa cara b del puto disco de Tubular Bells?, cuando en la segunda estrofa hay una cosa en el canal izquierdo que suena como pájaros en un árbol?” Y va el tío y lo hace”, además de describir con devoción su tarea como productor Dave Grohl se encargó de elogiarlo como músico y parte integrante del dúo de indie rock The Bird and the Bee.

Además del multi instrumentista Kurstin integra el dúo la cantante Inara George, quienes se conocieron en 2004 y cuando Greg se alistaba para producir el disco de Inara, se dieron cuenta de la química que tenían y decidieron fundar su propia banda de jazz. Al poco tiempo tras algunos EP’s lanzarían su auto titulado álbum debut en 2007 bajo el sello Blue Note Records.

The Bird and the Bee está compuesto por un puñado de piezas simples, elegantes y sofisticadas que mezcla estilos pasando por el rock psicodélico, la samba y el jazz con algunos temas que sobresalen como “Again & Again”, “Birds and the Bees” y “My Fair Lady”. Si bien no se trató de un bombazo en aquella época su música se popularizó por formar parte de la exitosa serie televisiva Grey’s Anatomy y además por pasar gran parte del mismo año como teloneros de la ascendente cantante británica Lily Allen.

F.V.

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No es el cuerpo

Cada cuando, sobre todo en aquellos momentos en que el mundo se vuelve demasiado pesado para soportar, la meditación es una fuga placentera, un medicamento efectivo contra las dificultades pesarosas de la vida cuotidiana. Uno de los mejores métodos es la ausencia citadina, hacer un viaje a las montañas, al bosque o al desierto; allá, a la mitad de la intempestiva naturaleza, el alma es. Sin embargo, algunas veces no es práctico hacer ese tipo de viajes… porque al otro día hay que trabajar, o porque los recursos para llevarlo a cabo son insuficientes, o porque no se poseen los suficientes ánimos o energías para levantarse del sillón rojo de nuestra sala. Por eso, afortunadamente, el plan B siempre es la música. Me dispuse pues a escribir algo inspirado en esa famosa música de relajación, pero nada salió salvo un recuerdo: una ocasión tenía una cita con una mujer espléndida, pero nunca llegó, lo cual no fulminó la sensación de compañía mutua; cada uno, en el lugar en que nos encontrábamos, era más el otro que sí mismo. Sé que no tiene mucho sentido lo que aquí expreso, pero fue lo único que surgió de una salida forzada de la meditación auditiva.

 

Ser contigo no es presencia,

no es unir mi cuerpo al tuyo.

Es, en cambio, más profundo:

compartir la misma esencia.

 

Es mezclar nuestra existencia,

es sentir un ‘algo’ mutuo;

para el orbe sea un insulto,

para dios una insolencia.

 

No es el cuerpo, es el alma…

Si hasta cuando nunca llegas

siempre estás aquí conmigo.

 

Guarda, entonces, mucha calma.

Si en tu soledad me piensas,

yo estaré siempre contigo.

 

Kobda Rocha

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Invincible

Puntaje de la Temporada:

  • Año: 2021
  • Género: Acción, Animada, Super Héroes
  • Creadores: Robert Kirkman, Ryan Ottley, Cory Walker
  • Reparto: Steven Yeun, J.K. Simmons, Sandra Oh, Gillian Jacobs, Walton Goggins, Chris Diamantopoulos

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La ascensión de Saturno

Las cenizas de un bosque yacen debajo de un árbol a mitad del camellón, como la parvada ingente apretujada en la mirada triste de un pichón enjaulado, igual que un mar embotellado o el paraíso metido en las plegarias de una plañidera. A la sombra de aquel árbol, un hombre piensa en un amor lejano, antiguo, extinto. Los autos pasan veloces junto a él, extrañados por su locura, demencia senil de un moribundo al filo de la indiferencia social. Anochece y el hombre suspira, sin levantarse jamás del camellón. Un perro ladra, se acerca, olfatea sus pies, se recuesta y muere a su lado. Amanece y el hombre desaparece. Nadie nota la diferencia. Las personas viven sin saber que el agua de su regadera alguna vez fue un río caudaloso, con peces, con vida, con gusanos, con piedras, con fuerza y sin nombre; sonríen a la ignorancia de no distinguir entre un prado y una pradera; son felices sin saber que ayer hubo un hombre esperando la muerte debajo de un árbol a mitad del camellón y que hoy está la muerte debajo de ese árbol en el camellón esperando a un hombre.

Llega el otoño, el árbol desnudo envejece de a poco. La ciudad decide construir un puente elevado por encima de esa avenida. El sol no vuelve a tocar sus ramas, la lluvia no lo alimenta más, el viento se torna artificial y agresivo. La ciudad decide talar el tronco seco e instalar una cámara de seguridad que se descompone en siete meses después de su activación. Los perros ya no buscan refugio en ese camellón, la muerte tampoco.

Hace décadas, debajo de un puente majestuoso, cuando todavía no existía un puente majestuoso, había un árbol triste; a la sombra de sus ramas un hombre recordaba un amor extinto y a su lado un perro se echó a dormir. Hace siglos, en ese camellón, cuando todavía no existía un camellón, había un bosque joven; a mitad de aquel verde paraíso un pequeño amor nació, un amor ignoto.

Hoy pasa un auto a gran velocidad por el puente elevado, al volante un joven inconsciente, instintivo; con él, en el asiento del copiloto, va una joven inconsciente, instintiva. Ambos están cegados por el velo de la ignorancia y la estupidez, ninguno conoce el valor de un bosque, de un árbol, de un perro, de un poste, de un camellón, de un puente, de un auto, de la muerte, de un hombre, ni siquiera de sí mismos. Viven felices sin saber quiénes son. Ella dice “Te amo”, él responde “Yo también te amo”. Hablan de un amor inexistente, un amor que no conocen, un amor imaginario. Sus palabras se refieren a cualquier otra cosa, pero no amor.

Quizás dentro de un par de años, un hombre se sentará en alguna banca de un parque lejano a aquel puente y pensará en una mujer, esperará impaciente el día en que tienen planeado volverse a ver, ir al cine, comer juntos, recordará las contadas citas que han tenido, soñará con ese beso tan anhelado, susurrará su nombre esperando que ella lo escuche al otro lado de la ciudad. Después de un par de horas, pensará en las relaciones primitivas que establecen las parejas comunes a su alrededor, despreciará a las parejas inconscientes e instintivas; comenzará a divagar en algo que pudo ser, creará un mundo en su cabeza, pensará en un bosque vuelto cenizas enterrado en las raíces de un árbol que ahora adorna algún camellón, tendrá la ocurrencia de irse a sentar debajo de un árbol de esos, pensará que es ridículo y demente así que sólo se imaginará a sí mismo haciéndolo, pensará que sería poético morir allí, pensando en ese amor que se encuentra al otro lado de la ciudad. Sabe que al imaginar un árbol y un camellón su amor crece, porque el amor no se alimenta de besos y caricias, el amor en realidad se alimenta de puentes, de perros, de bosques, de árboles, de cenizas, de muerte, de otoños y de imaginaciones patéticas.

Algún día la deforestación, la urbanidad y la destrucción del mundo habrán valido la pena, algún día servirán para algo. La muerte sabe que es su deber mostrarle al universo la perfección de la vida humana, y para eso es necesaria la extinción del planeta.

Kobda Rocha

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Nine Inch Nails – The Slip (2008)

Puntaje del Disco: 6,5

  1. 999,999:
  2. 1,000,000: 8
  3. Letting You: 7
  4. Discipline: 7,5
  5. Echoplex: 6,5
  6. Head Down: 7
  7. Lights in the Sky: 6
  8. Corona Radiata: 6
  9. The Four of Us Are Dying: 5,5
  10. Demon Seed7

Desde que Nine Inch Nails anunció en 2007 que finalizaba su contrato con la disquera Interscope Records, pareciera que Trent Reznor se tomó al pie de la letra su independencia para lanzar material cuando, donde y como quiera.

Así fue como en Marzo de 2008 sin anunciarlo saldría el doble instrumental Ghosts I-IV y a los pocos meses volverían a incorporar voces en uno de los lanzamientos más desconcertantes de su carrera The Slip, que estuvo disponible inicialmente en formato digital para el mes de Mayo y en formato físico en Julio, todo del mismo año.

Al respecto, Reznor parecía disfrutar su libertad creativa sin la influencia que otrora sufrió de las compañías discográficas, según el mismo comentaría: “Es una bendición, porque las disqueras realmente no tienen idea de lo que hacen. Ver que aquella infraestructura muere principalmente por su propia ignorancia y codicia es una gran cosa para ver desde la distancia”.

The Slip fue grabado en tan solo tres semanas de estudio, con la colaboración en la producción del gran colaborador de Trent, Atticus Ross, y de Alan Moulder en la mezcla. Con solo un puñado de sencillos efectivos e intensos como “1,000,000”, “Discipline” o “Letting You” el resultado no fue el esperado, lejos del majestuoso Year Zero (2007), su último gran lanzamiento, y puso en evidencia la necesidad que tenían de refrescar ideas y tomarse un prolongado descanso, como terminaría sucediendo.

F.V.

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El Reloj – El Reloj II (1976)

Puntaje del Disco: 8

  1. Al borde del abismo: 7,5
  2. Tema triste: 8,5
  3. La ciudad desconocida: 9
  4. Aquel triángulo: 8
  5. Harto y confundido: 7,5
  6. Tema de todas las épocas:
  7. Aquella dulce victoria: 8
  8. Egolatría: 8

El excelente álbum debut de El Reloj, tendría su secuela tan solo un año después, con El Reloj II. En esta segunda entrega, Omar Díaz participó como guitarrista por un breve período de tiempo, hasta que Carlos Mina se incorporaría para para que el grupo termine de editar el álbum.

El Reloj II perpetua el estilo que escuchamos en su debut, con esa saña de Hardrockera “Made in Purple”, pero esta vez con más elementos sinfónicos e incluso metaleros.

“Al borde del abismo” es un decente tema de Hard Rock, pero a comparación de lo que sigue no llama tanto la atención. Mientras que en “Tema triste”, podemos sentir que estamos escuchando una versión de Black Sabbath pero argentina, primero como una aplanadora cuasi metalera y después con Eduardo Frezza entonando como si fuese Ozzy Osbourne.

Luego tenemos al tema central del disco, “La ciudad desconocida”, un tema épico de más de 10 minutos, que no llega a aburrir en ningún momento, en el que no solo rockean sino que también muestran sus influencias clásicas y sinfónicas.

El resto del álbum es consistente y tiene sus buenos momentos en la locura de su improvisación instrumental. Sin embargo, también deja esa sensación de “más de lo mismo”, como si la formula se repitiera.

Aún así El Reloj II consolidó la popularidad del grupo que llegó a realizar 2 presentaciones en el Luna Park y a realizar una extensa gira en el interior. Pero lamentablemente en 1977 se terminarían separando por el desgaste, las tensiones y disputas internas en el grupo.

Persy

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Gregory Isaacs – Cool Ruler (1978)

Puntaje del Disco: 6,5

  1. Native Woman: 7
  2. John Public: 7,5
  3. Party in the Slum: 6,5
  4. Uncle Joe: 6
  5. World of the Farmer: 7
  6. One More Time: 6,5
  7. Let’s Dance: 6
  8. Don’t Pity Me: 7
  9. Created by the Father: 6
  10. Raving Tonight: 6,5

En la prehistoria del reggae, a fines de la década del setenta, la leyenda Gregory Isaacs daría a conocer Cool Ruler, su primer lanzamiento con Virgin Records grabado en los estudios Channel One en Kingston, Jamaica.

Para muchos es un disco obligatorio para los fanáticos de Isaacs, de hecho fue conocido con este apodo desde entonces, pero me inclino más hacia los lanzamientos posteriores del jamaiquino. Si bien algunos de los temas aquí incluidos son considerados por muchos como lo mejor de su repertorio (“John Public”, “Native Woman”, “Don’t Pity Me”, etc) no funcionan bien en conjunto y terminan siendo muy similares entre si y monótonos por momentos.

Con Cool Ruler su reggae elegante comenzaría a trascender las fronteras de la isla recién promediando la década del ochenta tendría su primer LP exitoso y un verdadero clásico del género como Night Nurse (1982).

En 2019 se reedito el álbum en una Deluxe Edition, con pistas clásicas incluidas que lamentablemente no formaron parte del lanzamiento original como «Mr Brown”, “Black Liberation Struggle”, “Universal Tribulation”, “Soon Forward”, entre otros.

F.V.

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Un taco de machito

Hace algunas semanas escribí una digresión dedicada a vislumbrar el sentido machista del rock y del metal, sobre todo en sus aspectos más subterráneos. En aquel texto me preguntaba si en verdad hay mujeres a quienes les gusta esta música; porque, de ser así, entonces significa que no entienden de lo que se trata (al menos con algunos trabajos de algunas bandas) o, en su defecto, si es que sí lo entienden, entonces son parte de ese machismo y contribuyen a su propagación (lo comparaba incluso con la escena del reguetón, donde parece que a las mujeres les gusta ser usadas, abusadas y denigradas… ¿en el metal será lo mismo?). En fin, desde entonces no he podido dejar de pensar en ello, y por más que le doy vueltas no llego a ninguna conclusión. Además, cuando le pregunto a las pocas mujeres rockero-metaleras que conozco, evitan responder o le dan muchas más vueltas al asunto y me confunden aún peor. No importa, pues, cuál sea la respuesta ni la razón de ello, por lo pronto, presentaré algunas otras portadas de discos que develan el ángulo misógino de la música que me encanta.

  • Puritanical Ephoric Musanthropia de Dimmu Borgir. Un torso femenino desmembrado atado con alambre de púas y cadenas a una roca de sacrificios satánicos.
  • Pulver de Lifelover. Una rubia ensangrentada, desnuda, recargada en una piedra a mitad del bosque. Todo el arte interior de este disco, por cierto, está lleno de fotografías de la misma sesión, la misma mujer en el mismo bosque, sólo que en otras posiciones mostrando de diferente manera el sexo de su cuerpo ensangrentado.
  • El Llamado De La Hembra de Transmetal. Aunque es un dibujo, el concepto es una mujer sentada, inmovilizada y vuelta sumisa, sin rostro por cierto, y un brazo masculino que se extiende desde su entrepierna hasta tocar sus senos.
  • Schizo Level de Thanatoschizo. Una mujer desnuda. Punto. Al parecer, con un ojo en la palma de la mano. Fuera de ese detalle, sólo es una mujer desnuda… nivel esquizofrénico, por cierto.
  • Utopia de Samsas Traum. Una mujer desnuda, observada por un ángel negro. Esta portada sí tiene un poco más de simbolismo, complementado con el mismo título del disco, “Utopía” es algo que se intenta reflejar en el arte; sin embargo, sigue siendo el desnudo femenino lo que impera.
  • For Maggots To Devour de Torture Killer. Un bocadillo para alimentar a los gusanos, de eso se trata el título del disco, un disco que presenta a una mujer flotando en sangre, siendo devorada por bebés. Un cuerpo femenino para que los gusanos lo devoren. He ahí el sentido total de este álbum.

Sé que parezco insistente, tal vez me revelo como un tonto que no entiende lo evidente, pero sigo preguntando lo mismo: ¿hay mujeres que disfrutan esta música, aun cuando conceptualmente las violenta directamente?

Kobda Rocha

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